China mantiene las esperanzas de encontrar más supervivientes entre los escombros

  • Cien horas después del seísmo, los equipos de rescate han sacado con vida a 33 personas

Los gritos de los supervivientes que surgían el viernes de entre los escombros servían para recordar que se acaba el tiempo de salvarlos y evitar que se agrave el saldo del terremoto que azotó el lunes pasado el suroeste de China y que las autoridades estiman en 50.000 muertos, además de los 4,8 millones de personas que se quedaron sin casas, según las autoridades de Sichuán.

Los primeros equipos de rescate extranjeros llegaron a la zona del desastre para sumarse a la frenética -y cada vez más desesperada- búsqueda de vida entre las montañas de ruinas en que se han convertido casas, escuelas, fábricas, ciudades enteras.

En Beichuan, una de las ciudades más devastadas por el terremoto, lograron ayer, unas 100 horas después del seísmo, sacar con vida a 33 supervivientes, según informaron ayer los medios estatales.

"La posibilidad de que rescatemos a los enterrados es muy grande", dijo un trabajador, "renunciar no está en nuestro diccionario". Pero cada vez más, lo que salen de las ruinas son cadáveres ensangrentados que crean un nuevo problema a localidades en las que no queda nada en pie.

"Las labores de rescate del terremoto han entrado en su fase más importante", dijo ayer el presidente Hu Jintao tras llegar a Mianyang, otra de las ciudades más afectadas. "El desafío aún es grave, la tarea es ardua y el tiempo apremia", agregó, según la agencia oficial China Nueva.

Por otra parte, ayer se produjo una réplica a sólo 50 kilómetros del epicentro del seísmo, provocando nuevos corrimientos de tierra que hicieron algunas carreteras impracticables y complicaron aún más las tareas.

En este sentido, el Gobierno podría estar preparando planes de evacuación por la creciente inquietud de que las presas se hundan si siguen las lluvias.

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