Las Claves

Una negociación de película

  • Las 19 exigencias de Vox estuvieron a punto de hacer descarrilar un pacto de gobierno en Andalucía que deseaban PP, Ciudadanos, Pedro Sánchez y sus propios autores

Juanma Moreno y Francisco Serrano se dan la mano. Juanma Moreno y Francisco Serrano se dan la mano.

Juanma Moreno y Francisco Serrano se dan la mano. / José Manuel Vidal (Efe) (Sevilla)

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EL martes pasado una gran inquietud asoló los despachos de la calle Génova, sede del PP; Juanma Moreno pensó en Sevilla que se venían abajo sus posibilidades de convertirse en presidente de Andalucía y, en Moncloa, Pedro Sánchez temió que por una carambola imprevista, 19 exigencias inadmisibles de Vox, Susana Díaz continuara al frente del gobierno en el palacio de San Telmo. La presidenta en funciones andaluza es la única dirigente socialista que le puede hacer sombra en el futuro, y la que quiere mandar a casa desde que le ganó las primarias. Promotora de que el PSOE se abstuviera en la investidura de Rajoy para evitar más inestabilidad en una España sobrada de inestabilidad, se ha convertido en la “bestia negra" del presidente del Gobierno, nada le gustaría más a Sánchez verla fuera de la presidencia andaluza... Y no parará hasta hacerle perder el liderazgo del PSOE andaluz.

La preocupación que se vivía en estos tres escenarios duró sólo unas horas: el tiempo que tardaron los negociadores del PP en ponerse a trabajar con los negociadores de Vox para convencerles de que había que llegar a un acuerdo porque en caso contrario el recorrido de su partido sería corto: sus votantes no le perdonarían que no apoyara un gobierno PP-Ciudadanos y permitiera así la posibilidad de un gobierno de izquierdas entre PSOE y Podemos, representado por Adelante Andalucía.

El ciudadano fiable para el PP

A las pocas horas de conocerse el resultado de las elecciones del 2 de octubre se iniciaron las conversaciones entre PP y Cs. Concretamente entre Teodoro García Egea, secretario general del PP, y José Manuel Villegas, secretario general de Ciudadanos, que mantienen una buena relación personal, y que además se fían uno del otro, lo que no ocurre con todos los dirigentes del PP respecto a Cs ni con todos los dirigentes de Cs respecto al PP.

Aunque por parte del PP los protagonistas son distintos a los de hace tres años, todo lo sucedido a principios de 2016, cuando primero Rajoy y después Sánchez intentaron formar gobierno con Cs, y miembros del PP mantuvieron contactos con miembros de Cs, la relación entre los dos partidos ha sido tensa, distante, en la que el PP de Rajoy confesaba abiertamente que se había sentido engañado. Esa situación ha coleado durante toda la etapa del gobierno de Rajoy, pero en el PP actual se considera a Villegas como un dirigente de palabra, un político en el que se puede confiar.

Han sido Teodoro García, Javier Maroto, y Marta Fernández, miembros de la dirección nacional del PP, los que han llevado el peso de la negociación, preservando a Juanma Moreno, que sólo ha aparecido cuando el pacto estaba cerrado. Por parte de Cs, ha sido Villegas la persona clave, aunque ha acudido a varias reuniones acompañado de Juan Marín.

El PP no ha negociado con Vox hasta el último momento, cuando PP y Cs ya habían pactado que sería Moreno el presidente de un gobierno de coalición. El PP pretendió también la presidencia del Parlamento, aunque con la convicción de que Cs no lo permitiría y exigiría que fuera para ellos. La impresión es que la pretensión del PP tiene mucho que ver con estrategia política: si cedía, Cs se sentiría satisfecho por lo conseguido… y además aceptaría que la vicepresidencia primera del parlamento fuera para el PP.

Precisamente la composición de la Mesa es la que dio inicio a las negociaciones entre PP y Vox, inexistentes hasta entonces. Y que sólo podían ser entre ellos dos porque Cs se negaba a sentarse con Vox.

Desde Cs reconocen abiertamente que esa negativa les venía obligada no sólo por sus propias convicciones, se sienten profundamente contrarios a lo que defiende Vox, sino también porque desde el grupo al que pertenecen en el Parlamento Europeo, Alde, liberal, se mostraba profundamente molesto ante un posible pacto con un partido que considera euroescéptico, populista y de la derecha más radicalizada. Tampoco ha ayudado a Cs las declaraciones públicas de Manuel Valls, candidato a la alcaldía de Barcelona de una plataforma a la que pertenece Cs. Fue muy duro con el posible pacto al que se podía llegar con Vox, por lo que Cs eludió toda posibilidad de fotografiarse con Vox… y fue por tanto, el PP el que ha negociado con una parte y con la otra, informando a Cs de cómo iban las cosas sin que Ciudadanos se viera necesidad en ningún momento de cruzar una sola palabra con nadie de Vox.

Por otra parte Cs cree que de aquí a mayo, cuando se celebren las elecciones municipales de Barcelona, el escenario político habrá cambiado, Vox probablemente renunciará a algunas de sus propuestas más disparatadas, como ha hecho con las que presentó como condiciones indispensables para apoyar el Gobierno andaluz y, en caso de que salgan las cuentas, Valls no renunciaría a aceptar los votos de Vox si con ellos consiguiera la alcaldía de Barcelona.

Las tarjetas de colores

Las negociaciones de Vox no las llevó Santiago Abascal, sino el secretario general de su partido Javier Ortega Smith y, en menor medida, el responsable andaluz Francisco Serrano. Smith es un hombre de carácter, que no admite bromas, receloso, que no da confianzas. Cuando se iniciaron las negociaciones para la Mesa del Parlamento exigió una secretaría para Vox, que aceptaron tanto PP como Cs cuando PP lo comunicó a Cs. Eran lentejas, lo tomas o lo dejas, o secretaría o la presidencia de la Cámara no sería para Ciudadanos.

En el PP se quedaron asombrados con lo poco que sabía Vox del Parlamento andaluz.

La sorpresa llegó cuando el PP advirtió de que los parlamentarios no tenían ni idea de cómo funcionaba el parlamento, cuales eran sus competencias… y cómo se elegían a los miembros de la Mesa. Tras explicárselo a Smith y Francisco Serrano, Loles López, la secretaria general del PP andaluz, reunió a los 12 parlamentarios de Vox para instruirlos, haciendo uso incluso de unas cartulinas de colores para que no se equivocaran en las distintas votaciones.

El aldabonazo llegó el martes cuando en una reunión del PP con Vox en un lugar secreto sugerido por Smith, Vox puso sobre la mesa los 19 puntos con sus exigencias, que simultáneamente filtraban a los medios de comunicación. Los negociadores del PP, al ver algunas de ellas, tuvieron sentimientos encontrados. Por una parte que era imposible negociar con un partido que ponía por escrito tantos disparates. Por otro, que precisamente por ser tan disparatadas las exigencias, la propia gente de Vox se daría cuenta de que harían el ridículo manteniéndolas. Incluso se hicieron chistes sobre qué ocurriría si se aceptaban algunas de ellas.El miércoles la reunión fue en Madrid, también secreta. Una televisión consiguió seguir durante unos kilómetros al coche que llevaba a Teodoro García, Marta Fernández y Javier Maroto, pero le dieron esquinazo antes de que el equipo del PP llegara al apartahotel en el que les había citado Vox.

El encuentro fue largo, hasta bien entrada la madrugada, pero hubo acuerdo porque Vox efectivamente retiró algunas de las propuestas y aceptó que otras no fueran conminatorias sino que aceptaron la terminología de que el nuevo gobierno procuraría, promovería o intentaría realizar determinadas acciones. Por otra parte algunos de los 19 puntos ya figuraban entre las propuestas que había presentado Casado desde que era presidente del PP y figuraban entre los 90 puntos del pacto de gobierno del PP y Cs.

Han sido tres semanas con sensaciones encontradas. Al PP le ha molestado la posición pública de intransigencia de Rivera; a Rivera le ha preocupado la reacción de sus socios europeos y las declaraciones de su amigo Macron. Smith se ha mostrado como un negociador duro, Abascal ha estado al margen de las negociaciones pero informado día a día. Marta Fernández asombró a Vox por sus conocimientos de la ley contra la Violencia de Género con la que fue desmontando algunos de los conceptos erróneos que tenía Vox sobre su aplicación. A Moreno se le ha mantenido en segundo plano para preservar su imagen de futuro presidente, y en Cis se advierten las ganas de dar más protagonismo a Imbroda que a quien va a ser vicepresidente, Juan Marín.

El PP fue segunda fuerza pero desde el primer momento hizo las cuentas: podía gobernar si actuaba inteligentemente. Los pactos han sido difíciles, con momentos en los que todo parecía perdido. Pero el próximo miércoles Juanma Moreno se convertirá en presidente andaluz.

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