Trofeo por coleta para Bohórquez, Álvaro Montes y Diego Ventura

  • Muy poco público en la corrida de arte ecuestre que puso punto final a la feria taurina de la Manzanilla en la que se lidió una corrida de Ramón Sánchez que ofreció muy buen juego en líneas generales

Festejo de arte ecuestre que pone punto final a la Feria Taurina de la Manzanilla de Sanlúcar, en una plaza de El Pino que, para no variar, registró mucho cemento en una entrada que no tiene otro calificativo que muy pobre.

Y estaba anunciado un trío de ases del rejoneo, un cartel de primeras figuras. La falta de público induce a un grito de alarma porque sin afición no hay fiesta de toros y en Sanlúcar de Barrameda la gente, en esta feria, no está acudiendo a los toros.

El público, además, es el sustento del entusiasmo y del triunfo: el cemento ni aplaude ni se divierte, permanece mudo y frío y así estaba el graderío ayer en la centenaria plaza manzanillera, inerte y gris bajo un cielo plomizo y fresco.

Porque con el público habitual que conocemos en esta plaza la tarde hubiera sido muy diferente. Ni siquiera hemos oído a la banda atacando el pasodoble típico de Sanlúcar en esta feria. Y decimos que con el habitual y entusiasta público sanluqueño la tarde hubiera sido otra, porque lo bueno que hubo en el festejo de rejones hubiera calentado al tendido.

Vaya por delante que el ganado cumplió en exceso. Bien presentado pese a que no tenía, reglamentariamente, las puntas, resistieron todos los toros de Ramón Sánchez los dos rejones de salida de castigo, dando juego y acometiendo con movilidad, aceptando la pelea fuera de rayas y sin buscar los tableros ni rajarse nunca. Esto en una lidia como la de rejones moderna, de larga duración, de muchas acometidas y con muchos hierros en los lomos al final de la pelea, es ya una proeza. Y hay que añadir además que cada vez que un jinete cambiaba de jaco, el auxiliador de turno le daba capa al toro groseramente y sin medida.

Los tres toreros de a caballo también rayaron a muy buen nivel. Fermín Bohórquez con la sobriedad, temple y pura elegancia que persigue y le caracteriza; Álvaro Montes haciendo un gran esfuerzo por dar la cara en Sanlúcar, saliente de una estremecedora paliza en Madrid la víspera. Fue verdaderamente terrible la tunda que le dio el toro en Las Ventas el sábado, y se le veía andar dolorido en Sanlúcar donde toreó con la cabeza vendada, la cadera muy lastimada y la mano de herir vendada e hinchada. Y Diego Ventura, todo raza y empuje, poniendo toda la carne en el asador.

Lo dicho: si no hubo más triunfos que una oreja por coleta fue porque los jinetes no consiguieron entusiasmar al frío y desocupado cemento y porque fallaron a la hora de matar, como fue el caso de las dos últimas actuaciones.

Fermín Bohórquez fue ovacionado en el primero tras una faena en la que fueron de mérito las dos entradas a matar porque el toro se quedó ya reservón en el tercio de muerte. Destacó en los pares a dos manos y con las cortas. Con el cuarto de la suelta el jerezano cortó la oreja tras una cuidada labor en la que apostó de nuevo arriesgando mucho con las cortas y también rodó el toro sin puntilla.

Álvaro Montes recibió a su primero a porta gayola con la garrocha y el toro encelado en una buena galopada. Puso banderillas cuarteando, otro de dentro afuera y al violín y mató sin puntilla, cobrando la oreja. Con el quinto, templó las piruetas pareando para dejar llegar al toro muy en corto, alegrando la pelea con los cites en cabriola y subiendo de manos al caballo en el estribo. El fallo al matar le dejó sin trofeo.

Diego Ventura se dejó peinar la cola por el tercero, donde con "Morante" y "Horizonte" formó un alboroto clavando y adornándose. Cortó una oreja y pudo sumar otra en el que cerró plaza si no falla con el descabello, echando toda la carne en el asador con "Cali", con "Califa" suelto de manos, y con las banderillas cortas.

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