Rafaelillo se agiganta con el valor de siempre y con arte

  • El torero murciano pierde la Puerta Grande por el palco en una actuación muy completa · Joselillo cae herido grave y Fernando Cruz es silenciado

GANADERÍA: Cinco toros de Dolores Aguirre, bien presentados y, aunque manseando en los dos primeros tercios, de juego muy interesante. Y uno, quinto, de Fernando Peña, muy toreable. TOREROS: Rafael Rubio 'Rafaelillo', aviso y vuelta tras fuerte petición de oreja, con abucheo al palco por denegarla y oreja con petición de la segunda. Mató el sexto, por cogida de Joselillo (silencio). Fernando Cruz, silencio y silencio tras aviso. José Miguel Pérez 'Joselillo', silencio tras aviso. Incidencias: Plaza de Las Ventas. Lleno. Joselillo fue operado de herida de 20 centímetros en el muslo derecho, que causa grandes destrozos y contornea el fémur, con contusión del nervio ciático. Pronóstico grave.

Una oreja cortó Rafaelillo en Las Ventas, premio no obstante exiguo a los méritos de sus dos faenas, de mucho valor y arte, en una tarde en la que Joselillo cayó herido grave. Tres orejas, tres, pudo cortar Rafaelillo. Para ser más categórico, habría que sustituir el pudo por un debió, así, con todas las de la ley.

El pequeño gran torero de Murcia perdió hoy más que la Puerta Grande, puesto que además de merecer las dos orejas para tal honor en el cuarto, eso sí, si lo llega a matar con la debida contundencia, ya en el toro primero el presidente le había disimulado un trofeo. Está claro que debieron ser tres las orejas para "Rafaelillo", y al final fue sólo una por circunstancias bien distintas.

Llueve sobre mojado en el tema del palco, por su falta de criterio. Se trata del mismo presidente que castigó sin trofeo a Sergio Aguilar el día 1 de mayo después de una faena de mucha altura, y por supuesto con petición mayoritaria. Hace cuatro días, en cambio, le regaló un apéndice a Curro Díaz sin pañuelos ni toreo que lo justificara. Y hoy ha vuelto a ponerse en contra de toda la plaza dejando a Rafaelillo sin la oreja del primero cuando la faena había resultado también redonda en todos los aspectos.

Faena, la primera, de dominio y plasticidad, a un toro que iba pero de qué manera, sin terminar de entregarse, y con la dificultad añadida del viento. A fuerza de marcarle el camino, terminó echándose para adelante el doloresaguirre, para encontrarse siempre con el torero, muy cruzado, lo que se dice la muleta puesta, y esta vez, muy importante, también el corazón. En la tercera tanda a derechas "rompieron" definitivamente el toro y la faena, ya en categoría hasta el espadazo final.

Mayoritaria y ruidosa petición. Pero no quiso saber nada el presidente. La vuelta, aclamada, con sabor a trofeo.

Y ya el cuarto, un toro que embestía templado, despacito, dio paso a otra versión de Rafaelillo. La del arte, la hondura y el sentimiento. Descolgado de hombros, que es como decir abandonado el cuerpo, arrastrando media muleta y con extraordinaria lentitud.

Toreo de éxtasis por su estética composición y por el aroma que desprendía. Extraordinaria interpretación de lo fundamental, y los adornos, recreándose con la trinchera, el cambio por delante y el del desprecio, amén de los de pecho, que surgieron larguísimos en el tiempo y en el espacio.

A tal toro -hay que valorar también lo que prestó el animal- tal torero. Esta vez, Rafaelillo, y sin ánimo de rebautizarle, fue todo un Don Rafael. Una pena que con la espada no estuviera tan tajante. Finalmente paseó una oreja y, muy importante, está dando mucho que hablar.

No hubo más en la tarde. Cruz no pudo hacer nada en su imposible primero, manso y muerto en el caballo. Y anduvo sin ambición en el buen quinto, empeñándose en torear entre las rayas cuando el toro pedía los medios.

Joselillo tampoco se entendió con el tercero, toro que hizo cosas feas de salida pero que llegó a la muleta con ganas de embestir. Y en el sexto, el percance. Éste no era de fiar, y al final lo cazó. Toreando al natural le levantó los pies del suelo, y en el aire, ¡zas!, el derrote seco le alcanzó de lleno. La cosa fue sólo grave, pues se temió algo peor.

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