el resto del tintero

Un punto para la inestabilidad

  • Una de las virtudes del Gobierno de Griñán es la estabilidad, y más en tiempos de crisis: la decisión de Valderas, aún no tomada del todo, puede derivar en una bicefalia insostenible.

El Ave se ha convertido en un cenáculo, un lugar de pensamientos de ida y vuelta, donde se aprende de los interiores de la política andaluza y de la nacional. Acaba de reventar el caso Bárcenas, y el acompañante -una persona muy bien informada de los vericuetos andaluces- valora: "Unos, están peor; y los otros, cogiendo moscas". Coincidimos en que el Gobierno de José Antonio Griñán ha entrado en una senda parsimoniosa afectado por la pactitis, y ya no hay observador que distinga entre estas fiebres del consenso. Que si el gran Pacto por Andalucía, que si uno -o el mismo- que rodee al acuerdo de concertación con la patronal y los empresarios; que si otro contra el desempleo; que si uno específico, incluido a su vez dentro del mayor, sobre la cultura. Ah, y también el del turismo. En el Consejo de Gobierno del martes pasado, el vicepresidente Diego Valderas, el líder de IU, solicitó una reunión especial para abordar el desempleo, pero de la que saliesen medidas concretas.

Y es cierto, Griñán tiene un Gobierno de resistencia, ha marcado bien las diferencias respecto a las políticas poco sociales de Mariano Rajoy y sus acompañantes autonómicos, con Madrid como campo de experimentación, pero con ello no basta: el Ejecutivo adolece de cierta inactividad. Sin embargo, una de sus virtudes, y más en estos tiempos de crisis, es algo que tanto Griñán como su consejera de Presidencia, Susana Díaz, supieron armar bien: la estabilidad. Sin ella, sin esa seguridad parlamentaria, ya habría caído, por ejemplo, el Ejecutivo de Rajoy. Y, por ello, la decisión de Valderas de no seguir al frente de IU en Andalucía abre una ventana para la incertidumbre. Incertidumbre que se cierne sobre la misma posición, porque hay quien mantiene que "Diego es así": que no se atreve a verbalizar sus deseos. Cuando se presentó a las elecciones autonómicas quiso ir por la provincia de Sevilla, pero por no molestar se quedó en la de Huelva. Quizás sea porque conoce muy bien a su organización.

Veamos: cuanto más a la izquierda nos vayamos, los partidos suelen ser más abiertos, más democráticos y ello, siendo bueno, acarrea sus problemas; el principal, el de la inestabilidad.

En esto, IU, es la campeona: en Extremadura mantiene una suerte de pacto con el PP; en Andalucía, Sánchez Gordillo, el de Marinaleda, va por libre, y varios parlamentarios o han votado en contra o se han ausentado en asuntos claves para el Gobierno andaluz como el plan de reequilibrio financiero. Valderas, que fue presidente del Parlamento, y algo de la responsabilidad institucional se le ha pegado, aporta estabilidad a su formación y al propio Gobierno de Griñán. Algún que otro parlamentario socarrón le llama Papá Valderas: el que termina poniendo orden en una casa de jóvenes revoltosos. Uno de los suyos, vamos.

Hace un mes, durante estas Navidades, Valderas explicó a este medio que estaba por no seguir al frente de IU en Andalucía. Había conseguido todo en la formación, fue alcalde, presidente del Parlamento y, ahora, vicepresidente, y creía que era el momento de dar paso a otra generación. Además, su mandato cumple en junio, y sería necesario que la asamblea cambiase los estatutos para que siguiera. Eso es cierto. Además, en IU se ha producido una extraña coalición entre el CUT de Sánchez Gordillo y los más socialdemócratas de Llamazares. Raro, pero la reflexión que hacen las voces críticas de IU es que tienen una desproporción absoluta entre muy pocos militantes y un gran número de votantes. Quieren ampliar la base y que alguien se dedique al completo al partido. O a la federación, porque militar en IU debe ser un lío: ¿por cuál puerta se entra?

El problema para el Gobierno andaluz es ése. Si Valderas es vicepresidente del Gobierno y en IU manda otro coordinador, habrá un problema de bicefalia, y estas discrepancias dan grandes dolores de cabeza. La situación andaluza, con un nivel de desempleo casi insoportable, es extremadamente angustiosa. Si ya hay parlamentarios que de IU que votan o se declaran en contra de las acciones de su Gobierno, ¿qué ocurrirá si Papá Valderas ya no puede ejercer su control?

La reflexión sólo incumbe a IU, pero el Ejecutivo de Griñán, que aún deberá afrontar graves momentos debido a la crisis, entrará en una senda de incertidumbre si en el Parlamento se queda con unos socios titubeantes y un Partido Popular, que a pesar de ser la oposición, es el mayoritario.

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