Blanch, a la busca de su lenguaje

  • El pianista catalán inaugura el ciclo musical del Castillo de San Marcos con un recital desigual

La primera cita del ciclo de música del Castillo de San Marcos fue el pasado jueves, donde asistimos a un recital del pianista Daniel Blanch, quien escogió como programa la Sonata en la mayor D. 959 de Schubert, Tres impresiones (Habanera, Las mozas del cántaro y Jardines de Toledo) de Joaquín Nin-Culmell y la cuarta Balada nº 4 en fa menor op. 52 de Chopin.

Daniel Blanch es un joven catalán con una sólida técnica. Sin embargo, en su actuación de El Puerto no mostró un dominio claro de la interpretación, ni expuso con precisión sus ideas sobre las obras; no se trata exclusivamente de leer la partitura.

Su Schubert resultó desigual: desangelado en el Alegro inicial, delicado en el Andantino, impreciso en el Scherzo y más implicado en el Rondo. La música del compositor vienés no permite fluctuaciones de fraseo (como, de hecho, parece provocar) y hay que estar muy preparado sicológicamente para correr esta carrera de fondo que es la sonata D. 959, creada apenas dos meses antes de la muerte del compositor.

En la segunda parte el pianista se encontró más cómodo con el repertorio, su interpretación de las Tres impresiones de Nin-Cullmell y la Balada en fa menor de Chopin dejaron ver que las tiene más trabajadas, aunque en algún momento su memoria le pusiera en un aprieto.

Creo que Daniel Blanch es un buen pianista que está buscando su propio lenguaje, quizás en su cita portuense no logró el equilibrio necesario para redondear una interpretación magistral, sus ultimas apariciones en publico han sido formando dúo con la violinista Kalina Macuta y quizás no haya tenido tiempo de preparar este concierto en solitario, sin embargo, se percibe claramente su sólida formación.

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