La ONU estima en "cientos de miles" los damnificados del ciclón 'Nargis'

  • La burocracia birmana obstaculiza la llegada al país de los coordinadores de la ayuda internacional · El Gobierno de Myanmar contabiliza ya más de 22.464 víctimas mortales y 41.054 desaparecidos

"No podemos precisar cuánta gente necesita ayuda. Pero estimamos que probablemente sean cientos de miles de personas". Así se expresaba ayer sobre la catástrofe de Myanmar Rashid Khalikov, director de la oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios. Por el momento, esa estimación del alto funcionario de Naciones Unidas lleva no parece ir desencamindada: la radio estatal birmana elevó ayer a 22.464 el número de muertos y a 41.054 las personas desaparecidas en el sur del país tras el paso del ciclón Nargis el sábado, mientras que la cifra de damnificados llega al millón.

"Necesitamos ayuda", admitió ayer el ministro birmano de Información, Kyaw Nsan, en Rangún, tras confirmar que sólo en la población de Bogalay, a unos 90 kilómetros al suroeste de la primera, han perdido la vida unas 10.000 personas.

Sin embargo, la burocracia birmana y la desconfianza política del régimen no se lo están poniendo fácil a la ayuda exterior, que empieza a llegar poco a poco. Así, Khalikov se quejó ayer desde la sede de Naciones Unidas de que sus funcionarios encargados de la coordinación de los esfuerzos internacionales tienen problemas para entrar en Myanmar: "Nuestra gente con base en Bangkok no pudo obtener sus visados hasta hoy [por ayer], porque el lunes, día de fiesta en Tailandia, la embajada de Myanmar estaba cerrada". El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ya se ha dirigido a la Junta Militar birmana para que facilite las cosas y aparque sus temores de que, camuflados entre el personal humanitario, se infiltren en el país activistas democráticos, aprovechando que la convocatoria de referéndum para decidir si habrá o no elecciones en 2010 ha sido postergada. El mismo presidente estadounidense, George W. Bush, urgió ayer a la Junta Militar birmana a "permitir que Estados Unidos" envíe ayuda. "Nuestro mensaje a las autoridades militares es que permitan que Estados Unidos ayude, que ayude a la gente", dijo Bush, cuyo Gobierno está activamente comprometido con la oposición al régimen que gobierna Myanmar.

Entre tanto, la situación es la previsible en un país devastado. Las zonas más afectadas son las regiones de Irrawaddy, Pegu y Rangún y los estados Karen y Mon. El encargado de la misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Rangún, Mac Pieczowski, explicó que "todas las líneas telefónicas están cortadas y es extremadamente difícil obtener información de las áreas afectadas". "Pero, por las informaciones que nos llegan, aldeas enteras han desaparecido y la cifra final de víctimas mortales será inmensa", añadió Pieczowski. La Cruz Roja dijo que en algunas poblaciones el 95% de las viviendas han resultado completamente destruidas.

La ayuda internacional, a la que España se unió ayer con un fondo inicial de 500.000 euros, y la que facilitan las autoridades birmanas desde la nueva capital del país, Naypyidaw [diseñada por arquitectos e ingenieros norcoreanos e inaugurada en 2005 en la región central], comienza a llegar a Rangún.

Ayer, un tren de mercancías proveniente del norte, con cerca de 30 vagones que contenían tiendas de campaña y bidones de agua, se detuvo en la estación de ferrocarriles de Rangún, a la espera de un destino concreto por determinar tras comprobar el estado de la precaria red ferroviaria birmana. Unas 800 toneladas de arroz aguardaban en los almacenes del Programa Mundial de Alimentos (PMA) la autorización oficial para ser repartidos. Según fuentes oficiales, las carreteras y las líneas ferroviarias que conectan Rangún con las poblaciones del sur están cortadas. "Hoy [por ayer] tampoco saldrá ningún tren hacia el sur, la situación es peor tras la fuerte tormenta que cayó ayer [por el lunes]", dijo a Efe Tin Htway, empleado de la estación central de Rangún.

La población de las áreas afectadas lleva desde el sábado sin suministro de agua y electricidad, los alimentos básicos escasean y sus precios se han disparado debido a la especulación y la creciente demanda. La Cruz Roja reparte ayuda básica, como plásticos con los que cubrir los tejados que arrancó el ciclón o pastillas para potabilizar agua, además de mantas y ropa. Los cooperantes que entran en las áreas devastadas informan de la presencia de cadáveres y destacan la desesperación de los supervivientes.

En el delta del río Irrawaddy, casi todo arrasado, cientos de miles de birmanos que han perdido sus hogares y cosechas deambulan en busca de cobijo en los pocos edificios públicos que quedan en pie. En la población se aprecia resignación, pero bajo la superficie hay incertidumbre, descontento y, sobre todo, mucho miedo al régimen militar.

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