Plaza de espartinas

El Fandi, cuatro orejas en la alternativa de Espartinas

  • El diestro espartinero fue doctorado por su paisano, el maestro Espartaco

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Ganadería: Toros de María José Barral, el quinto, como sobrero, sustituyó a uno devuelto tras quebrantarse en la suerte de varas. Encierro de desiguales hechuras y discreto en presentación, que en conjunto adoleció de falta de fuerzas.

Juan Antonio Ruiz ‘Espartaco’, de sangre de toro y oro. En el segundo, casi entera y un descabello (oreja tras aviso). En el cuarto, estocada muy caída (saludos).

David Fandila ‘El Fandi’, de grana y oro. Estocada (dos orejas). En el quinto, casi entera (dos orejas).

Agustín de Espartinas, que tomó la alternativa, de blanco y oro. Cuatro pinchazos y seis descabellos (silencio tras un aviso). En el sexto, pinchazo hondo, dos pinchazos y estocada (oreja).

Incidencias: Plaza de toros de Espartinas. Jueves 1 de mayo de 2008. Casi lleno en tarde espléndida y soleada.

La noticia en la corrida de ayer en Espartinas estaba marcada por el doctorado de Agustín de Espartinas, a quien dio la alternativa su paisano Juan Antonio Ruiz Espartaco. En la corrida, de María José Barral, de desiguales hechuras y muy discreta en presentación, ganó la partida un David Fandila El Fandi que, con muchos resortes para llegar a la galería, cortó cuatro orejas.

El Fandi, que ya en el tercio de banderillas, se mete al público en el bolsillo, buscó con denuedo el espectáculo con su habitual variedad capotera y, a su modo, también dio fiesta a su lote con la muleta. Que nadie piense en exquisiteces. Pero quedó claro que el torero granadino llega con suma facilidad a los tendidos. Y, además, sentenció con eficacia en la suerte suprema. Tuvo el mejor lote. Con el castaño tercero, un ejemplar noble, el torero, entre par y par de banderillas, jugueteó en el segundo tercio a su antojo, haciendo gala de un poderío físico extraordinario y de profundos conocimientos de los terrenos. El Fandi consiguió poner a parte del público en pie. Las palmas echaron humo. Fue el momento más vibrante que vivieron los tendidos. Fueron dos pares a la moviola y otro al violín, en los que con un sombrero panamá, arrojado por un espectador, llegó a templar la carrera del astado hasta conseguir que se parase, colocándoselo al final de la suerte en el testuz. Luego, en la faena, tiró bien del animal, destacando en algunos naturales. Mató de estocada y fue premiado con dos orejas. Al quinto toro lo quebrantó el picador. En su lugar saltó un sobrero del mismo hierro, que resultó manejable. En esta ocasión, El Fandi estuvo menos espectacular con los rehiletes. Y de nuevo inició de rodillas una faena larga y esforzada por ambos pitones, con un animal que perdió muchos enteros tras las carreras en banderillas. Se tiró con fe en la suerte suprema y fue premiado con otros dos trofeos.

Agustín de Espartinas, de blanco y oro, el tradicional vestido en los doctorados taurinos, dedicó la primera faena de su carrera a su padre. Para aquellos que gusten de estadísticas y efemérides, el toro de su alternativa se llamó Tentador, estaba marcado con el número 89, negro bragado, gacho y algo bastote. Aunque noblón, resultó muy parado. El toricantano, dispuesto, lo recibió con una larga cambiada de rodillas frente a chiqueros. Espartaco le cedió los trastos y doctoró con una parrafada kilométrica. Lo más brillante conseguido por el último matador de toros de Espartinas fueron dos tandas con la diestra, con muletazos templados, en los medios. Cuando tomó la izquierda el toro ya estaba casi asfixiado. El epílogo, con un desarme, resultó deslucido. Y el torero dio un mitin con los aceros.

Agustín de Espartinas lanceó bien a la verónica al sexto, muy flojo y noble. El comienzo de faena tuvo brillo, con tres muletazos con la diestra, metiendo los riñones, y un largo pase de pecho. Posteriormente el toro perdió las manos y faltó emoción, una emoción que quiso añadir el torero por la vía heterodoxa, con un sinfín de muletazos de rodillas. Volvió a fallar con la espada. El público, muy cariñoso, solicitó trofeos y le concedieron una oreja.

Espartaco, que el año pasado se vistió de luces en un par de corridas –una de ellas, aquí, en Espartinas– tuvo ayer el detalle de retornar para conceder la alternativa a Agustín, a quien Espartaco padre forjó en sus comienzos. Espartaco se peleó y enfadó con el parado y tardo segundo, al que cortó una oreja. Debió usar antes el verduguillo. Hubiera evitado un aviso y dilatar innecesariamente la agonía del animal. Con el cuarto, que se revolvía con prontitud, no tuvo opción al lucimiento.

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