Toros· feria de san miguel

Serna, herido grave en su alternativa y Talavante borda el toreo al natural

  • El sevillano sufre una cornada de pronóstico grave en la axila derecha de 12 cm. al entrar a matar al toro de su alternativa

  • El pacense cuaja una faena excelente que no remata con la espada a su primer toro y corta una oreja, con petición de la segunda, en su segundo

  • Roca Rey, ovacionado con un lote poco potable

Rafael Serna es conducido a la enfermería tras su cogida. Rafael Serna es conducido a la enfermería tras su cogida.

Rafael Serna es conducido a la enfermería tras su cogida. / Juan Carlos Vázquez

En la segunda y última corrida de la Feria de San Miguel se vivieron momentos dramáticos y también, en la cara positiva, de buen toreo. La terna, compuesta por Alejandro Talavante, Roca Rey y Rafael Serna se enfrentó a un encierro compuesto por tres toros de Hermanos García Jiménez -segundo, tercero y cuarto-, dos de Olga Jiménez -primero y quinto- y Peña de Francia -sexto-, misma casa ganadera y de igual encaste (Juan Pedro Domecq). Una corrida bien presentada y de juego desigual.

No tuvo buena suerte el sevillano Rafael Serna con el toro de su alternativa, Almendrito, que resultó una almendra amarga. Negro, de 525 kilos, con el hierro de Olga Jiménez, serio, engatillado, le fastidió el doctorado al diestro cuando le infirió una cornada a cambio de un espadazo certero. El cuchillo que era el astifino pitón derecho llegó a rozar la yugular del torero. Las asistencias se llevaron al diestro de inmediato a la enfermería, donde sería operado de una cornada en la axila derecha de 12 centímetros. Silencio y angustia en la plaza. La madre y las dos hermanas de Serna descendieron desde el tendido 5, como centellas, a las profundidades de la enfermería. El toricantano se había jugado anteriormente la vida en una larga cambiada de rodillas a portagayola de la que salió ileso milagrosamente. Tras la cesión de trastos por su padrino, Talavante, el brindis a su padre, en el callejón, fue entrañable. Se fundieron en un abrazo sin palabras. Todos supimos que con su mirada hablaba de vida y agradecimiento. La faena, con los nervios propios de un toricantano, estuvo marcada por la entrega y el esfuerzo ante un toro complicado.

Talavante, quien sustituía a José María Manzanares, cuajó una gran faena al natural al segundo astado, Derribado II, del que perdió un premio gordo precisamente por no derribarlo, por no estoquear como mandan los cánones en la suerte suprema. El pacense no quiso ser menos que su ahijado y se marchó frente a toriles para una larga cambiada de hinojos. Manejó bien el percal. Pero con la muleta llegó un recital con su especial izquierda. Tras una tanda al natural que cerró con un pase de pecho mirando al tendido, llegó otra con calidad y una tercera en la que primó la pureza, citando de pecho. Un puñadito de naturales sueltos, de frente, girando lentamente la cintura, fueron un monumento a la suavidad. A todo ello añadió bellos remates y cambios de mano. La plaza rugía. Faltaba coronar la magnífica obra con una gran estocada. Se escuchaba el silencio... cuando Talavante pinchó una y otra vez, hasta media docena de envites y la estocada definitiva. El público, rendido ante el torero, pese al desacierto con la tizona, le propinó una gran ovación a la que respondió saludando desde los medios.

La segunda corrida de la Feria de San Miguel, en imágenes La segunda corrida de la Feria de San Miguel, en imágenes

La segunda corrida de la Feria de San Miguel, en imágenes / Juan Carlos Vázquez

Ante el cuarto, un toro sin entrega, que no humillaba en sus embestidas, Talavante realizó una faena a media altura con algunos buenos pasajes, con ligazón, que cerró con unas manoletinas. En la suerte suprema fue prendido de manera aparatosa a cambio de una estocada. Talavante se agarró al cuerno derecho como a un mástil salvador. Y tras la refriega, de la que pudo salir herido gravemente, afortunadamente sólo quedó como muestra un agujero en la taleguilla. El público, impactado, pidió las dos orejas, con protestas al presidente, que dejó el premio en un trofeo.

Talavante, en el sexto, toro que correspondía a su compañero herido, se estrelló contra un muro, un toro complicado y sin fijeza con el que porfió en vano; escuchando palmas tras pinchazo y estocada.Roca Rey contó con un lote poco potable. Ante el tercero, incierto de salida y que se quedaba cortísimo, pudo robar algunos muletazos de buen corte y cerrar con un arrimón. Tras pinchazo y estocada fue ovacionado.

Al quinto, sin fijeza ni clase, le costaba embestir. Roca, variado con el capote, concretó una labor voluntariosa que comenzó de manera explosiva con muletazos cambiados por la espalda en los medios y que acabó en otro arrimón con el toro totalmente rajado. Mató de pinchazo y estocada y fue ovacionado.La tarde estuvo marcada por la cornada al sevillano Rafael Serna en el día de su alternativa, en el que bordó el toreo al natural Alejandro Talavante.

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