Greenpeace duda de que la fuga de Ascó no afectase a las personas

  • Los ecologistas creen que Seguridad Nuclear quiere "dar carpetazo" al incidente y piden nuevos controles

Greenpeace cuestiona la fiabilidad de las revisiones realizadas a las personas potencialmente afectadas por el escape de la central de Ascó (Tarragona), que evidencian, a su juicio, la voluntad del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de "dar carpetazo" al accidente sin investigar en profundidad. La organización ecologista denunció ayer, en conferencia de prensa, que las mediciones de contaminación radiactiva en personas, entre ellas escolares, se han efectuado tarde, ya que se llevaron a cabo en abril, cuando la fuga tuvo lugar en noviembre, y además se desconoce si se han utilizado los medios y la metodología adecuada.

Las dudas de Greenpeace sobre cómo ha gestionado el CSN todo lo relativo a la fuga del pasado 29 de noviembre se fundamentan en la falta de información tanto sobre en qué consistió exactamente el accidente como sobre la metodología seguida para supervisar los posibles efectos en las personas, según señaló su portavoz, Carlos Bravo.

El investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas del CSIC en Barcelona Eduard Rodríguez-Farré, que acompañó a los portavoces de Greenpeace, recomendó que se realicen nuevos estudios más fidedignos y que se incluya en las revisiones a los habitantes de Ascó. "No sabemos qué criterio ha utilizado el CSN para decidir quién debe pasar la revisión y quién no, y tampoco sabemos si se ha utilizado como referencia para evaluar la contaminación el índice permitido para trabajadores, que es mucho más alto", aseguró este experto en los efectos en la salud de la radiactividad. Rodríguez-Farré advirtió además que las partículas de cobalto 60, el contaminante que se difuminó desde la central, tardan pocos días en ser eliminadas por el cuerpo humano, aunque sus efectos persisten, por lo que una máquina calibrada incorrectamente no lo detectaría. En este sentido, insistió también en que la radiactividad no desaparece porque la persona contaminada haya eliminado una parte de la sustancia ya que, una vez excretada, se mantiene en el ambiente y seguirá irradiando.

Ante esta situación, el investigador pidió un inventario de las partículas radiactivas que se han detectado y que se realice un seguimiento epidemiológico en el futuro de las personas expuestas a ellas. Respecto al método para detectar la radiactividad, el científico catalán alertó sobre las limitaciones técnicas de la cámara de cuerpo entero que se utiliza para los trabajadores de las centrales nucleares si éstas no son calibradas de nuevo para detectar dosis menores.

Greenpeace cuestiona, por todo ello, explicación oficial sobre el accidente de noviembre, que atribuye la fuga a una operación incorrecta que llevó a que se volcara un bidón con agua radiactiva, y del que los ecologistas creen que "no tiene ninguna lógica".

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