Vivir en córdoba

Una viaje a través del tiempo para recordar la crueldad humana

  • Una muestra situada en la calle Manríquez, junto a la Mezquita, recoge los aparatos de tortura que se usaban en Europa desde los siglos XII hasta el XIX

Cuestiones religiosas, habladurías o envidias eran los principales argumentos para ajusticiar y torturar a las personas, una práctica que estuvo vigente desde el medievo hasta pleno siglo XIX. Incluso en España, algunos métodos se llegaron a utilizar hasta 1975, la fecha de los últimos ajusticiamientos. Resulta cuanto menos impresionante ver una guillotina o las jaulas donde ahorcaban a los campesinos -en su mayoría- en la actualidad, pero una exposición ha reunido en Córdoba todos estos horribles instrumentos que por primera vez -pertenecen a una colección privada que ha pasado de generación a generación- se exhiben al público. La muestra está instalada en la calle Manríquez, frente al Albergue Juvenil y por ella han pasado ya muchos visitantes que insisten en el impacto que produce. Precisamente, este es el objetivo de los organizadores de esta exposición: comprobar que el tiempo ha pasado y que la tortura y la privación de libertad no tienen cabida en un régimen constitucional. Es un recorrido que invita a reflexionar.

El potro de tortura es el más famoso y el más utilizado. Allí sentaban al enjuiciado y se le estiraba con sogas hasta conseguir el descoyuntamiento y el desgarramiento. Primero se dislocaban los hombres y luego las rodillas, los codos y la cadera. Sobra explicar el sufrimiento y el dolor que provocaban estas actuaciones. El garrote fue usado en España hasta 1975. Consistía en un collar de hierro que se ajustaba hasta conseguir asfixiar y partir el cuello. Tuvo que morir Franco y llegar la Constitución para prescindir de tan escalofriante instrumento, que dio lugar a la película El verdugo. Se trata de un viaje a través del tiempo donde se puede ver a la perfección los extremos de la crueldad humana, documentada y detallada.

La muestra también incluye los instrumentos de humillación pública que se usaban sobre todo para mujeres y borrachos. El violín de las comadres, por ejemplo, aprisionaba la cabeza y los brazos de la enjuiciada. También están las máscaras infamantes, utilizadas contra los disidentes del gobierno de turno y que incorporaban elementos de hierro en la boca, y el cepo o brete, maderos en los se aprisionaba a la víctima por las muñecas, tobillos y garganta para exhibirlos en la plaza pública, donde eran golpeados.

Los instrumentos de tortura también se utilizaban para obtener la confesión. Además del potro de tortura, donde se estiraban las extremidades de las víctimas, se exhibe la cuna de Judas o el suplicio del agua, mediante el que el torturado era obligado a beber en grandes cantidades para provocarle sensación de ahogamiento.

La exposición se puede visitar todos los días de 10:00 a 21:00 por sólo 2,5 euros. Por ahora, la idea es que la galería se quede de forma permanente, aunque ya se han recibido ofertas para exhibir la muestra en otros puntos de España.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios