Investigan si Fritzl pretendía matar con gas a sus víctimas

  • La Policía austriaca revela que el "carcelero de Amstetten" pudo haber amenazado a su hija con que algo le ocurriría si intentaba rebelarse contra él

La Policía austriaca reveló ayer que el "carcelero de Amstetten" pudo haber amenazado a su hija y sus hijos-nietos, encerrados en un zulo subterráneo bajo su casa, con introducir gas en caso de que intentaran rebelarse en su contra.

Helmut Greiner, portavoz de la Policía local, dijo a la prensa que el técnico electricista jubilado Josef Fritzl, de 73 años, advirtió a su hija Elisabeth, a quien mantuvo encerrada y sometió a violaciones durante 24 años, de que, si a él le "ocurría algo", la puerta iba a expulsar un gas tóxico y se llenaría el calabozo subterráneo. Esta amenaza podría explicar por qué su hija y sus hijos ya crecidos nunca se atrevieron a agredir a su carcelero.

Expertos de la Policía comenzaron ayer a investigar los aspectos técnicos de la puerta de unos 300 kilos que daba acceso al escondite; se disponen a averiguar ahora si la puerta dirigida por control remoto se abre automáticamente tras permanecer un tiempo cerrada. Esta amenaza podría explicar porqué su hija y sus hijos ya crecidos nunca se atrevieron a agredir a su carcelero.

Además, una cuñada del acusado, Christine R., denunció ayer en una entrevista a un diario local que Fritzl habría bajado "todas las mañanas a las 9:00 al sótano, supuestamente para dibujar unos planos para unas máquinas que quería vender".

"A veces también pasaba toda la noche allí. Ahora sabemos por qué", agregó la cuñada de Fritzl, en referencia a las sistemáticas violaciones sufridas por Elisabeth, de 42 años.

"Josef era un déspota. Siempre lo he odiado", agregó en declaraciones al periódico Österreich y destacó que hace 40 años Fritzl fue encarcelado por violación a una mujer, "y eso cuando ya tenía cuatro hijos con mi hermana".

Hasta el momento la Policía no ha confirmado la correspondiente condena por violación. Entre tanto, 35 agentes trabajan en una comisión especial creada para resolver este caso, único en los anales de la Policía no sólo de Austria, según informan ayer medios locales.

El jubilado, que permanece en prisión preventiva, confesó tras su detención el sábado pasado ser el padre de los siete hijos de Elisabeth nacidos en el sótano en condiciones infrahumanas, de los que uno murió a los tres días.

Por otra parte, Fritzl viajó al menos dos veces a Tailandia de vacaciones y dejó a su hija sola durante semanas en el zulo subterráneo con tres de sus hijos.

Eso es al menos lo narrado por un amigo suyo alemán que le conocía desde 1973 y que le acompañó dos veces a ese país asiático, informó el diario germano Bild Zeitung en su página de internet.

El jubilado Paul H. cuenta, además, que estuvo en tres ocasiones en la casa de Fritzl en Amstetten (a 130 kilómetros de Viena), la última vez en 2005, cuando se sentaron en la terraza y notó que a los otros tres niños, hijos del incesto del padre con la hija y que había adoptado el matrimonio, se les había prohibido ir al sótano.

Según el rotativo gratuito Heute, los investigadores austriacos han centrado las pesquisas en un viaje de Fritzl a Pattaya, una playa tailandesa conocida por su abundante oferta sexual, entre el 6 de enero y el 3 de febrero del año 1998.

En esas fechas, de acuerdo con la reconstrucción actual de los hechos, su hija se hallaba cautiva con tres hijos en el calabozo, cerrado herméticamente con una puerta maciza de acero y hormigón.

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