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  • Baelo amplía sus actividades para las noches de verano en el año de estreno de su centro de interpretación

Una gran columna de gente irrumpe en la ciudad de Baelo Claudia por una calle del este entrada la noche. Silencio, apenas turbado por las olas del mar en la ensenada de Bolonia. Y oscuridad, salvo por una hilera de bombillitas en el suelo que marcan una vereda discreta. Por ella avanzan los dos centenares de asaltantes, como para no despertar a los vecinos. Se dirigen al teatro, que no tiene el esplendor de hace veinte siglos pero se tiene en pie, excavado, remozado, con sus sillas, sus gradas de madera. Hoy recuperará parte de la vida de antaño porque los actores vuelven a su escenario. El centro EME Teatro interpreta una de las obras incluidas por la Junta de Andalucía -que gestiona el yacimiento- en el programa de actividades de la cuarta edición de las Noches de Baelo.

Las representaciones teatrales son las propuestas mejor acogidas entre los visitantes desde los estrenos de 2005, cuando la antigua cavea aún no era utilizable y las actuaciones se organizaban en la explanada de la basílica. Desde entonces, el programa se ha incrementado sin parar. Este verano se representarán nueve obras, tragedias y comedias grecolatinas, con un total de 20 pases.

La capacidad del teatro también se ha incrementado en los últimos años y el aforo ya es de 400 personas. La entrada es gratuita (previa reserva) y algunos días, como el pasado sábado, se superó la cifra. "Es un problema... Pero intentamos no dejar a nadie fuera... con lo complicado que es llegar hasta aquí... Hacemos hueco y buscamos sillas de donde sea", resuelve Pilar Otero, vigilante y responsable de la atención al público, además de entusiasta de las ruinas en las que ha trabajado durante 21 años.

Pilar es hija de Isidoro Otero, el primer guarda oficial de Baelo, que inició su faena en 1966, tal y como recuerda un panel informativo del nuevo museo. "Hay que ver las ruinas de día, y en verano hay que aprovechar y ver las ruinas de noche, porque no tiene nada que ver una cosa con la otra", recomienda ella, vereda arriba, vereda abajo.

Pasadas las diez y media, los actores ya han enganchado a su público nocturno: jóvenes parejas de acento local y norteño; matrimonios de edad avanzada que no se han perdido una obra en todo el verano; familias enteras y algún carrito; grupos de amigos que veranean en La Janda. Rastas, náuticos, gafas de pasta, sombreros, babuchas. Cámaras. Flashes.

Se representa una adaptación de Los Bosques de NYX, de Javier Tomeo. Un mensajero del presente, soldado herido, viaja a un lugar fuera del tiempo y el espacio para rogar a afamadas esposas de héroes griegos y troyanos que vuelvan al mundo de los vivos para que, con su doloroso recuerdo, acaben con la guerra. Aplausos.

El montaje es modesto, con pocos recursos, pero vivo, y termina de ganar en el teatro de Baelo, bajo las estrellas, con las ruinas del foro iluminadas y con el mar como telón de fondo, literalmente. Hoy, al menos hoy, sin levante, "que lo puede complicar todo". Germán Corona, que conoce bien el escenario tarifeño después de varias temporadas de trabajo, dirige la adaptación: "Buscamos obras que contengan mensajes sobre la incomunicación humana, la guerra y el poder... Y la respuesta es muy buena. Propuestas como ésta demuestran que se puede disfrutar del verano, de la playa y también de la cultura. Que hay una inquietud de la gente hacia estos contenidos", reseña el autor mejicano afincado en Cádiz.

Pilar Otero insiste en que las representaciones son "un éxito". También las visitas nocturnas, que cumplen su tercera temporada. En ellas, una arqueóloga guía a los asistentes a través de las ruinas con la participación de figurantes. Unas mujeres, por ejemplo, pueden ofrecer un sacrificio a los dioses, o bien reparar redes junto a la fábrica de salazones que dio fama a la colonia romana.

Los visitantes recorren el foro estratégicamente iluminado, la basílica, las termas, el acueducto, algunas viviendas, la necrópolis. El conjunto gaditano es uno de los que mejor hablan en el país de la configuración urbanística de las ciudades romanas y recibe más de 120.000 personas cada año, muchos en las vacaciones veraniegas. "Mire. 167 personas, 129, 160... 132", repasa Pilar la lista de los asistentes a las últimas visitas. El aforo es para 100 y hay que reservar plaza, pero todos los días hay que "buscar soluciones".

Después de las trece sesiones de julio, los organizadores preparan dos visitas temáticas más en agosto, una sobre la administración de la justicia y otra sobre el papel de la mujer en Baelo, los días 14 y 21.

Este verano es el primero de actividad del centro de interpretación del yacimiento. Es un edificio situado en la parte trasera de las ruinas que ahora da la bienvenida a los visitantes y ofrece información sobre el recorrido, además de exhibir algunos restos arqueológicos. Su construcción contó con el rechazo de muchos vecinos y ecologistas, que lamentaban su impacto visual en la ensenada y lo bautizaron con "el búnker". Ahora turistas y residentes pasean con normalidad por sus pasillos y algunos se fotografían encantados en las dos grandes terrazas de la entrada, bajo la que se extienden el yacimiento y la ensenada de Bolonia.

Ángel Muñoz, director del complejo, opina que el centro se ha convertido en un mirador "bien integrado" en la zona, "un impulso para Baelo Claudia". "El resultado es estupendo, con el forro de piedra que se ha aplicado al edificio, la demolición de la vieja oficina que estaba a pie de playa... Creo que la polémica se ha superado. Hasta algunas personas que en 2005 se manifestaron vestidos de romanos contra el centro hoy dicen que no está tan mal", añade el director.

Las salas del edificio han permitido añadir a la programación de verano de este año un ciclo de conferencias sobre el yacimiento y el mundo romano. La quinta y última ponencia será este viernes y explorará los orígenes de Baelo Claudia. Es un intento más de acercar al público a su herencia milenaria.

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