Fandi y Castella, gracias toreros

  • David Fandila 'El Fandi', treinta y dos veces por la puerta grande, volvió a demostrar por qué es tan querido en su tierra y cortó cinco orejas. Sebastián Castella, en el sexto, hizo el toreo soñado

Era una de las tardes más esperadas de la feria taurina del Corpus, un mano a mano que enfrentaba dos estilos que no son comparables, El Fandi y Castella, poder y quietud frente a frente. El granadino que no defrauda nunca, con un estilo personalísimo y poderoso, y en el recuerdo, la faena de Castella del pasado 8 de junio en otro mano a mamo, en aquella ocasión, con Talavante.

Los primeros toros no daban muy buanas sensaciones, todo muy sosito y la tarde que se iba perdiendo en intentos más o menos frustrados.

El Fandi había cortado la oreja de su primero y Castella también. Otras dos David en el tercero, pero el toro tampoco dijo demasiado, El Fandi sí. Castella que tampoco llega en el cuarto, se desvanecían las ilusiones. Pero quedaban dos toros por salir, el quinto, de Santiago Domecq, bueno y noble, aunque no sobrado, y sobre todo el excelente sexto, de Ana María Bohórquez.

Los dos toreros estuvieron a favor de estilo. El Fandi con una faena seria, variada e importante. Para lo de Castella faltan calificativos, sencillamente ¡torerazo!

La Semana Grande de Granada ganó ayer enteros, el público salió toreando y entusiasmado, había asistido a un auténtico espectáculo, y la corrida bien valía una Feria.

No es fácil dar prioridad a una tarde como la vivida el día del Corpus. Un día grande en las calles de Granada y un gran día también en el ruedo.

Lo de David Fandila, ya es casi habitual, su puerta grande no sorprende ya a nadie -nos tiene mal acostumbrados-, pero es que además se vio a un David serio, entonado, poderoso y con unas faenas medidas y argumentadas. Lo de las banderillas, sin paliativos, geniales.

Pero como dejamos atrás lo del francés Sebastián Castella, imposible. Fue una faena de las que cualquier torero pagaría sencillamente por soñarla, y no digamos los aficionados y público en general. Cuando se ve algo así en el ruedo, se fijan las miradas en el ruedo, y se encogen los corazones menos sensibles. Exquisito y de una elegancia y sensibilidad que supera casi lo humano.

Vamos por orden, y digo de lidia. salió Barberecho al ruedo, abría plaza, un toro serio, pero desgraciadamente muy justo. David en el ruedo, lo ve rápido, y no lo fuerza en el capote.

Toque en el caballo y deriva. Banderillas poderosas y en todo lo alto, dos de poder a poder y su famoso violín. Brindis al respetable y al olivo. El toro protesta al salir de la tanda, El Fandi está firme, pero el astado transmite muy poco. Dos tandas al natural muy elaboradas y acompañando la escasa embestida, pero no puede forzar, y la emoción se torna casi imposible. Molinete de rodillas y cercanias. Detalles sueltos de buen corte, pero de difícil conjunción su faena.

Dos largas cambiadas, verónicas de rodillas, chicuelinas y David a comerse al tercero. Quiebros y moviolas en banderillas, un espectáculo. Se sale al centro con parsimonia, de rodillas, templado y preparando el ánimo.

El Fandi da tiempo y mide muy bién al oponente. El animal protesta sus justas fuerzas, pero no se arruga el granadino, y domina su escasa embestida. Se apaga pronto el segundo de su lote, pero el arrimón, desplantes de rodillas y todo tipo de alardes rematan una faena que agradó al respetable.

Lo mejor estaba por llegar en el buen quinto. Álvaro de la Calle -sobresaliente- tuvo su oportunidad en un quite por chicuelinas, para provar las mieles de los que habían realizado El Fandi y Castella en el segundo y tercero.

Otra vez banderillas, de poder a poder las primeras, cogió dos pares, violín y recorte, otro par más y otro violín. Se ve en apuros al clavar y coge un cuarto par, de poder a poder, para al toro, y el delirio.

Comienza de rodillas, y toreando, ante un público entregado y con los olés en cada pase. Completa, argumentada, seria y sin concesiones resulta la faena. Algún pase y los remates de pecho, muy largos. Arrimón, desplantes de rodillas, variadísimo y ¿quién da más?.

Sebastián Castella se enfrenta a su primero. Es a contraestilo, el toro no dice nada, lo toca por ambos pitones por alto. Insiste y provoca, pero tiene muy poquito el toro. Dos circulares, en otras tantas tandas, metido entre los cuernos y exprimir lo que el toro no tiene, fue agradecido por los tendidos.

El cuarto, sobrero, transmite aún menos y de raza, ni olerla. Lo provoca, pero no pasa, lo tantea, pero imposible, y encima derrota. Mejor abreviar y no aburrir. La música parece estar en otro espectáculo,¡como tantas veces!.

Pero faltaba el sexto. Castella sale en torero ya con el capote. Brinda al público, ve claro al excelente sexto, y no quiere que se le escape la ocasión.

Como un ritual, como una estatua, en el centro del ruedo. Pases cambiados, torería, increíble.

Sin enmendarse ligó unas tandas ajustadas entre los olés del tendido. Estampa antigua al natural, barbilla en el pecho, desmallado, hondo, largo y torerísimo. Público encandilado y toreo de otra galaxia.

Alarga la faena, de frente. Manoletina, circular, magnetismo y simplemente, toreo de ensueño.

¡Gracias Torerazos!

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