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Andalucía

La zambomba de Jerez, entre la tradición y el negocio

  • La eclosión de esta manifestación cultural ha convertido a esta ciudad en el destino turístico de este mes de diciembre  

Una imagen de una zambomba en Jerez.

Una imagen de una zambomba en Jerez. / Miguel Ángel González

Al margen del estéril debate entre zambomba o zambombá, que algunos políticos utilizan para tener su minuto de gloria en los medios, esta manifestación cultural se ha convertido en los últimos años en un reclamo turístico de gran relevancia para Jerez, que de alguna forma se ha erigido en epicentro de ella.

Su reconocimiento por parte de la Junta de Andalucía como Bien de Interés Cultural en 2015 ha servido para otorgarle esa excelencia, si bien es cierto que esa declaración fue compartida con la ciudad vecina de Arcos de la Frontera, donde esta tradición también ha tenido siempre mucho peso.

La realidad es que la llegada del mes de diciembre (del 1 al 24) convierte a Jerez en un punto fundamental para conocer lo que, según el informe BIC de la Junta, se define como “una manifestación cultural de interés etnológico, que se erige como una de las celebraciones navideñas más genuinas de Andalucía” y que contiene su propia “dimensión social, simbólica e indentitaria”, así como “una gran riqueza lírico-musical”.

Pero, ¿qué es exactamente una zambomba? Su denominación procede del instrumento de fricción, un elemento fundamental dentro de un ritual en el que sobresalen el espíritu colectivo y la espontaneidad. Los asistentes se reúnen en torno a una hoguera “entrelazando coplas y cantares donde, predomina lo coral, aunque también hay estrofas que son interpretadas por una voz solista y que encuentra respuesta en el estribillo que elevan al unísono todos los integrantes del corro”, recoge la denominación BIC. 

Su origen, atestiguado con documentos, lo encontramos en la primera mitad del siglo XX, y su universo, aquellos patios de vecinos de la posguera en los que existía un espíritu de confraternización familiar y vecinal verdaderamente entrañable. “Como no había nada, la gente compartía lo que podía, el que tenía, su aguardiente y anís, y otros los pestiños o buñuelos”, explica Manuel Naranjo, etnomusicólogo. 

Sin embargo, no siempre fue así, ya que entre finales de los sesenta, esta fiesta tan arraigada a la a Navidad de Jerez fue perdiéndose hasta caer casi en la extinción a finales de los 70. Las principales causas las marcó la propia sociedad, pues de vivir en los citados patios de vecinos, se pasó a las barriadas de construcción vertical, un éxodo que cambió el modelo social y supuso el primer paso hacia el individualismo que generaron este tipo de construcciones.

También influyó sobremanera la aparición de la televisión, esa ‘caja tonta’ que fue acaparando la atención de muchas familias, las que podían, entorno a ella.   

Fue entonces cuando la Cátedra de Flamencología de Jerez, arropada por el Ayuntamiento de la ciudad y Radio Popular, capitanearon una intensa campaña entre distintos barrios de la ciudad para recuperar la zambomba, consiguiendo rescatarla y ponerla en valor. 

Coro de la Cátedra de Flamencología que grabó el primer volumen de 'Así Canta Nuestra tierra en Navidad'. Coro de la Cátedra de Flamencología que grabó el primer volumen de 'Así Canta Nuestra tierra en Navidad'.

Coro de la Cátedra de Flamencología que grabó el primer volumen de 'Así Canta Nuestra tierra en Navidad'.

Aún así, no será hasta 1982 cuando se producirá seguramente el punto de inflexión más significativo dentro de lo que hoy conocemos como zambomba, el comienzo de la colección ‘Así Canta Nuestra Tierra en Navidad’. Una idea del entonces subdirector general de la Caja de Ahorros de Jerez, Mariano Ruiz Carretero, que había vivido en su niñez este tipo de vivencias, propició la puesta en marcha de un proyecto que nació con escasa convicción, de hecho en el primer volumen no aparece número alguno, pero que se convirtió a partir de entonces en una pieza fundamental en la sociedad.

Con el respaldo de Juan de la Plata, presidente de la Cátedra, el guitarrista Parrilla de Jerez, responsable musical de la misma, y Juan Pedro Aladro, productor, comenzará entonces una serie a la que, 40 años después, aún no se le ha hecho justicia, y que ha contado con nombres de la talla de José María Álvarez-Beigbeder, Rocío Jurado, Raphael, La Paquera, La Macanita, Carmen Linares, José Menese, Fernando Terremoto hijo o Remedios Amaya, por citar a algunos.  

A partir de entonces cambiará para siempre la concepción del repertorio navideño, pues como ha ocurrido con otras acepciones musicales, el flamenco se ha fagocitado parte del mismo, excluyendo a muchas viejas tonadas o romances populares, que han quedado en una especie de limbo con el paso de las generaciones.  

Aquello supuso la recuperación de parte del acervo tradicional”, insiste Manuel Naranjo, “pero también la imposición de la versión discográfica hasta el punto de que hoy en día, las nuevas generaciones sólo interpretan los villancicos tal y como se recogen en la colección”. 

“Se ha perdido el desarrollo popular de determinados villancicos, la evolución natural de los mismos”, afirma Miguel Peña Díaz, investigador, quien asegura que muchos de los antiguos romances que “antes se cantaban, han quedado olvidados o relegados a un segundo plano muy específico”.

La comercialización de la zambomba

Sin lugar a dudas, la zambomba se ha convertido en un auténtico reclamo turístico-económico para Jerez, algo que se ha extrapolado en los últimos años a otras localidades andaluzas. Así, y aunque, como puede ocurrir con el Carnaval en Cádiz, el centro neurálgico del mismo sea la ciudad jerezana, bien es cierto que hoy por hoy son muchas las propuestas de contenido musical y lúdico, siempre a modo de emular la zambomba, que se repiten por distintas poblaciones.

Otra imagen de una zambomba jerezana. Otra imagen de una zambomba jerezana.

Otra imagen de una zambomba jerezana. / Miguel Ángel González

El pasado año Jerez registró durante el mes de diciembre, al menos del 1 al 24 de dicho mes, segmento en el que se comprende la celebración de zambombas, una ocupación hotelera superior al 82%, llegando a alcanzar en muchos fines de semana del mismo una cifra superior al 95%. 

La ciudad se echa a las calles del centro durante este periodo navideño, aunque de un tiempo a esta parte son numerosas las propuestas turísticas que ofrecen viajes de una jornada completa en Jerez "para disfrutar de las zambombas".

Desplazamiento, visita a alguna bodega o edificio singular de la ciudad se ofrecen por unos 15 euros de media, si bien es cierto que en función de las características de la promoción se pagará más o menos, ya que hay algunas que además del viaje proporcionan almuerzo y hasta degustación de productos típicos navideños, algo que puede llegar a costar 60 euros.  

Cartel anunciador de un viaje a Jerez para las zambombas. Cartel anunciador de un viaje a Jerez para las zambombas.

Cartel anunciador de un viaje a Jerez para las zambombas.

No hay más que echar un ojo a las redes sociales para comprobar que visitar las zambombas en Jerez es actualmente una de las maneras lúdico-cultural más atractivas de estas fechas.   

Todo este boom está provocando una mercantilización del producto que según muchos investigadores "acabará por convertir la zambomba en una actuación navideña, algo que entraña un peligro para su conservación". 

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