El presidente, protagonista, 'roba' una oreja a Sergio Aguilar

  • El público pidió, mayoritariamente, un trofeo para el diestro madrileño en la Corrida Goyesca del 2 de mayo en Las Ventas · Moreno y Urdiales cosechan ovaciones

GANADERÍA: Tres toros de Carmen Segovia -segundo, tercero y cuarto- y los otros tres de Conde de Mayalde, aceptablemente presentados y de juego desigual. TOREROS: José Luis Moreno, ovación tras aviso y silencio tras aviso. Diego Urdiales, ovación tras dos avisos y silencio. Sergio Aguilar, palmas y vuelta tras petición mayoritaria, con bronca al palco por denegar el trofeo. Incidencias: Las Ventas. Casi lleno en tarde de nubes y claros..

El presidente del festejo se erigió en protagonista de la tarde al negar a Sergio Aguilar una oreja pedida mayoritariamente por toda la plaza, en Las Ventas. Tan a gusto se quedaría el presidente negándole la oreja a Sergio Aguilar tras la importante faena que había llevado a cabo éste al sexto de la tarde. Su pañuelo fue el único que no asomó en la plaza. Manuel Muñoz Infante se llama, aunque a lo mejor no habría que citarle por su nombre, pues si es publicidad lo que iba buscando, bastante con la que formó.

¿A quién defiende la autoridad con actitudes así? Lo cierto es que los presidentes de festejos taurinos tienen asignados, entre otros cometidos, el de interpretar la voluntad popular a la hora de conceder o no la primera oreja. Y aquí estaba más que claro, clarísimo. Sin embargo, no, no hubo trofeo.

El usía se cerró en banda haciendo de menos la labor del torero y dedicándole al público el mayor de los desprecios. Público otrora soberano, ¿dónde puede acudir el espectador taurino para reivindicar su derecho negado?

Y puesto que el tal presidente no merece más atenciones a cuenta de tamaño despropósito, vale resaltar que la faena de Aguilar fue una especie de oasis final en el implacable desierto de aburrimiento que significó la corrida. También por eso tenía que haber actuado aquel con más generosidad, y fue todo lo contrario.

Una tarde cuyo desarrollo lo marcó el pobre juego de los toros. Sólo el primero, aún flojito y defendiéndose, brindó algunas posibilidades, sobre todo por el pitón izquierdo.

Sin embargo, Moreno no atacaría por ese lado hasta muy avanzado el trasteo. Hubo muletazos con despaciosidad y encanto, pero sin entrar en profundidades. En los remates, sí, se prodigó mucho, gustándose y gustando. Quién sabe si llega a matar a la primera, quizás le hubieran pedido la oreja. Aunque con el talante que reinaba en "el palco", igual no.

Moreno estuvo en el cuarto sólo aparente, y es que tampoco cabía más, dado que el toro, tardo y corto de embestida, no terminaba de pasar.

Urdiales anduvo con muchas desigualdades, más seguro en el toreo al natural a su primero, y torpón al empeñarse en alardear frente a un quinto toro moribundo.

De Aguilar, reseñar que su primero se vino abajo en las mismas probaturas de faena. Pero el sexto fue toro con movilidad y calidad. Y el hombre lo vio enseguida. Muleta por abajo, trazo largo y sentido. Toreo cadencioso, limpio y ligado. Profundidad se llama eso. Faena con muy buen ritmo alternando oportunamente las dos manos. Lo fundamental con extraordinaria exactitud. Los adornos también muy oportunos. La estocada en todo lo alto, y de efecto fulminante. ¿Qué vio el presidente? Pregunta para nota.

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