Película de debutantes sin trama

  • Paco Chaves, Patrick Oliver y Antonio Rosales fueron silenciados en un espectáculo de pobre argumento · De la novillada de Yerbabuena -Ortega Cano- destacaron cuarto y, principalmente, sexto

GANADERÍA: Novillos de Yerbabuena -propiedad de José Ortega Cano-, en conjunto bien presentados y de dispares hechuras y juego. Destacaron por su buen comportamiento el cuarto y, fundamentalmente, el sexto, aplaudidos. TOREROS: Paco Chaves, de azul y oro. Estocada y cinco descabellos (silencio tras aviso). En el cuarto, estocada (silencio). Patrick Oliver, de corinto y oro. Estocada que no precisó de puntilla (silencio). En el quinto, pinchazo, estocada y un descabello (silencio tras aviso). Antonio Rosales, de rosa con remates negros. Pinchazo y estocada (silencio). En el sexto, estocada (silencio tras aviso). Incidencias: Plaza de toros de la Maestranza. Domingo 9 de mayo. Media entrada. Viento. Tarde fresca. Los tres novilleros debutaban en la plaza de Sevilla.

La empresa volvió a apostar por una novillada con tres debutantes, como sucedió hace una semana. El cartelazo despertó tanta expectación que muchos abonados hicieron novillos y no se pasó de media entrada. Y como hace una semana, el espectáculo acabó siendo una película sin trama, sin argumento, sin contenido alguno. Del encierro de Yerbabuena -desigual de hechuras y trapío- destacaron el cuarto novillo, que fue a menos, y principalmente el sexto, que embestía bien por ambos pitones.

La película comenzó ya con malas trazas, pues al poco interés y el mucho cemento en el tendido, se añadió como estrella invitada un tal Eolo, que azuzó más a los novilleros: Paco Chaves, Patrick Oliver y Antonio Rosales.

Paco Chaves -el más preparado- dejó impronta de su valor en el que abrió plaza, un novillo muy peligroso ante el que expuso sin medida. El pacense se esmeró en un tercio de banderillas variado, con un buen par ganando la cara al astado; se la jugó en otro, al violín, en el que le cortó el viaje, peligrosamente, el cornúpeta; y prendió un tercero al quiebro para ganar una merecida ovación. Con la muleta en la diestra soportó gañafones por doquier y cuando se la echó a la izquierda, el novillo se le tiró directamente al pecho. Dejó una buena imagen. Positiva credencial que no llegó a rematar en su otro novillo, el cuarto. En esta ocasión, Chaves se lució a la verónica con tres magníficas verónicas y una media. De nuevo, cosechó palmas en banderillas. Y, además, esbozó con cierta torería el prólogo de la faena. Todo apuntaba al éxito. Pero la faena fue a menos, como el novillo; entre tanto el torero no llegó a acoplarse.

De Patrick Oliver quedó la sensación de que la oportunidad le venía grande. Sufrió un varetazo por debajo de una rodilla, en la voluntariosa labor que instrumentó al segundo, un ejemplar sin clase, al que mató de una buena estocada; rodando el novillo sin puntilla. Con el mansísimo quinto, se le vio dubitativo y carente de oficio.

Antonio Rosales fue desbordado por su lote. Le faltó mando ante el tercero, un novillo con movilidad, aunque sin clase. Muletazos muy rápidos; y series muy cortas. Para colmo fue desarmado cuando manejaba la zurda, y en otra escena, con la muleta en la diestra, salió trastabillado. Tuvo en suerte al mejor novillo del encierro, el sexto, un animal serio, largo, que se empleó en varas y que metía bien la cara tras las telas. El madrileño, fuera de cacho, consiguió una tanda por cada pitón. Dos series muy cortas, en las que no llegó a comprometerse ni llevar toreado al novillo.

Cuando la tarde se vencía envuelta entre el sopor y el frío se encendieron las luces de la Maestranza. Era como despertarse en el cine tras una mala película. Una película con debutantes y sin trama.

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