Cómo convertirse en un parado

Estoy en la calle, ¿y ahora qué?

  • El engorro de darse de alta como desempleado tiene poca complicación. El Servicio Andaluz de Empleo, antiguo Inem, implanta nuevos medios técnicos para agilizar los trámites.

En Jerez, la capital del vino y el paro, hay 33.476 desempleados, o lo que es igual, 33.476 dramas en territorio de exclusión social. Porque, ¿cómo se verá el futuro cuando se acumulan las facturas sin pagar y uno percibe en la mirada de los otros compasión y desprecio? El paro es un auténtico drama de proporciones insospechadas, que te destroza y aniquila. Y, en ello, la crisis no hace distingos. Ni repara en nada ni en nadie. Y los que pueden, se suman a esa atronadora cascada de desempleados que, día a día, llaman a puertas que nunca se abren y peregrinan con poco éxito, currículum en mano, por fábricas, talleres y empresas de todo tipo.

Seré parado por un día. Me infiltraré en las entrañas de aquellos a los que la impotencia persigue, pasan las noches en vela y se sienten mal mirados y marginados. En pocos minutos, ya no tendré nombre; seré un simple y moliente número: el 33.477.

Para esta enorme legión de angustiados, el Servicio Andaluz de Empleo (SAE), antiguo Inem, ha implantado nuevos medios que facilitan la aburrida y desconcertante burocracia. En las tres oficinas de empleo que se reparten por toda la ciudad y que trabajan según el código postal del demandante, ya no se ven las aberrantes y vergonzantes colas que traspasan las puertas. El nuevo sistema de cita previa las ha quitado del paisaje de las calles. El clásico correturnos ya ha quedado obsoleto y no hay que madrugar para ser el primero. El sistema funciona: se reducen las colas, también los tiempos de espera -que se rebaja a unos diez minutos de media- y permite dar una atención más personalizada al usuario. Todo con una simple llamada telefónica, o bien presentándose en la oficina. Y los más flojos u ocupados, tienen la posibilidad de realizar la mayoría de los trámites por internet, en la llamada Oficina Virtual de Empleo, una de las grandes apuestas de la Consejería de Empleo de la Junta. A la hora pactada, allí me encuentro. Mi nombre aparece en una de esas flamantes pantallas. A su lado, mesa 1.

En la entrada a las oficinas de empleo en la zona de Madre de Dios, hay parados que entran y salen. Otros apuran un cigarrillo a las puertas. Una parejita renueva la cartilla. Vigilaré sus bártulos para la playa. Entretanto, Lolo, el encargado de la cafetería más cercana, se lamenta de que en el negocio no se nota, que no se lo explica, que ni un mal café cae por las mañanas, que ni siquiera antaño, cuando las colas eran kilométricas, pisaban el local. En este trasiego de caras resignadas hay mayoría femenina, que ahora copa los picos más altos de las estadísticas de demandantes de empleo. Si complicado es que el hombre encuentre un empleo en condiciones, ahí estará siempre la mujer, que hoy día se convierte en salvadora de los hogares.

Estábamos en la mesa 1. Me harán un perfil personal y lo que llaman una entrevista ocupacional. Para ello, entregaré mi DNI,  mi cartilla de la Seguridad Social, el certificado de la empresa, fotocopia de mis titulaciones y otros conocimientos y carné de conducir si lo tuviera. El funcionario me hará luego la entrevista ocupacional, una especie de curriculum que sirve al SAE para obtener un mayor conocimiento de las pretensiones del demandante de formación y empleo. Y así, daré mi nombre y dirección, mis condiciones de trabajo (jornada, horario, disponibilidad), mis cargas familiares, mi experiencia laboral, mi disponibilidad geográfica y, por supuesto, las ocupaciones en la que busco trabajo. A partir de ese momento, se me entregará la cartilla de paro,  que me permitirá acceder a los programas, cursos de formación y una infinidad de servicios. 

Un parado más al saco. Y todo en no más de quince minutos. Ahora, seguiré buscando un empleo y rogaré con impaciencia que alguna de las ofertas que lleguen a las oficinas case con mi perfil profesional. Ya con el carné en la mano, rellenaré una solicitud que será contestada por el SAE dándome aviso de lo que voy a cobrar (siempre el día 10 de cada mes) y el tiempo que estaré percibiendo la prestación. ¿Que se acaba? No hay problema. En otra cola de las oficinas (las dedicadas a gestiones de la Administración del Estado) podré conseguir el subsidio por desempleo de 426 euros, con posible renovación dependiendo de la edad. En fin, de hombre normal a un simple número en un cuarto de hora. Un panorama que, de precioso, lo que se dice precioso, no tiene nada.

Ramón Arellano y Dolores Barroso. "Con sólo 426 euros vivimos de milagro"

Oriundos de Trebujena, Ramón y Dolores viven desde hace años en Jerez. En la sede del SAE de Madre de Dios han renovado el carné de paro de Dolores de forma mecánica -al cumplirse tres meses- como también puede hacerse la mayor parte de las gestiones por los ordenadores y teléfonos disponibles gratuitamente para el usuario en la entrada de las oficinas. "Toda la vida trabajé en el campo. No descansaba, me encantaba lo que hacía. Ahora, el campo no es lo de antes. Es la ruina. La última vez que trabajé fue en la pasada época de poda en las viñas. Saqué algunas peonadas".  Dolores está inscrita en el paro desde hace dos años, pero nunca ha podido trabajar fuera de su casa. Ramón ingresa los 426 euros de subsidio, que ha logrado renovar gracias a su edad, los 58. "Es lo único que entra en mi casa -refiere Ramón-. Y encima, tengo dos hijos independizados que vienen a comer y cenar a la casa de sus padres. No tengo cargas sobre el piso, pero claro, acabamos el mes justito, de milagro. Lo que está ocurriendo ahora no lo he visto yo nunca en mi vida".

Daniel López. "Nadie tiene la varita mágica contra el paro"

Treinta y seis años y cuatro de ellos en dique seco. David no anda con suerte. "Mi trabajo siempre ha sido el de fresador, tornero y mecánico y, tal como están las cosas en el sector del automóvil, resulta complicadísimo encontrar un empleo adecuado a mis aptitudes". Padre de una hija de 6 años, los 800 euros que lleva a casa su mujer, cajera en un supermercado, le salva, aunque la hipoteca a la que hacen frente es de una cuota mensual de 400. "¿Cuándo cambiará esto? Es que nadie tiene una varita mágica contra el paro". 

Sandra Loza. "Con tres hijos y una nieta, salgo adelante"

Es una 'madre coraje'. Abandonó su Ecuador natal para embarcarse a la aventura en busca de un mundo mejor junto a sus tres hijos, uno de ellos con discapacidad mental, y una nieta. Lleva trece años en España y tres en situación de desempleo. "Cuando perdí mi trabajo de camarera y, más tarde, de empleada de hogar, he tenido que hacer de todo lo que se me ponía por delante para sobrellevar a la familia". Desde hace semanas, realiza en el SAE de Madre de Dios un curso para acceder al trabajo a través de las redes sociales. Allí se maneja ella entre ordenadores y confiesa que el trato recibido es "bastante bueno".

Sandra aspira a un trabajo adecuadamente remunerado como comercial. Pero, ¿y ahora? "La situación es triste. Me veo obligada a trabajar en la economía sumergida. Tenga en cuenta que debo de pagar mensualmente un alquiler de 350 euros. Sólo entra en esa casa unos 120 euros al mes por la discapacidad de mi hijo. También he de recurrir al trueque entre conocidos y amigos, al trabajo por otro trabajo. Y no puedo quejarme".

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