Solidaridad Los indigentes, la otra cara de la calle

Los 'sin techo' chinos: pobreza bajo cero

  • Un creciente número de indigentes malviven a -1 grados en Pekín, centro de la tercera potencia económica mundial

Las peores heladas en cuatro décadas en el norte de China afectan sobre todo al creciente número de indigentes que malviven al raso o entre las ruinas de un Pekín a 12 grados bajo cero de media, no lejos de los rascacielos de la tercera potencia económica.

Hua Dexiao es una de estas indigentes. Tiene 86 años y desde hace diez es una demandante que se desplazó desde su provincia natal de Henan, en el centro del país, hasta Pekín para reclamar justicia por un delito del que fue víctima.

La anciana Hua intenta enfundarse con dificultad en uno de los abrigos, que le ha traído a ella y a otra decena de indigentes Liu Dejun, responsable de una web de caridad que se ocupa de estos olvidados por un milagro económico con calefacción central.

El heterogéneo grupo de indigentes parece salido de la imaginación del escritor francés Víctor Hugo: ancianos, enfermos, incapacitados, contrahechos. A la pregunta de si mendigan, la mayoría dice que no, que recogen basuras o reciclan botellas.

El grupo se altera cuando llega el coche de otro voluntario que les entrega una decena de mantas y abrigos en plena calle. Uno de ellos, que actúa como líder, comenta con Liu cómo recaudar fondos para que los hijos de unos conocidos puedan estudiar; Liu los escucha a todos y les ofrece su tarjeta de visita, en la que reza en chino: "Ayuda dentro y fuera de internet", y en inglés: "Por los derechos humanos".

"A través de nuestros esfuerzos esperamos llamar la atención dentro y fuera de China", explica Liu, de 33 años. El objetivo de su grupo de caridad es "despertar la conciencia de los ciudadanos chinos sobre sus derechos", con el fin de limitar "las violaciones de los derechos humanos" por parte del poder. Liu desconfía de las autoridades ya que, asegura, "no respetan a los indigentes, más bien los tratan como a prisioneros".

El frío ha provocado que los sin techo se hacinen en los antiguos callejones imperiales, a punto de ser derrumbados, entre basuras, plásticos y ropa; otros, los que pueden pagar algo, se alojan en casuchas baratas compartidas por uno o dos dólares diarios; los más desprotegidos, entre cartones y plásticos. Entre ellos hay desempleados, campesinos emigrados a la ciudad, religiosos, acróbatas y muchos peticionarios como es el caso de la anciana Hua.

En China no existen cifras oficiales de mendigos e indigentes, pero las autoridades aseguran que entre 1978 y 1995 el régimen sacó a más de 200 millones de personas de la pobreza, según el baremo chino que otorga un poder adquisitivo superior al del resto del mundo al dólar diario que la ONU toma como umbral de la pobreza.

En 2001, la pobreza afectaba a 30 millones de chinos, según el criterio chino de hasta 400 yuanes al año, unos 56 dólares actuales.

Los organismos de la ONU destacan la rapidez con la que China ha reducido su pobreza, sin precedentes en la historia. Sin embargo, el Banco Mundial (BM) estimó en el último año que la cuantía actual ascendería a 300 millones. Las cifras indican que en 2005 había 150.000 niños viviendo en la calle, según el Ministerio de Asuntos Civiles chino; mientras que en 1999 Pekín expulsó a 100.000 mendigos de la capital, la mayoría inmigrantes rurales.

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