Coronavirus Andalucía Salud alerta del aumento de contagios en los ambientes familiares

  • Las restricciones reducen los contagios en el ámbito social, pero siguen aumentando en los entornos más cercanos

Una sanitaria hace una prueba diagnóstica a un ciudadano. Una sanitaria hace una prueba diagnóstica a un ciudadano.

Una sanitaria hace una prueba diagnóstica a un ciudadano. / Juan Carlos Muñoz

Los patógenos de naturaleza respiratoria, como es el caso del SARS-CoV-2 o el de la gripe estacional, dependen para seguir reproduciéndose de la cercanía de las personas, que son los hospedadores a los que parasitan. Para seguir sobreviviendo, pues, el nuevo coronavirus es rehén de la aglomeración de los seres vivos sobre los que ir saltando, de nariz en nariz, de boca en boca, como hacían los conejos en la península prerromana para cruzarla de copa en copa.

Por eso a este nuevo virus le alegra tanto como a sus hospedadores una aglomeración, una reunión, ya sea familiar, de amigos o de compañeros del trabajo. Y por eso los dirigentes no dejan de advertir a la población de los peligros que acarrea la Navidad para la contención de la pandemia.

Con las cifras de los contagios diarios manteniendo una línea de disminución sostenida, aunque leve, los números epidemiológicos ofrecen una prueba inequívoca de la transmisión de la pandemia. En noviembre, pese a las restricciones adoptadas, han sido los ambientes familiares y las reuniones sociales los ambientes en los que ha habido el mayor número de positivos, algo sobre lo que responsables políticos y los sanitarios no dejan de alertar en los últimos meses. 

Según los datos del Ministerio de Sanidad, el 21,3% de los brotes notificados durante el mes recién acabado se han registrado en el "ámbito familiar", mientras que el entorno "social", es decir, el referido a las agrupaciones de amigos, bares, restaurante, bodas, comuniones y congresos, entre otros, ha aglutinado el 24,7% de los brotes.

Los virus de carácter respiratorio responden a las restricciones como un reloj de maquinaria atómica. Usando la terminología acuñada por el presidente andaluz, Juanma Moreno, la apertura del grifo –flexibilizar los horarios de comerciales y los toques de queda– enciende al microorganismo como a una brasa en un pajar; el sellado del grifo, en cambio, lo apaga ipso facto.

Y, como era de esperar, las restricciones implantadas a finales de octubre y a comienzos de noviembre, los brotes en el entorno social se ha reducido notablemente a lo largo del último mes. El 30 de octubre, ese ámbito representaba el 31,3 de los brotes, casi siete puntos más que en la actualidad (24,7%). Los brotes de Covid-19 detectados en el contexto familiar, sin embargo, crecen: del 16,2% del total de brotes eran en ese ámbito antes de noviembre; cinco puntos menos que en noviembre (21,3%).

Los datos epidemiológicos publicados por el Ministerio de Sanidad, que a su vez beben de las fuentes de las consejerías de las administraciones autonómicas, informan de una realidad que, pese a ser conocida, no deja de ser relevante. Aunque las residencias de ancianos, los centros de día y los centros de personas con discapacidad no son los lugares donde la mayoría de los brotes se produce, sí son el origen del mayor número de los casos. Así ha ocurrido en noviembre.

Con el 10,5% de los brotes registrados, las residencias han reunido en noviembre el 21,9% del total de los casos positivos, representando la mayor proporción de los contagios, por encima incluso que en el ambiente social (24,7%). La población anciana es además la que más muertes provoca. La letalidad global de España durante la primera ola de la pandemia, es decir, el número de muertos en función de los contagios, fue alrededor del 1%.

La letalidad en los pacientes de más de 80 años se sitúa entre el 11.6% y el 16.4% en hombres y entre el 4.6% y el 6.5% en mujeres. Así lo señala un estudio liderado por investigadores del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III.

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