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Editorial

Vox, ha llegado el momento de hacer política

Vox debe tener en cuenta que el mandato electoral fue muy claro y apostó por el cambio en Andalucía

Vox ha sorprendido a todos con su listado de 19 exigencias para apoyar la investidura del popular Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía. La formación de Santiago Abascal pone sobre el tapete la supresión del 28 de febrero como fiesta de Andalucía, la lucha contra el fundamentalismo islámico, la bajada de impuestos, la colaboración con los cuerpos policiales para la expulsión de 52.000 inmigrantes en situación irregular, la devolución a la Administración central de las competencias en Educación, Sanidad o Justicia o la derogación de las leyes de igualdad de las personas LGTBI, de Memoria Histórica y de igualdad de género. En general, e independientemente de que algunas propuestas puedan ser negociables y asimilables -como las que se refieren a las bajadas de impuestos, la reducción del tamaño de Canal Sur o la modificación de leyes que dividen a la sociedad, como la de Memoria Democrática-, gran parte de las mismas parecen destinadas a impugnar el acuerdo de 90 puntos entre PP y Cs para formar un Gobierno de cambio en Andalucía. Todavía es pronto para saber si estamos ante un mero movimiento táctico de Vox para sacar la máxima tajada política posible o si el partido de Abascal está de verdad dispuesto a volar sus puentes con el PP (con Cs parecen estar ya rotos) y propiciar unas nuevas elecciones en Andalucía. Vox es un partido recién llegado a la escena política y todavía cuesta interpretar sus actitudes. En cualquier caso, Vox debería comprender que ha entrado ya en las instituciones y, por lo tanto, está obligado a hacer política y a negociar de forma abierta, para lo cual tiene que ser consciente de cuál es su peso exacto en el panorama político andaluz actual. Es cierto que los 12 escaños le dan una fuerza especial en la compleja aritmética parlamentaria tras el 2-D, pero también lo es que es el grupo más pequeño de toda la Cámara andaluza, algo que debería tener muy en cuenta en sus negociaciones con PP y Cs. Su minoritario apoyo electoral no le habilita para desmontar el autogobierno andaluz o para suprimir leyes sobre las que hay un consenso social largamente fraguado. Aparte está el daño que ocasionaría a sus propios intereses electorales si impidiese el cambio político que votaron los andaluces el pasado 2-D. El mandato electoral fue muy claro e impedirlo supondría un acto de irresponsabilidad política que, posiblemente, tendría resultados desastrosos para el partido de Abascal.

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