Muere un diplomático clave en la transición Recorrido por una personalidad poliédrica

El embajador oficioso

  • Amigo personal del Rey Juan Carlos, fue su mensajero ante Kissinger para mediar en la Marcha Verde, ante Ceausescu para propiciar la legalización del PCE y ante Giscard para que avalara la Monarquía

Un Colón americano. Una paradoja de novela, como el Gringo Viejo de Carlos Fuentes. Manuel Jaime Prado y Colón de Carvajal nace el 17 de noviembre de 1931 en Quito porque su padre, diplomático de carrera, era embajador de Chile en la capital del Ecuador. Nace cuando la II República española lleva siete meses de vigencia. Un dato aparentemente ajeno, pero esencial, porque si hay algo que destaque en este hombre que era inicialmente más republicano que monárquico será su amistad con el Rey Juan Carlos.

Hubo un Prado que fue presidente de Chile y sus antepasados recibieron de la Corona española el título de condes de la Conquista de Chile. A su manera, es un niño de la guerra: la guerra civil le coge en España, siendo su padre funcionario diplomático de la embajada chilena en España. Siempre se definió como "un iberoamericano esencial" por su triple condición de ecuatoriano, chileno y español. Reforzado el último epíteto por sus matrimonios con dos españolas: Paloma Eulate, madre de sus hijos Manuel, Teresa y Borja, y Celia García Corona, sevillana, la madre de Blanca y Álvaro. Desde el Instituto de Cooperación Iberoamericana que presidió fue quien lanzó la candidatura de Sevilla para organizar una Exposición Universal conmemorativa del Descubrimiento de América.

Sus últimos años de vida los ha pasado en la misma ciudad donde su antepasado Cristóbal Colón vivió su particular vigilia, sus últimos días de cartujo antes de emprender una de las mayores aventuras emprendidas por la humanidad. Cinco siglos después, hay cierto paralelismo entre ambos personajes: su afán viajero, su cercanía a la Familia Real (el almirante, a la Reina Isabel; el empresario, al Rey Juan Carlos), e incluso la vida azarosa y exagerada de ambos. En el caso de Prado y Colón de Carvajal, llegó a vivir dos meses de presidio en la prisión de Sevilla 1, donde ingresó el 26 de abril de 2004. "En una de mis últimas visitas a su casa", cuenta su amigo Manuel del Valle, que lo conoció cuando era alcalde en los años previos a la Expo, "me enseñó una pulsera que tenía en el tobillo, estaba en libertad condicional y era el método de la policía para vigilarlo".

A través de su primo Jaime Carvajal conoce al rey Juan Carlos. El entonces Príncipe lo convertirá en su hombre de confianza. De manera oficiosa, nada institucional, el príncipe Juan Carlos le encarga una serie de tareas a título privado que terminarían teniendo relevancia pública. El hijo del embajador fue pieza clave en el desmontaje del último franquismo, en la nueva reputación de España en el extranjero y en la legalización del Partido Comunista.

Misiones que no aparecen en el Boletín Oficial del Estado, ni siquiera en los periódicos. Una tarea en la que se ponía a prueba la indudable capacidad de seducción de este personaje, sus dotes casi genéticas para las relaciones internacionales. Viaja a Washington a entrevistarse con Kissinger para que éste intente frenar la Marcha Verde auspiciada por Hassan II. Su protagonismo es clave en tres episodios decisivos de la llamada Transición. Mueve los hilos para que la revista Newsweek entreviste al rey Juan Carlos, jefe de Estado en funciones, entrevista que precipita la dimisión de Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno. Viaja a París y convence a Giscard d'Estaing, al que más de una vez invitó a cazar en su finca, para que esté presente en la iglesia de los Jerónimos cuando el cardenal Tarancón bendice la coronación del rey Juan Carlos como nuevo jefe del Estado. En 1975 la opinión pública internacional recelaba de la España que acababa de enterrar a Franco en el Valle de los Caídos. Una de las misiones más complicadas le llevó a Bucarest. En la capital rumana residía Santiago Carrillo y veraneaba Rafael Alberti. Allí se entrevistó con Ceausescu y le pidió que mediara en la moderación del dirigente comunista.

Embajador, negociador y empresario. Él también dejó de ser clandestino: fue nombrado embajador a todos los efectos, y ya con todos los honores de la oficialidad puso su experiencia al servicio de mejorar e intensificar las relaciones con Israel y los países árabes. Con socios kuwaitíes participó en KIO, una operación que se fue al garete con la guerra del Golfo y se extendió en ramificaciones financieras, bursátiles, inmobiliarias que incluyeron su nombre en un sumario judicial que acabó con sus huesos en la cárcel y su nombre en los periódicos.

"Si algún pecado ha cometido este hombre, creo que lo ha purificado", dice Miguel Sánchez Montes de Oca, "yo soy psicólogo, creo que existe la enfermedad psicosomática, la dolencia surgida o agravada por circunstancias ajenas a la enfermedad. Prado empieza a enfermar cuando su nombre comienza a salir en las páginas de sucesos de los periódicos".

Un hombre enérgico y deportista, que montaba a caballo y practicaba deportes náuticos. Le amputaron un brazo a los 18 años por un accidente de circulación, circunstancia que mezcló la realidad con la leyenda cervantina. Un solo brazo le bastaba para empujar una carreta de bueyes por el vado del Quema cuando hacía el camino con la Hermandad de Triana. "Hizo un curso rápido de sevillanía", dice uno de sus allegados. "Tomó todas las devociones de la ciudad de su mujer: hermano del Rocío del Triana, con casa en el Rocío frecuentada por gitanos, flamencos y cantaores, hermano de la Esperanza de Triana". A Celia García Corona, su segunda esposa, la conoció en el Rocío. "Un flechazo", dice su amiga Miryam Pacheco.

Después de liderar la candidatura de Sevilla para la Expo y pelear por ella en los foros iberoamericanos, pasó a un segundo plano. Al frente del Instituto de Cooperación Iberoamericano lo sustituye Luis Yáñez. Fue destituido por no ser muy diplomático. Se enfrentó a Leopoldo Calvo-Sotelo por el famoso comentario del expresidente sobre la guerra de las Malvinas diciendo que se trataba de un conflicto "distinto y distante". "Calvo-Sotelo lo cesó fulminantemente sin consultar al Rey, que es quien lo había nombrado", dice Sánchez Montes de Oca.

Empresario en medio mundo, presidente de Iberia, no excluyó Sevilla de sus proyectos "pero casi ninguno le salió", dice Sánchez Montes de Oca. Presentó un proyecto de superpuerto deportivo como una isla en medio del Guadalquivir, "pero entonces Guerra mandaba mucho y alguna vez dijo en privado que el manco no hacía negocios en Sevilla". Con un solo brazo llenó las calles de Sevilla de caramelos cuando el Ateneo lo designó rey mago en la Cabalgata de 1991, en la antesala de la Expo del 92. Fue Melchor en una terna epifánica completada por Vicente Flores Luque, padre del actual concejal del PP, y el cantante José Manuel Soto.

Creó la Fundación Cristóbal Colón, que entre sus actividades destinó "más de mil millones de pesetas a fondo perdido" (Montes de Oca) para la Biblioteca Colombina, colaborando también en la catalogación y modernización de los fondos de una institución acogida en la Catedral donde, ya con la evidencia científica de los estudios forenses, reposan parte de los restos de Cristóbal Colón. La línea directa del almirante la encarnaba el duque de Veragua, un almirante llamado Cristóbal Colón al que asesinó la ETA. Un descendiente primo del empresario quiteño. Prado y Colón de Carvajal fue también ganadero de reses bravas con el hierro Torrealta en su finca gaditana de Alcalá de los Gazules. Su hijo Álvaro, que estudia en el Icade en Madrid, se llama así porque su padrino fue Álvaro Domecq. Teórico en el campo, práctico en la Maestranza.

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