La llegada de las nieves

  • Los temporales siempre acarrean desórdenes, caos y desgracias y siempre habrá motivos para las quejas, pero apenas hay roces entre las distintas administraciones

Desde el 4 de enero, centenares de personas han estado en sus puestos, ajenos a las fiestas familiares, trabajando a pleno rendimiento para paliar los efectos del temporal de nieve, agua y viento que pronosticaba el Instituto Nacional de Meteorología.

Tres ministerios tienen competencias sobre ese tipo de operaciones -Interior, Defensa y Fomento-, pero es hacia éste último al que se dirigen siempre todas las miradas cuando vienen mal dadas. De Fomento depende la viabilidad de las autopistas y carreteras, la salida y despegue de aviones y el tránsito de trenes, tanto los de cercanías -que mueven diariamente a millones de españoles- como la alta velocidad. Protección Civil está adscrita a Interior, al igual que la Dirección General de Tráfico y la Guardia Civil, y Defensa está obligado a mantenerse en alerta por si hay que movilizar la UME, como ha ocurrido durante estos últimos días en Andalucía cuando hubo que habilitar en un tiempo récord un puente que se había venido abajo.

El operativo de Coordinación lo lleva directamente Protección Civil; es a esa dirección general a donde Meteorología envía sus informes, como hacen Tráfico y Fomento, que pasa los datos sobre el funcionamiento del transporte y el estado de las carreteras. Es Protección Civil quien da la señal de alerta y, cuando es naranja, de forma automática se pone en marcha el dispositivo de emergencia y comienzan a trabajar las unidades responsables de solucionar los problemas, hacer transitables las vías de comunicación y que entren en funcionamiento los servicios de emergencia, listos para intervenir donde sea necesario.

En el Ministerio de Fomento son conscientes de que para José Blanco es asunto prioritario el dispositivo de respuesta a los temporales de nieve, así lo dijo en los primeros días de ocupar el cargo y desde entonces ha dado el máximo protagonismo a las cuestiones relacionadas con la respuesta que hay dar ante los temporales de nieve, a las operaciones que deben estar ultimadas, listas para ponerlas en práctica en cualquier momento.

Los efectivos humanos se han incrementado en un 15% en algunas regiones españolas y el mismo porcentaje se ha dedicado a la ampliación del material que se debe utilizar en los momentos críticos. Almacenes para sal y salmuera salpican la geografía nacional, y los antiguos peones camineros se han convertido en personal especializado. Conocen la utilidad y utilización de la maquinaria que limpia las vías de comunicación y además a la mayoría de ellos, que años atrás contaban con muy escasa formación, se les exige en la actualidad al menos el carnet de conducir vehículos de transporte.

Curiosamente apenas existen roces entre las distintas administraciones públicas en los momentos de crisis; todas ellas, gobiernos autonómicos y municipales, son conscientes de que el Gobierno central cuenta con el dispositivo más eficaz y los medios más adecuados. En el temporal que afectó a España a principios de diciembre los quitanieves de Fomento comenzaron su tarea al poco de iniciarse las nevadas, aparte de que el día anterior se habían distribuido miles de toneladas de sal. Al llegar al límite de sus competencias, cuando se iniciaban las carreteras dependientes de ayuntamientos y autonomías, se indicó a los conductores que ampliaran su campo de actuación aún sin contar con el consentimiento previo de las autoridades competentes. Ninguna de ellas expresó posteriormente sus quejas; al contrario, agradeció que el trabajo se hubiera ampliado más allá de sus responsabilidades. Y también es Fomento el que toma la decisión de ordenar a los concesionarios del peaje de autopistas que levanten las barreras de peaje y faciliten la libre circulación de vehículos cuando la nieve convierte en intransitables las autovías, o cuando las tormentas obligan a regresar cuanto antes a casa o llegar al lugar de destino.

Es el Ministerio, el Gobierno, quien paga la factura correspondiente, como se recuerda a los concesionarios cada vez que desde Fomento se les llama para ordenar que dejen de cobrar el peaje para facilitar la circulación.

Hay fallos, siempre puede haberlos y siempre los habrá, pero de los errores se aprende y hoy se reacciona con más prontitud y eficacia ante la alerta de nieve y mal tiempo. En ocasiones fallan las previsiones meteorológicas, otras veces los dispositivos no responden con la esperada prontitud y, lo que es más frecuente y rompe los esquemas en el gobierno central y en los autonómicos y municipales, los ciudadanos no cumplen las recomendaciones que se repiten hasta la saciedad desde el mismo momento en que se detecta que un temporal acecha: se ponen en carretera a pesar de que se aconseja no hacerlo, se empeñan en atravesar tramos de vía anegados por las aguas, en su desesperación por llegar al destino cruzan torrentes pensando que su vehículo podrá dominar la situación a pesar de la fuerza de las aguas, y no hacen caso de los anuncios de que las bajas temperaturas han causado grandes placas de hielo.

Los temporales siempre acarrean desórdenes, caos y desgracias y siempre habrá motivos para las quejas. Pero han mejorado los mecanismos de respuesta a las crisis, aunque siempre pensamos que no se hace lo suficiente, que se puede hacer más.

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