Celia Villalobos se despide de las pantallas

La diputada y ex alcaldesa de Málaga anuncia su marcha en el medio que la catapultó y que domina como pocos: la televisión

Celia Villalobos. Celia Villalobos.

Celia Villalobos. / Fernando Alvarado / Efe

Celia Villalobos ha decidido marcharse cinco minutos antes de que le enseñaran la puerta de salida. El anuncio lo ha hecho en el medio que la catapultó y que domina como pocos: la televisión. En las pantallas se convirtió casi en una chica Hermida, con el encargo de su partido de suavizar la imagen de la derecha y ensanchar el espectro de votantes con sus posicionamientos, por ejemplo, a favor del aborto. Siempre pudo permitirse ser un verso suelto en una carrera política que ha durado 33 años, con aciertos y sonadas polémicas en una trayectoria en la que nunca pudo ni quiso pasar desapercibida.

Una malagueña que llegó a su provincia casi por la puerta de atrás. A finales de la década de los 80 se definía como uno de los “ojitos” de Manuel Fraga que decidió que acompañara en la candidatura de Alianza Popular al granadino Antonio Jiménez Blanco. Su propio partido la trató como una paracaidista, ante la imposición de la lista decretada por Madrid.

Siempre ambicionó ser ministra y cuando Aznar la llamó en 2000 no lo dudó

En 1995 se consagró. Las diferencias entre PSOE e Izquierda Unida impidieron que Antonio Romero alcanzara la Alcaldía de la capital pese a lograr el sorpasso electoral ante los socialistas, que también habían enviado un peso pesado a la “batalla de Málaga”, Eduardo Martín Toval, fallecido hace unas semanas en Rincón de la Victoria de una dolencia cardíaca. Villalobos supo maniobrar en su minoría e incluso sacar por consenso un plan general para la ciudad. Impulsar el demandado Palacio de Ferias y Congresos de Málaga y coronar su trayectoria con el proyecto más emblemático: la puesta en marcha de la peatonalización de la calle Larios.

Pero siempre ambicionó ser ministra y cuando Aznar la llamó en 2000 no lo dudó. Su salida meses después tras la crisis de las vacas locas y su ocurrencia sobre el tipo de huesos con que se debía condimentar el cocido, cercenó su paso por el Gobierno. Nunca recuperó el afecto por Aznar y siempre interpretó que se había cometido una gran injusticia con aquella decisión. La llegada de un pupilo del ex presidente al frente del PP, Pablo Casado, ha facilitado el desenlace. Villalobos apoyó a Sáenz de Santamaría en las primarias del partido. Y aún en aquella época soñaba con reverdecer días de gloria si la ex vicepresidenta conseguía el triunfo.

Su pujanza política durante décadas la hizo convertirse en objetivo de ETA

Los gritos a Manolo, su chófer mientras era vicepresidenta del Congreso o sus juegos con el Candy Crush para superar el sopor de algunas sesiones también le han proporcionado indeseados minutos de gloria. Pero su pujanza política durante décadas también la hizo convertirse en objetivo del comando Andalucía de ETA que preparó dos atentados contra ella que no pudo ejecutar. Hace poco aconsejaba al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que era hora de preparar la despedida. Nunca mantuvo buena sintonía con su sucesor, quizá arrepentida de aquella decisión que tomó en 2000 y de la que no pudo dar marcha atrás.

Sin el apoyo del líder andaluz y malagueño, Juan Manuel Moreno Bonilla y Elías Bendodo, que ya la descabalgaron en las últimas convocatorias de la cabecera de lista del Congreso, y con un último intento frustrado, aseguran desde su partido, de lograr la presidencia del Puerto de Málaga, Villalobos entona su canto del cisne. Aunque tratándose de ella siempre hay que acotar que a día de hoy.

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