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Adolfo Suárez

Un legado de democracia

Nos regaló el mañana. Nos regaló un legado de democracia, valores y principios. El precio fue muy alto. Héroe y tragedia personal. Un precio político y partidista, humano y familiar. Hoy llueven merecidas loas, aplausos y un reconocimiento general de todo el pueblo, España entera. No fue así en su momento. Luces y sombras. Nadie es perfecto. Sí perfectible. Construyó y edificó el espacio de libertad, pluralidad y tolerancia que hoy disfrutamos y no sabemos valorar en su justa dimensión. Lo hizo junto a otros, con valentía y coraje. Fortuna e infortunio le persiguieron. Con comprensión e incomprensión. Con silencios y soledades sonoras. Le fueron dejando solo, completamente solo. Pero ni una cicatriz en su alma. Adolfo Suárez era grandeza y generosidad, "me quieren pero no me votan". Nadie le regaló nunca nada. Tampoco lo tuvo fácil.

Nos recuerda en el hoy el valor del respeto, de la palabra, de saber y querer escuchar al otro para profundizar y conocer sus ideas. Su muerte nos une por unos días. Arroja lo mejor de los españoles sin corazones helados ni partidos. Concordia y generosidad. Hacia los suyos, hacia la oposición, incluso cuando ésta fue implacable y más allá de los cánones parlamentarios.

Tres ex presidentes juntos honrando al decano de la democracia. Un mensaje de su Majestad el Rey, "Adolfo y yo", que lo encierra todo. No hacen falta más palabras. Nos regaló los arquitrabes y los pilares de una democracia que no conocíamos tras el largo paréntesis de la guerra civil y la dictadura. Nos la regaló y la escribió con nuestros padres, y a nuestros hijos y nietos que no le conocieron.

Entró en la historia de este país hace ya tiempo. Quizás desde el mismo instante en que dejó la vida política partidista, aunque no la política, pues era pasión y vocación política. Recibió honores y reconocimiento cuando ya no molestaba en la lucha cainita de los partidos. Hijo de republicanos, quiso una España sin vencidos ni vencedores más que el propio pueblo, el que sólo legitima por las urnas. Una España que recuperó sus libertades con Suárez al frente de un timón difícil e incierto pero que manejó con tesón y valor. Vivió para la política, soñó desde la política y se dedicó en cuerpo y alma a la misma. El valor de la Política. El valor de la reconciliación, sin exiliados por fin.

La enfermedad minó sus recuerdos, apagó el verbo y diluyó su ayer y su hoy. Y lo hizo al tiempo que la gratitud, el homenaje y el cariño del pueblo se hizo cada vez mayor. Para la historia los hechos y el legado de un hombre único. El tiempo redimensionó su legado. Suárez escribió ayer la historia del futuro de España, un futuro que en su momento no estaba escrito. Amnistía, treguas electorales, reforma política, legalización de partidos y una Constitución. Lo hizo con tesón y esfuerzos a veces sobrehumanos. Ése es su legado. El que le sobrevive y nos sobrevivirá. El que le ha hecho entrar en la historia de este país a veces desvencijado y desagradecido, con mayúsculas. Nos invitó al acuerdo, diseñó, tejió e hilvanó nuestra democracia. Habló con todos. Así se forja un líder, un líder con carisma al que sólo unos pocos están llamados. Un líder que antepone los intereses públicos a los suyos.

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