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La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La vergüenza de los trenes gratis

Provoca sonrojo que los pacientes dejen plantado al médico y que el tren figure completo, pero al final lleve muchísimos asientos vacíos

Tren de media distancia

Tren de media distancia / M. G.

El Gobierno ha decidido mantener en los presupuestos para 2023 las partidas necesarias para que los trenes de cercanías y media distancia sigan siendo gratis para todos. El número de usuarios se ha disparado. Ahora viaja más gente en estos trenes que nunca. Y algunos están descubriendo que los hay que no son precisamente de película, sino convoyes que te dejan tirado a la mitad del camino y tienes que completar el recorrido en un autobús. Pero esto no es lo peor ni mucho menos. Es una vergüenza la gran cantidad de personas que reservan plaza en los trenes gratis y no hacen uso de la plaza. No existe conciencia de respeto por lo público. No se valora aquello que es gratis. No se aprecia ni se respeta cuanto se nos da y tenemos asumido que se nos debe facilitar, gratis por supuesto. Ocurre con los trenes gratis como con la sanidad. Pedimos cita, nos la dan y no nos presentamos porque no nos da la gana, porque tenemos otra cosa mejor que hacer y no se nos ha ocurrido anular la cita para que otra persona se beneficie de esos minutos que un médico de la Seguridad Social tiene disponibles para nosotros. Aparece la enfermera en la sala de espera, llama a los pacientes por nombres y apellidos y te provoca vergüenza ajena comprobar la cantidad de ausentes, gente que no se ha molestado en avisar de que finalmente no acudirían.

¿Para qué avisar si es gratis? Ocurre con los trenes. Tratas de pillar un media distancia hacia Huelva, te dicen que está completo y después te mandan una foto de alguien que ha logrado su asiento y está en un convoy semivacío. ¿No hay forma de penalizar a los abusones por el enorme perjuicio que hacen a otros usuarios y por la falta de respeto que demuestran hacia el sistema público? Uno, por cierto, no entiende la razón por la que el bono de transporte es gratuito para todo el mundo sin distinción. ¿Por qué hay que pagarle el viaje a un señor que disfruta de una renta alta? Es como los alcaldes que se pirran por dar los bonobuses gratuitos a todos los integrantes de la Tercera Edad, cuando por fortuna hay pensiones por encima de los dos mil euros.

Tanto hablar de forma simplista de ricos y pobres, enfrentando aviesa e irresponsablemente a unos con otros, pero a todo el que está subido en la carroza del poder le encanta tirar caramelos a todos los públicos. Bien podría fijarse la gratuidad de los bonos para los que reciben rentas bajas. Y, por supuesto, castigar a los que dejan plantado al médico o el asiento libre del tren. Hay demasiados casos de poca vergüenza en un público tan exigente, caprichoso y malcriado en una cultura dadivosa en el reconocimiento de derechos y con escasas obligaciones.

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