Andalucía

Un sidecar de ida y vuelta

  • Susana Díaz lanza su particular 'Black Friday'. La presidenta intenta un debate con los líderes de la oposición de mejor tono institucional. De música bien, pero la letra le sale descarada

Teresa Rodríguez, durante su cara a cara de ayer con la presidenta de la Junta.

Teresa Rodríguez, durante su cara a cara de ayer con la presidenta de la Junta. / julio muñoz / Efe

Hubo como una oferta institucional de Susana Díaz en el debate de ayer en el Parlamento andaluz: mujer de Estado. Era preámbulo de su reunión con Miquel Iceta y vísperas de un Black Friday lleno de rebajas. Díaz e Iceta debían rebajar el tono de sus tensas relaciones y la presidenta de Andalucía quería elevar el acento de su discurso.

La sesión de mediodía en la capilla de las Cinco Llagas fue hipotensa, aunque no exenta de descalificaciones y desaires variados. La jefa del Gobierno y del PSOE le quiso dar un aire más trascendente a su intercambio quincenal con los líderes de la oposición. Así preparaba el ademán para su encuentro con el líder de los socialistas catalanes. ¿Objetivo? Que la acepten él y su PSC como mujer de Estado y, de camino, el resto de la opinión pública. En pleno Black Friday, una oferta de marca política, en competencia con la venta de productos electrónicos o textiles.

Total, que ayer fue convincente el cambio de tono de Susana Díaz. Estilo pausado, invocaciones a los intereses generales y alarde de buena gestión. Pero sólo en la música. Porque en la letra siguió por sus fueros arrabaleros: así como quien no quiere la cosa, llamó tahúr a Maíllo, teatrera o follonera a Teresa Rodríguez y vago e ignorante a Moreno Bonilla. Con Marín no tiene nunca una mala palabra, es el niño de sus ojos y de su mayoría. Y tampoco el hombre le da motivos, con su bonhomía hasta para discrepar.

Esta vez la mayor tensión estuvo por el flanco derecho. Eso sí, cuando la presidenta se apea del pedestal institucional sacude con los mismos argumentos a diestra y siniestra. Tanto a Maíllo como a Bonilla les espetó que la oposición está en servicios mínimos. Estos escarnios no son improvisados; su equipo de analistas le proporciona por anticipado una jugosa batería a su jefa para que imponga orden y respeto entre los adversarios. Usar la misma muletilla contra el comunista y el popular le resta eficacia. Con uno de los dos se le escapó.

Bonilla sigue empeñado a golpear en las deficiencias de los servicios públicos. Un filón sin explotar, que un joven médico de Granada casi en solitario ha demostrado que arrastra multitudes. Quiso el jefe popular bajar a Díaz a la realidad y para eso proporcionó una letanía de cifras de recortes en personal y presupuestos, en sanidad y educación. Su énfasis fue de tal calibre, que ni por asomo parecía que fuese un Gobierno nacional del PP el que ha impuesto la ola de austeridad presupuestaria a todas las comunidades autónomas. Moreno Bonilla no conoce de nada a Montoro, al parecer.

Ajeno a esta contradicción, calificó de rancios y demagogos los argumentos de Díaz, antes de escucharlos. El suyo es otro caso de diputado que se trae las diatribas escritas de casa y las usa a destiempo. Y ya que estaba entonado, se adornó con una descalificación facilona para terminar su primer turno: que Díaz debe ocuparse menos de los problemas del PSOE y dedicar seriedad, rigor y trabajo a Andalucía.

Moreno tiene el don de la inoportunidad. O sea, la habilidad de dejarle la bola lista para embocar a su adversaria al finalizar su turno de palabra. Así que Susana le agradeció la carambola fácil, haciéndose eco de una pretendida fama de poco trabajador de su interlocutor. Lo llamó vago, sin decirlo. El aludido se picó, y la acusó de populista, manifestó que no va a dejar de trabajar para desnudar la gran farsa de la gestión de los servicios públicos andaluces y se preparó para un final solemne. Le dijo que el sol no gira alrededor de ella y que "cuando él sea presidente" reconstruirá todo lo que Díaz está demoliendo.

A la presidenta no le gustó nada lo de populista y no estuvo fina en la réplica. Vino a afirmar que no es populista porque gana elecciones. Quizá consciente de tan endeble argumento, añadió que ayer mismo en Jerez el PP había votado con Podemos contra los presupuestos municipales. Y eso les contaminaba, según parece... En su último turno, Díaz siempre aprovecha para usar el puñalito. Y ayer se olvidó por un instante del concepto mujer de Estado y le sacudió de lo lindo a Moreno: que parecía un visitador médico y que le faltaba coraje para defender a Andalucía. Y le puso un reto; que impidiese que Navantia se llevase carga de trabajo de los astilleros de Cádiz a otros puntos de España.

Por su parte, el jefe de Izquierda Unida se interesó por las ayudas fallidas de la Junta a empresas de lo más variado; hostelería, sanidad, industrias y un largo etcétera. Subvenciones millonarias, según Maíllo despilfarradas, que en su opinión se traducen en especulación empresarial o precariedad laboral, cuando no en cierres ruinosos. Maíllo es un buen orador, que suele hablar sin mirar al papel, pero la larga lista de malogrados incentivos públicos no le salió del tirón y hubo de servirse de su guión.

Pasar de la fácil cultura de la subvención a un productivo sistema de incentivos no es fácil y Díaz se escudó en la crisis virulenta y la "injusta reforma laboral" para justificar los fallos del sistema. Pero presumió de las cifras de creación de empleo en Andalucía y se enredó con su adversario en un pulso estadístico en el que llamó tahúr al profesor Maíllo.

El líder de IU no quiso dejar pasar la ocasión para devolverle un golpe que le debía de la sesión anterior. Le espetó que es amiga de Rajoy, cuyo Gobierno ha apuntalado, para añadir que se pasea por Madrid en un sidecar. (Ese sidecar, en el que Díaz iría con una moto pilotada por Rajoy, es copia. El original es una maldad de la presidenta: IU iba cómodamente alojada en un sidecar conducido por Podemos). Díaz le dio la vuelta al recadito, acusando a Maíllo de vender a su organización para asaltar los cielos morados.

Marín el bueno casi dejó de serlo cuando empezó a meterse con Cifuentes por menospreciar a Andalucía. El jefe de Ciudadanos criticó el dumping fiscal de regiones como Madrid y pidió que Andalucía no peque de lo contrario y deje de tener una fiscalidad superior al resto de España.

Teresa Rodríguez vino al debate, con un tema de tronío: el almacén de gas en Doñana. La emprendió contra Gas Natural, Fainé, el Íbex 35 y Felipe González. En lo único que coincidió con la presidenta es en llamar joya a Doñana. Díaz le contestó que su Gobierno está completamente en contra de ese proyecto. Y que por esa oposición, Gas Natural ha llevado a la Junta a los tribunales. Y añadió que había hecho una pregunta follón, teatrera, para hacer ruido, de eficacia cero.

Cero, es la empatía entre estas dos políticas, aunque ayer no hubo alta tensión. Susana Díaz estaba en su particular Black Friday.

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