Investigación mejora métodos para medir emanaciones de dióxido de carbono

  • Una investigadora de la Universidad de Michigan afirma que "si vamos a adaptarnos al cambio climático necesitamos la capacidad para predecir cuál será ese cambio"

Los métodos para medir las emanaciones de dióxido de carbono y la forma en que se comportan el suelo y las plantas con los gases que causan el calentamiento atmosférico pueden ser mejoradas a partir de una investigación presentada por la Universidad de Michigan. "Queremos saber cómo evolucionarán las fuentes y los sumideros de carbono, y de la única forma en que podremos manejar el cambio climático es con información científica", dijo Anna Michalak en la reunión anual, en Chicago, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS por su sigla en inglés).

Los datos globales sobre los gases que causan el calentamiento atmosférico corresponden a las muestras en sitios dispersos por el planeta y torres bajas que miden la absorción o liberación de carbono de una pequeña área de forestación. Pero esas mediciones no coinciden con los modelos actuales por ordenador de la forma en que se comportan las plantas y los suelos."Si vamos a adaptarnos al cambio climático necesitamos la capacidad para predecir cuál será ese cambio", dijo Michalak, profesora en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, en el Departamento de Ciencias Atmosféricas, Oceánicas y Espaciales de la Universidad de Michigan. "Los vientos y las pautas meteorológicas mezclan el dióxido de carbono en la atmósfera tal como la cucharilla mezcla la crema en la taza de café", señaló la investigadora.

"En cuanto uno empieza a revolver la cucharilla, se pierde algo de información acerca de dónde y cuándo se vertió la crema en el café", añadió. "Sin embargo, con mediciones y modelos cuidadosos gran parte de esta información puede recuperarse". Según Michalack, "una de las grandes cuestiones para nosotros es cómo evolucionan las fuentes y los sumideros de carbono". "Todo esto apunta al pronóstico y el manejo", agregó.

Desde hace unos 50 años los científicos han medido el volumen de dióxido de carbono en el aire en gran escala, en un número creciente de ubicaciones en todo el mundo, y con muestras tomadas en áreas muy pequeñas. Junto con los inventarios del consumo de fósiles combustibles ello ha provisto buenos datos acerca de cuánto carbono se emite a la atmósfera, aproximadamente unos 8.000 millones de toneladas al año. También se sabe que la mitad de eso queda en la atmósfera. El resto vuelve a los océanos, la tierra, o lo absorben las plantas durante la fotosíntesis. Pero a partir de ese punto en el ciclo del carbono, explicó Michalak, se torna más difícil la obtención de datos y los científicos han tenido que trabajar con ciertas presunciones.

Las torres de flujo cubren unos pocos sitios en la Tierra y es demasiado trabajoso el recolectar datos en áreas pequeñas. Aún una herramienta nueva y poderosa, como la que Michalak usará, el Observatorio Orbital de Carbono (OCO), un satélite de la NASA diseñado para observar el carbono atmosférico, no pinta un panorama detallado. "Esas observaciones nos dan finas franjas de datos que se parecen a líneas de hilo dental alrededor de una balón de baloncesto", comentó.

Michalak ha desarrollado un método robusto que usa los datos disponibles para comprender esta variabilidad denominado "modelo geoestadístico inverso". Este método divide el planeta en regiones pequeñas y examina cuánto dióxido de carbono debe haberse emitido en cada región para alcanzar las concentraciones que se miden en los puntos de tomas de muestras atmosféricas.

Esto permite que Michalak y sus colaboradores usen la información que procede de otros satélites que observan la superficie de la Tierra y complementan la información de la red de vigilancia atmosférica. Eventualmente este método apunta a rastrear los niveles de carbono en cada punto de muestra hasta llegar a una fuente o sumidero particular en la superficie.

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