encuentro de tribunales constitucionales iberoamericanos Los gaditanos muestran su afecto al príncipe

"Ánimo, que no veas la herencia que te dejan"

  • Entre las muestras de cariño de la ciudadanía hacia Don Felipe hubo frases alusivas a la delicada situación de la Casa Real

Llegó Don Felipe a las doce en punto, saludó a las autoridades y corrió a dar la mano al público apostado ante el Centro de Interpretación del Doce. Cariñoso y afable. Pasó a la puerta del Oratorio donde le recibió un miembro de la Iglesia y a punto de entrar para asistir al acto, rectificó ante la llamada del resto del pueblo, situado tras una valla unos metros más adelante del Museo de las Cortes. No eran muchas las personas que esperaban al Príncipe, fruto del celo de la Policía Nacional, que no dejaba pasar a nadie por casi ningún acceso a la calle Santa Inés. Los pocos que acudieron coincidieron en el buen carácter del heredero a la corona. Y hubo referencias, inevitables, a la delicada situación por la que pasa la familia real. Una de ellas , sin desperdicio, se la soltó una señora a medio metro: "Ánimo, que no veas la herencia que te dejan".

Vecinas de San Fernando estaban allí por casualidad. Se habían desplazado a Cádiz para visitar el Oratorio recién restaurado y se encontraron con la visita del Príncipe. "Vendremos otro día, pero ya que estamos veremos a Felipe", señaló una de ellas. Su compañera aseguró que iba a preguntar a Su Alteza "por las cuentas de la Casa Real". La cosa iba de casualidades. Justo al lado, en el Museo, se estaba desarrollando una prueba de la fase regional de las Olimpiadas Matemáticas 'Thales'. Enterados los participantes y los profesores encargados, salieron con la intención de regalar una camiseta a Don Felipe. Los miembros de la seguridad de la Casa Real accedieron a la petición y embargaron la prenda para hacerle un riguroso examen, que por cierto pasó con éxito. Los discípulos del matemático griego pudieron entregar la camiseta al Príncipe, acompañada de los problemas de la prueba que están desarrollando en Cádiz.

Pepi Martín hacía un paréntesis en sus clases de baile para ver de cerca al heredero de Don Juan Carlos. "Todos le tenemos un cariño especial", comentaba. A su lado, María Victoria Gutiérrez aseguraba estar "encantada de que venga a Cádiz", añadiendo que la Casa Real "está pasando por malos momentos, pero el príncipe es formal y lo hace muy bien. Es el más discreto y nunca ha dado la nota". "Le ha tocado una época muy mala, pero es recto y formal", apuntaba José María Ríos. Una joven, ante tanto despliegue, expresaba su parecer: "¡Qué de protocolo". A su lado, otra joven le replicó: "Di mejor qué de sueldos".

Cuando se acercaba a las personas que le esperaban se escucharon frases tremendamente maternales como "Está más delgao" u otra más castiza como "Estás sequito, hijo". Era verdad. Don Felipe luce ahora una figura muy estilizada. "Será de los disgustos", afirmaba una entrañable anciana. Ante piropos como "¡guapo!" o "¡qué ojos más bonitos, hijo!", el marido de Doña Letizia respondía con escuetos "muchas gracias, muy amables".

Allí dejó embelesada a más de una y se adentró en el Oratorio. Dispersada la escasa concurrencia hubo tiempo para una anécdota. Muy cerca del lugar de los hechos, casi en la esquina con Sagasta, lucía en un balcón de la sede de Izquierda Unida una bandera tricolor y sonaba una canción republicana. Una señora indignada en el 17-M pedía a un policía nacional que retiraran la enseña roja, gualda y morada. "Es una falta de respeto. Este país es monárquico", espetaba a un agente que, impertérrito, hacía caso omiso. Un miembro de la seguridad de la Casa Real se acercó al percatarse de la protesta. "Oiga, esto es una vergüenza. ¿Cómo se permite que esta gentuza ponga esa bandera?", le dijo la señora. Su reivindicación no obtuvo éxito, aunque en cierto modo encontró respuesta: "Libertad, libertad, libertad" se escuchaba en un balcón de Santa Inés.

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