La Policía austriaca descarta que Fritzl abusara también de sus otros hijos

  • Los investigadores no tienen indicios de que existan cómplices en este caso de incesto aunque por la "experiencia criminalística" no excluye nada · El fiscal interrogará al acusado la próxima semana

Las investigaciones realizadas por la Policía hasta ahora indican que Josef Fritzl no abusó de ninguno de sus otros hijos aparte de Elisabeth, aseguró ayer en una conferencia de prensa el jefe de la Policía Criminal de Baja Austria, Franz Polzer.

Además, señaló que tampoco hay indicios de que tuviera un cómplice. El hombre, ahora de 73 años, mantuvo cautiva durante más de 20 años a su hija Elisabeth, de 42 años, de la que abusó sexualmente y con la que tuvo siete hijos, uno de los cuales murió.

Sin embargo, Polzer indicó que "teniendo en cuenta la experiencia criminalística", no se puede descartar nada.

Los seis hermanos de Elisabeth no tienen nada que ver con el crimen, y tampoco hay indicios de que Fritzl haya abusado de sus otros hijos -ni los que tuvo con su esposa ni los seis que tuvo con Elisabeth y que sobrevivieron-.

La Policía reveló ayer más información sobre las circunstancias gracias a las cuales se pudo poner fin al cautiverio: Elisabeth apareció con dos de sus hijos en el hospital, para ver a su hija Kerstin, de 19 años, quien se encuentra al borde de la muerte desde hace casi dos semanas.

En ese momento se estaba buscando a Elisabeth, porque sólo la madre podría dar información sobre el estado de su hija.

La Policía se enteró de la visita a través de una "llamada confidencial" y detuvo a la mujer cuando iba a abandonar el hospital. Una vez que declaró ante los agentes, también fue detenido su padre, Franz Fritzl.

Polzer se negó ayer a revelar quién dio el dato. La Policía prometió mantener en secreto la identidad del informante.

En relación con las investigaciones en el lugar de los hechos, el sótano donde era mantenida cautiva Elisabeth fue ampliado a lo largo de los años, señaló Polzer. En 1999 la Policía inspeccionó el sótano para comprobar que tuviera protección antiincendios, sin que los agentes descubrieran la puerta que llevaba a las habitaciones donde la tenía cautiva.

La Policía revisó un cuarto de calefacción, pero la puerta de acero con un código de seguridad electrónico se encuentra en otra sala, según el alcalde de Amstetten, Hermann Gruber. Fritzl había colocado, además de la cerradura con un código, una biblioteca que tapaba la puerta.

El fiscal del caso Fritzl, Gerhard Sedlacek, anunció ayer que será necesario volver a interrogar al sospechoso, pero "cuando esté dispuesto a ello y no haga uso de su derecho a permanecer en silencio". El interrogatorio será la próxima semana. Su abogado le ha recomendado, sin embargo, no hacer más declaraciones.

Sedlacek dijo también que no hay registros de delitos anteriores de Fritzl, pero que en Austria los antecedentes son borrados después de cierto tiempo. De todos modos, señaló que cuando el hombre y su mujer adoptaron en 1994 a uno de los hijos que tuvo Fritzl con su hija, no había antecedentes.

Franz Polzer reiteró que sí hay indicios de que Fritzl pensaba desde hace meses acabar con la tortura de su hija. A finales del pasado año 2007, le hizo escribir a Elisabeth una carta dirigida a su familia en la que anunciaba que este verano volvería a Amstetten con sus hijos.

Por otra parte, el médico Berthold Kepplinger, de la clínica en donde se encuentran ahora las víctimas, pidió a los medios respetar la esfera privada de la familia.

La clínica ha establecido en sus espacios una vivienda de unos 80 metros cuadrados para Elisabeth y cinco de sus hijos. La familia, cuyos miembros acaban de conocerse, se encuentra bien dadas las circunstancias, según el doctor, con el cuidadoso apoyo del personal, médicos y psicólogos para que inicien una nueva vida.

Mientras tanto, el presidente de Austria, Heinz Fischer, salió a defender a su país de las críticas de medios extranjeros en relación con el caso, sobre todo por el antecedente del secuestro de la niña Natascha Kampusch, descubierto en 2006. "No hay nada esencialmente austriaco en este caso", afirmó Fischer al diario Kleine Zeitung de Graz.

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