El regreso del tigre de Tasmania

  • El ADN de un animal desaparecido hace 70 años vuelve a estar vivo, dentro del genoma de un ratón, tras un complicado proceso de ingeniería embrionaria

Científicos australianos anunciaron ayer que han logrado integrar un fragmento de ADN del tigre de Tasmania, una especie extinta en 1936, en un embrión de ratón.

Andrew Pask, quien dirigió el equipo de investigadores del departamento de Zoología de la Universidad de Melbourne que realizó el experimento, explicó a Efe que es la primera vez en el mundo que se utiliza el ADN de una especie desaparecida "para inducir una respuesta funcional en otro organismo vivo".

"Podemos repetir la misma prueba con otros animales extintos como los mamuts o los dinosaurios, de los cuales tenemos muchísimo ADN y aprender cómo funcionaban parte de sus genes", indicó Pask, quien subrayó que el descubrimiento abre las puertas a muchos experimentos.

El científico opinó que ideas hasta ahora reservadas a la imaginación o películas de cine como Parque Jurásico podrían convertirse en realidad, y medio bromeó al poner como ejemplo la posibilidad de crear un ratón con alas de pterodáctilo. "Esto no creo que sea posible, pero es un ejemplo para que se entienda cómo podemos seguir ahora la investigación", dijo.

Según Pask, "continúa abierta la posibilidad recrear al completo la secuencia de ADN del animal, una posibilidad que plantearon los científicos del Museo de Australia", precisó.

El experimento australiano abre también otros horizontes, ya que puede permitir llegar a saber cómo era la piel de los dinosaurios o si tenían la sangre fría o caliente, o conocer los secretos que puedan guardar genes en los fósiles de los hombres de Neandertal, entre otros datos hasta el momento conocidos a través de informaciones indirectas.

La investigación científica, que fue llevada a cabo por Pask y su colega Marilyn Renfree, y cuyas conclusiones serán publicadas en la revista científica de libre acceso PLos One, empezó cuando lograron extraer eslabones del gen Col2a1 de cuatro ejemplares de tigre de Tasmania o Thylacinus de 100 años de antigüedad, que habían sido preservados en varios frascos de etanol en el Museo de Victoria. Los investigadores ensamblaron los fragmentos y formaron un gen que participa en el proceso de crecimiento óseo y que es similar a un gen que tiene el ratón.

Conseguido el gen, le añadieron una bacteria que produce el color azul y lo integraron en un embrión de ratón, a fin de trazar su migración dentro del organismo. Pask explicó que el cartílago en los huesos en desarrollo del ratón embrionario creció de color azul, lo que demuestra que el gen del tigre funcionaba en su nuevo huésped.

Hace nueve años, el entonces director del Museo de Australia, Mike Archer, descubrió un embrión de este pequeño tigre-marsupial en un frasco olvidado en el almacén de la entidad. La muestra fue enfrascada en 1866 y si bien inicialmente se creyó que el ADN estaba casi en perfectas condiciones para poder devolverlo a la vida, Pask no lo creyó posible en un principio. Archer, que ahora es decano de Ciencia de la Universidad de Nueva Gales del Sur, manifestó ayer que su idea puede estar ahora más cerca de la realidad. Sería necesario realizar el proceso con la secuencia entera del ADN del animal, y por el momento en el Museo de Australia han logrado recoger ADN de tejido del corazón y el hígado del embrión, y de músculos, del fémur, de la médula ósea, y de un premolar de otros ejemplares. "Un trabajo monumental y por ahora imposible, pero que podríamos ver completado a lo largo de nuestra vida", concluyó Pask.

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