Andalucía

Acierto político, carambola electoral

Alberto Grimaldi

Director de Europa Sur

Contra todo pronóstico, el PSOE retuvo el poder en la Junta de Andalucía tras las elecciones autonómicas del 25 marzo y se mantuvo como el único partido que ha gobernando la autonomía ininterrumpidamente desde los primeros comicios al Parlamento andaluz: 35 años consecutivos.

Pese a que no había sondeo, oficial o privado, que no aventurase una mayoría absoluta, por primera vez desde 1982, del Partido Popular, el recuento de las papeletas desechó una vez más ese resultado, aunque confirmaron la primera victoria de Javier Arenas y su partido. Amarga victoria que le impidió gobernar.

La abrumadora victoria que en los comicios a Cortes Generales que obtuvo el PP en Andalucía el 20 de noviembre de 2011 no hacía presagiar sino el acceso de la estructura andaluza de este partido a gobernar la Junta. Pero Andalucía sigue siendo la única autonomía donde no se ha producido la alternancia desde su fundación.

José Antonio Griñán obtuvo la encomienda de volver a formar gobierno por un acierto político: agotar la legislatura y no adelantarlas con las generales, como había hecho el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y le había pedido varias veces el candidato y poco después elegido secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. Sostenía Griñán que el adelanto de las generales le daba la oportunidad de diferenciarse y poner en evidencia qué política real haría el PP de Mariano Rajoy. Y acertó.

Sin embargo, si fue elegido presidente de nuevo en abril de 2012 fue por una carambola electoral. De hecho, el resultado en votos totales que tuvo Griñán es el peor nunca obtenido en unas autonómicas andaluzas y peor incluso que el paupérrimo que sacó Rubalcaba el noviembre anterior (aunque porcentualmente sí creció tres puntos). La carambola se dio por tres claves concatenadas: mayor abstención que en las generales, una caída suficiente de votos del PP y el ascenso necesario de IU para disputarle los restos a las candidaturas populares. El resultado de esa carambola a tres bandas fue un Parlamento con 50 escaños para el PP (cinco menos de la mayoría absoluta), 47 escaños para el PSOE y 12 para IU.

Fue el éxito de IU el que realmente permitió al PSOE retener el poder. Un somero análisis de los resultados por circunscripción lo demuestra.

En Almería, el escaño que el PP contaba arañarle al PSOE cayó del lado de IU, dejando a los de Arenas con los mismos 7, con menos votos y mayor porcentaje que en 2008. El PSOE perdió uno, pero al ganarlo IU lo sumaba para una mayoría de izquierdas.

Las expectativas de crecer hasta dos escaños en Cádiz que tenía el PP también se vieron frustradas, porque aunque el PSOE los perdió -pasó de 8 a 6-, sólo uno se sumó a las filas populares -de 6 a 7- y el otro dio a IU un segundo escaño decisivo.

Tampoco en Córdoba el PP logró sumar el escaño de más que necesitaba para llegar a la mayoría absoluta; una vez más el PSOE lo cedió, pero a favor de IU, que en términos de aritmética final era como mantenerlo.

En Granada se mantuvo el reparto de escaños pese al crecimiento porcentual del PP y la caída del PSOE. Aquí el crecimiento de IU mantuvo el equilibrio existente, frenando también al PP.

El PP no logró en Huelva, como sí ocurrió en noviembre, ser la fuerza más votada pese a convencer a una proporción mayor de electores que en 2008 y ganar un escaño a costa del PSOE, IU mantuvo el suyo con mayor holgura que cuatro años antes.

Jaén eligió en 2012 un escaño menos que en 2008. El PSOE logró mantenerse como primera fuerza pese a perder dos escaños, el que fue a Málaga, y otro que cedió a IU. El PP mantenía los cinco con que partía. La constante se mantuvo: IU cosechaba lo que los socialistas perdían, que a la postre era mantenerlo para la investidura.

Y en Málaga ese escaño de más no fue para el PP, primera fuerza de nuevo, sino que otra vez IU se lo llevó en la comparación de restos. Populares y socialistas mantuvieron la correlación de 8 y 7 escaños de cuatro años antes e IU impedía en otra circunscripción la mayoría absoluta.

Finalmente, en Sevilla, el PSOE aguantó mucho mejor de lo que los sondeos pronosticaban. Perdió dos de los nueve escaños que obtuvo en 2008, pero como en las demás circunscripciones el crecimiento del PP no fue suficiente frente al de IU. Ambos se repartieron los escaños que cedía el PSOE, logrando siete y uno, respectivamente.

No hay duda de que la carambola se produce porque la abstención de más de cuatrocientos mil votantes que hubo respecto a un censo casi idéntico de noviembre, la caída frente a esos comicios del PP en ese número aproximado y, sobre todo el empuje en todas las circunscripciones de la federación de izquierdas permitieron al PSOE mantener el Gobierno.

Eso sí, el resultado sólo conducía a un destino: el Gobierno sería de coalición. IU no iba a dejar pasar esta vez su decisivo papel para no gobernar Andalucía. Y así fue. Con escaso ruido -más allá de las excentricidades de Sánchez Gordillo-, la organización validó asamblea por asamblea formar parte del Ejecutivo de la Junta de Andalucía.

El encaje, empero no fue fácil, porque IU exigió un cambio de estructura del Gobierno al PSOE traumático, con creación de figuras nuevas como coordinadores pese al recorte de delegados provinciales, ahora denominados territoriales. De hecho, el Ejecutivo estuvo mucho tiempo parado por ese motivo y por la dificultad para renovar, proceso esencialmente contaminado por las tensiones internas que el PSOE ha vivido en 2012.

La convivencia con el socio que propició el éxito de mantenerse en el Gobierno no está siendo fácil, aunque en ningún momento del primer año de legislatura se apreció una distancia que pusiera en riesgo una estabilidad que hasta el momento de cerrar este anuario ha sido constante.

Pero los recelos existen, especialmente por la configuración del Pacto por Andalucía que cerca del primer 28-F de esta legislatura el presidente Griñán impulsaba y que buscaba acuerdos esenciales con el PP. IU no estaba cómoda en esta situación y temía perder gran parte del papel decisivo que el reparto de los votos depositados en las urnas le otorgaron.

También la dificultad de encajar políticas en el marco macroeconómico marcado por un Gobierno central con mayoría absoluta del PP generaba tensiones. Porque los recortes en materias sensibles como sanidad y educación no podían ocultarse tan fácilmente sobre el discurso del mantenimiento de las políticas sociales.

La cohabitación con IU en el Consejo de Gobierno tampoco ha facilitado una imprescindible reducción del mastodonte en que se ha convertido la Administración andaluza, que no peca de tener excesivos funcionarios pero sí, y de qué manera, empleados públicos, la mayoría provenientes de empresas publicas e integrados sin respetar el Derecho Administrativo en agencias. De hecho el Gobierno se enfrenta al reto al comienzo de 2013 de volver a reajustar la Administración cumpliendo las sentencias que invalidan la integración de miles de empleados en las agencias públicas.

Tampoco ha sido fácil la convivencia con IU en el esclarecimiento del escándalo de los ERE irregulares. El PSOE le dio el protagonismo de dirigir la comisión de investigación que se convocó para aclarar responsabilidades políticas en el caso. La comisión fue un fracaso con un dictamen mutilado por PSOE y PP, hasta el punto de no señalar más responsables que un director general, como si actuase solo y sin conocimiento del gobierno del PSOE.

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