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Los políticos son las nuevas celebridades de nuestro tiempo

  • El fenómeno se denomina infoentretenimiento político o ‘politainment’, un concepto que une dos aspectos que en principio podrían parecer antagónicos: la información y el entretenimiento

Los políticos son las nuevas celebridades de nuestro tiempo Los políticos son las nuevas celebridades de nuestro tiempo

Los políticos son las nuevas celebridades de nuestro tiempo

Tras el permiso de paternidad, Pablo Iglesias reapareció en la plaza Reina Sofía y, tras criticar a los medios de comunicación, se fue a la Sexta y a Antena 3 para participar en programas que mezclan política y entretenimiento. Volvió al Hormiguero, pero esta vez no agarró la guitarra y se puso a cantar como en 2015, sino que Pablo Motos lo puso contra las cuerdas con la casta, el chalet de Galapagar y el momento vuelve el hombre con el que se anunció su regreso.

La presencia de políticos en programas como El Hormiguero no es una novedad. Sirve para el lanzamiento de nuevos candidatos o para hacer más humanos y cercanos líderes ya consagrados, intentando caer en gracia y entretener a su electorado con estrategias de marketing y shows de televisión. Esta teatralidad que ha propiciado un profundo cambio en la comunicación política española tiene sus detractores, pero también hay quienes defienden este modelo como una manera de acercar la política a personas poco interesadas en los asuntos públicos.

En Estados Unidos, la participación de políticos en programas de entretenimiento es habitual, pero en España hasta hace poco nos chocaba ver a Pedro Sánchez haciendo escalada en Cuatro con Jesús Calleja o a Mariano Rajoy jugando al futbolín con Bertín Osborne en TVE.

Los formatos de entretenimiento vinculados a la política no es un fenómeno nuevo en nuestro país. CQC, El Informal o el pionero Las Noticias del Guiñol fueron programas de éxito que abrieron la puerta a esta nueva forma de comunicación. El fenómeno eclosiona a raíz de la concatenación de dos elecciones generales en seis meses (diciembre de 2015 y junio de 2016).

Por entonces, los candidatos apenas pisaron los platós para los géneros clásicos en las campañas electorales, entrevistas y debates. Por el contrario, nos revelaron detalles de su vida privada y participaron en espacios de aventura y humor. Se dejaron ver por El Hormiguero, Qué tiempo tan feliz, El programa de Ana Rosa, Viajando con Chester, Salvados, El Intermedio, El Objetivo, Al rojo vivo o Un tiempo nuevo.

Pedro Sánchez reveló a Bertín Osborne sus amoríos de juventud, Mariano Rajoy se fue de cañas con Ana Rosa Quintana, Soraya Sáenz de Santamaría se marcó un baile a lo Iceta en El Hormiguero y Cristina Cifuentes se hizo una coleta en directo. Nada que ver con las campañas electorales de toda la vida.

El poder de la imagen y la importancia de la personalización han modificado la comunicación política y ha supuesto un cambio radical en los partidos, que han sacrificado el valor de las ideologías para favorecer el reconocimiento público de sus líderes.

El fenómeno se denomina infoentretenimiento político o politainment, un concepto que une dos aspectos que en principio podrían parecer antagónicos: la información y el entretenimiento. Se trata de una tendencia periodística que presenta la información política como mero entretenimiento. La profesionalización de las campañas electorales da prioridad a este tipo de estrategias basadas en mostrar las cualidades personales del candidato, lograr la empatía personal y la cercanía a través de las emociones. Se trata de llegar a públicos no interesados en cuestiones políticas, y para este fin encuentran en la televisión un potente aliado.

Etiquetas y descripciones no faltan para esta nueva manera de hacer política que resulta de gran utilidad para la imagen del candidato. Se habla de espectacularización y farandulización de la política, celebrificación del candidato, e incluso hay quienes han comparado la diversión que ofrecen los medios de comunicación al circo romano. Teatrocracia, democracia de la audiencia o teledemocracia son otros términos utilizados por los investigadores de este fenómeno para referirse a esa constante necesidad de la política de hacerse presente en el escenario televisivo.

Información blanda

La denominada “información blanda” no se ha inventado para la política, pero es de gran utilidad en este ámbito porque permite a los partidos y a los candidatos ofrecer una información descafeinada de ideología y centrada en las emociones o sentimientos que genera el político como persona.

Nos guste o no, este aspecto frívolo y superficial permite a las cadenas de televisión aumentar su audiencia y sus beneficios económicos. Las tertulias políticas, donde los gritos, el insulto y la demagogia se imponen sobre la corrección y la racionalidad, se han convertido en un formato muy recurrente por parte de las televisiones por su bajo coste, fundamentalmente.

No es la televisión el único medio donde se produce este fenómeno. Periódicos de prestigio contienen en sus páginas cantidad de noticias frívolas y superficiales sobre la política y los políticos. Igual ocurre en la radio y también en internet, donde son los propios políticos los interesados en subir este tipo de contenidos.

La viralidad es un fenómeno asociado al politainment. El famoso “relaxing cup of café con leche en Plaza Mayor” se convirtió al momento en tendencia en Twitter, aparecieron grupos de Facebook sobre el tema, los usuarios crearon la cuenta @Relaxingcup3 que reunió en dos días más de 12.000 seguidores, y el video de Ana Botella alcanzó en sólo unas horas 2.400.000 reproducciones.

Como todo, la representación espectacular de la política tiene sus detractores y sus defensores. Algunos investigadores interpretan que supone una degradación de la información política y del debate democrático, impidiendo la toma de decisiones racionales por parte de los electores.

Otros autores, sin embargo, consideran que las noticias ofrecidas desde técnicas de infoentretenimiento captan mejor la atención de la audiencia y es la única vía posible para acercar un mensaje a quienes no se interesan por cuestiones políticas.

Sobre las consecuencias de la transmisión de información política a través del entretenimiento, la profesora Salomé Berrocal afirma que “el futuro marcará su trascendencia en el sistema de partidos así como su repercusión en los ciudadanos”. También en esto tendremos que esperar.

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