Bicentenario

La crónicas de Cádiz (Cap. LXXI)

  • Resumen capítulo anterior: Acabando el año 1810, Diego está asentado en un Cádiz sitiado pero pletórico de ideas, productos, hombres y entusiasmo. Le sorprendió recién llegado del frente ocupado por los enemigos, como en plena guerra, el gusto y la exquisitez de las damas gaditanas por el arreglo y los afeites no habían desaparecido.

 Me perseguía todo el tiempo esa sensación de estar en casa. Era extraño porque apenas la había experimentado ni siquiera en Madrid. Era como recuperar aquellos años en que siendo niño corría haciendo travesuras por las calles de San Sebastián, días en los que al llegar la noche arreciaba el frio y la humedad de ese norte al que añoro, se colaba en nuestras alcobas.

Huele a Navidad, y esa misma sensación de estar en casa me ha mantenido alejado pors emanas de mi diario. Hay cierto aire de festejo en las calles a pesar de la guerra. Los más pequeños, sin clases deambulan por las plazuelas aunque el tiempo no acompañe y realizan cientos de juegos con el propósito de pasar el tiempo.

Las noticias sobre el nuevo cañón que prepara Soult para traer a Cádiz y las pruebas que hacen del mismo en Sevilla, recorren la ciudad. Se habla de los resultados de la fanfarronada de Soult, el mortero maldito que desde Sevilla va a embarcarse rumbo a Sanlúcar para tragarse Cádiz, desde el alcance en la primera prueba de 1819 toesas a las 1930 del sexto intento. Un bulto pesado de acarrear cuyos pésimos resultados ha hecho que se pare la fundición de los ya proyectados.

Sin embargo no es este el tema en el que el periódico y otras gacetas de fuera de Cádiz se empeñan en publicar a diario. Todo quieren contribuir aportando ideas que puedan acabar con los ejércitos franceses, exámenes de patriotismo, construcción de armas ingeniosas y difícilmente creíbles como la Trina Romana, catecismos para los ateos, misa, oraciones y procesiones para pedir la expulsión del tirano. Todas ellas llegan a las imprentas con la intención de que sean publicadas, con el propósito de que contagian de su mismo afán patriótico al resto de los ciudadanos, un aporte ingente de ingenuas ideas que en poco podían paliar el espectáculo de la guerra, pero que contribuye sin duda a la implicación continua de la ciudadanía en la misma.

Entre estos papeles que se reciben a diario, sentí curiosidad con las soluciones dadas para paliar las continuas devastaciones que los ejércitos enemigos infringen en las tierras españolas, abogando por enemigo no hallase víveres suficientes para mantenerse en los pueblos que conquistaban. Este hombre catalán de origen, propone utilizar a los prisioneros franceses para las manufacturas, obras, vestuarios, hilados, tejidos, lo que aliviaría a los pueblos españoles extenuados por los arbitrios y las contribuciones.

Sin lugar a dudas estas ideas podrían aliviar la dureza de la situación de muchos españoles, pero la situación en la zona libre, aunque no haya carestía y no falte el valor o el patriotismo, si carece de poder económico para la vida diaria y todos de una forma o de otra, intentan de forma individual y egoísta sacar partido en cuanto pueden para no mermar en su poder adquisitivo. Aprovechando estos días próximos a Navidad, las calles se llenan de puestos en donde la reventa de productos necesarios para la supervivencia. Muchos holgazanes se dedican a la especulación gravando al público sobre todo en géneros de provisiones. La Junta ha puesto reparo y freno a estos abusos, prohibiendo en la ciudad los puestos de fruta y pescado que se sitúan en las plazas, calles e incluso en las cercanía del muelle. Solo los lugares destinados a la venta de estos productos y que solo las mujeres honradas, los ancianos y los hombres inútiles para el servicio se encarguen de la venta de estos productos con la documentación pertinente que el procurador mayor les facilitará. La pena es de cárcel para quienes incumplan este edicto que solo afectara por desgracia a los más necesitados porque los productos que llegan y que desbordan las tablas de los mercados, pronto son adquiridos por los grandes hombres de negocios a los que el dinero les sobra.

Despido este año, desde mi diario con la ilusión de que el año próximo sea el de la retirada de estas tropas francesas. Con la ilusión puesta en que los aliados ingleses que se aprovechan de la necesidad que tenemos de sus fuerzas navales, vuelvan a su tierra dejando esta libre de desleales competidores que se infiltran en las vidas de los comerciantes de esta ciudad que ya nunca volverá a recuperar su emporio.

El año se despide con edictos que intentan poner orden en una ciudad superpoblada. Los comisarios de barrio tienen la obligación detener controlado mediante padrones los miembros de las familias, sus domicilios, los huéspedes temporales, comensales,criados en un intento de controlarlo todo. Pero hoy todo ya es incontrolable como lo es la guerra en sí. En todos los lugares ocupados por los franceses, se asesinan a los patriotas españoles sin dilación, se les arcabucean colgados de los arboles y se les mutila para pasto de cuervos y o trasaves. Las mercaderías inglesas, único sustento de muchos de estos compatriotas invadidos por los asaltantes franceses, son quemadas sin escrúpulos y las que se salvan de la quema, robadas por los más listos y ruines que las revenden a precios desorbitados en zonas donde la carestía lo puede todo. Un aire putrefacto que ni el fuego erradica y que recorre Europa entera y la lleva a la ruina. Pero aquí, frente a la Alameda se halla Soult, en el Puerto de Santa María pidiendo y exigiendo veinticuatro mil duros, mientras que llena a espuertas carros y carros que manda hacía Madrid llenos de todo lo mejor de nuestra tierra.

Es hora de una Constitución, hora de redactarla y asumir el poder soberano del pueblo. Que aunque ahuyente las ganas y el espíritu de insurrección, licite a su defensa y logre evitar el resultado de las revoluciones, la cruel guerra civil. Que impida la voluntad arbitraria de los monarcas,sosteniendo la fuerza de las leyes que no puedan ser ni alteradas ni modificadas sin la autorización del legislativo. Que mantenga la sagrada libertad del ciudadano argumentando las reglas justas y precisas desde el ejecutivo. Que acaba con la omnipotencia de los ministros y privados. Que deje libre el poder del juez y sus planteamientos ante los delitos. Que impida que las gracias, fuera de los meritos y las adulaciones coloquen en el poder a los que no lo merecen. Defienda la independencia de la nación, elimine las intrigas, haga de España un país estable donde puedan mantenerse unidos los veintiocho millones de personas que integran la metrópoli y las colonias.

Ahora, apena a unos días de acabar el año, Juan Villavicencio comandante general de la escuadra, está preocupado por la falta de manos para contribuir a mantener la fuerza sutil de marina de la mejor forma posible. LA falta de gente y de otros auxilios no debe debilitar su poder contra el que deben estrellarse los fuegos enemigos. Es un momento muy difícil ya que los enemigos están aglutinando lanchas cañoneras en el Trocadero con el propósito de desembarcar sus tropas en nuestras playas. Se necesitan urgentemente gente de remplazo en caso de una acción sangrienta, además de embarcaciones menores para reponer las que se destruyan. Hasta el momento, se ha intentado no molestar a las embarcaciones que se dedicaban al comercio pero ya es hora de que hagan fuerza en los puntos más peligrosos para el desembarco. Es por ello por lo que a partir de ahora, todos los capitanes de los buques mercantes deberán dormir en sus barcos, lo mismo que toda la gente de mar que deberá hacer noche en sus embarcaciones. Si algún marinero se le encuentra en tierra en la noche será destinado inmediatamente a los bajeles del Rey. Las lanchas de los buques preparadas a costado con al menos doce marineros que pudieran tripularlas. Cada una de estas lanchas deberán estar pertrechadas con armamento y obuses y sino las tuviera las pediría en la puerta de Sevilla a Don Pedro Ferriz. Todas con las señales prestas en el caso de ser llamadas para el combate. Todos preparados con bizarría y valentía para proteger la bahía.

Diegode Uztariz.

Continuará

03153017

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