El resto del tintero

Clave ZD

  • El éxito electoral de Juan Ignacio Zoido enseña dónde reside la consolidación de los alcaldes populares en las capitales andaluzas: "Yo sé que Sevilla no es de derechas".

SI hubiera que buscar un símil flamenco para definir al PP, diríamos que es un partido largo: toca casi todos los palos, lo mismo le da por una toná que por el cantiñeo, y no entra a definirse ni como caracolero ni mairenista. Y es que su espectro sociológico ha ido ensanchándose entre la derecha extrema y el centro izquierda. El jueves de Corpus en Sevilla, su alcalde, Juan Ignacio Zoido, desfiló por un túnel de aplausos mientras caminaba detrás de la Custodia, lo que no impidió que su concejal Beltrán Pérez portase al siguiente domingo la pancarta de la manifestación del  Orgullo Gay en representación de la Corporación municipal. Pero fue el pasado miércoles, en el Foro Joly, cuando dio cuenta de la nuez del éxito de los alcaldes del PP en Andalucía: "Yo sé que Sevilla no es de derechas". Y ha obtenido 20 concejales de los 33 del pleno municipal. Para el partido que fundase Manuel Fraga a la derecha de UCD.

Desde que el PP comenzó a ganar las municipales en las capitales andaluzas en 1995, raro es el sitio donde se han producido retrocesos, y eso que durante este tiempo se han sucedido ciclos socialistas y populares a nivel nacional. En Cádiz, por ejemplo, Teófila Martínez seguía ganando sillones elección tras elección, pero Rodríguez Zapatero barrió cuando le llegó el turno.  La ciudad echó a Aznar, pero no a su alcaldesa.

Sobre el por qué de esto nos hemos venido preguntando durante años. Zoido lo explicó: entre la ideología y los valores, escogió valores. La aseveración es engañosa, porque no son términos antitéticos, como el agua y el aceite. Lo que ha ocurrido es que la derecha también hizo suyos valores que se suponían eran monopolio de la izquierda, y dejó la ideología para niveles más altos de gobierno. Una deisdeologización muy bien medida, a la que añaden sus dosis de popular-populismo: es cierto, no hay quien les gane en cercanía a sus vecinos.

Zoido, como Teófila Martínez en Cádiz o Pedro Rodríguez en Huelva, se han convertido en personajes de su ciudad. En el caso de Sevilla, lo mismo vale el poblado de El Vacie que Nervión, los Remedios que Regiones Devastadas, que ya el nombre lo dice todo. Mientras el PSOE sevillano buscó a presidentes de asociaciones de vecinos que, a pesar de su cargo, no tenían ninguna ascendencia sobre sus socios, Zoido husmeó en la ciudad y encontró a esos pequeños líderes de opinión cuyo epítome es el tendero Juan Gallardo. Chiquilla, vota a Zodio, porque mira que el apellido es para disléxicos. O Juan José Cortés, el padre de Mari Luz, que le hizo de  embajador en muchos barrios de mayoría gitana.

Y a ello, añadan otro factor, porque tambi

én es norma de la casa: la beligerancia de los alcaldes con la Junta. En el mismo Foro, Zoido, en tono muy humilde, sólo le pidió a la Junta "respeto" con los sevillanos, como si el Gobierno andaluz fuera un ente supremo, localizado, por lo demás, fuera de su ciudad. Si el alcalde hispalense le requiere "respeto" al Gobierno que concentra todas sus consejerías en su ciudad y la mayor parte de sus funcionarios con sus 12 ó 14 pagas anuales, imagínense adónde puede llegar la imaginación de los populares granadinos, que en determinada ocasión denunciaron que Sevilla -la identificación Junta con la capital andaluza es muy dañina para todos- se quería llevar los beneficios de la Alhambra. Si todo esto lo mezclan con un pragmatismo difícil de rebatir cuando se plantea en términos tan sencillos como "si hay que cambiar el PGOU para que llegue una inversión, se cambia",  ya tienen la pócima perfecta. Al llegar Teófila Martínez a Cádiz en 1995 consiguió para la ciudad los llamados "terrenos ociosos" de astilleros. Nadie se acuerda cómo se hizo o cuánto se pagó, pero donde antes había un solar rojo de óxido hay hoy un barrio y un Corte Inglés, icono que registra el  tránsito de pueblo a ciudad. Por eso escalan, porque pescan en los caladeros, supuestamente, del PSOE, mientras el suyo está vedado. La levedad ideológica, Y, además, la izquierda indignada no vota.

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