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Un club con memoria histórica

  • A los 37 años de la tragedia, el Sevilla homenajea a Berruezo con una escultura que perpetuará su figura en Nervión · Ex jugadores de aquella época recuerdan el episodio y lo enmarcan con los recientes casos de Puerta o Sergio Sánchez

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Ocurrió hace 37 años y un día, pero quién diría que va para cuatro décadas ya. La muerte de Pedro Berruezo sigue muy vigente, grabada a fuego en la memoria colectiva de los sevillistas, los mismos que se estremecen aún cuando se topan con alguna imagen de Antonio Puerta. Los mismos que hoy se preguntan qué pasará con el futuro profesional de Sergio Sánchez.

Aprovechando que ayer se cumplían esos 37 años de la tragedia en Pasarón, el club de Nervión invitó a quienes más sintieron esa pérdida, los familiares de Berruezo y sus compañeros en aquel Sevilla del 73 que luchaba por volver a Primera. En la cita se develaba un medallón en bronce fundido a la cera, obra del artista Miguel Fuentes y situado en el hall de acceso a la zona vip del recinto nervionense.

Lo hizo Del Nido junto a la viuda de Berruezo, Gloria Bernal, que asistió junto con sus dos hijos, Isabel Gloria y Pedro, y otros familiares. Pedro hijo, futbolista como su padre, nació a los cinco meses de fallecer su progenitor: "Quería dedicar este sentimiento que tenemos a la afición, que después de 37 años sigue recordando a mi padre. Para nosotros es un orgullo, algo muy importante y que recordaremos toda nuestra vida", acertó a decir con la voz encogida.

Estuvieron muchos de los que compartieron vestuario con el melillense, el dorsal 10 de aquel Sevilla. Baby Acosta, Azuaga, Carmelo, Eloy Matute, Enrique Lora, Fernando, Gonzalo Robles, José Bonilla, José Catalán, Manuel Costas, Blanquito... y Rodri, que ejerció de portavoz de la plantilla en el acto. "Llegó sobre 1968 como un gran refuerzo, porque tenía una pierna izquierda que era un cañón, era rápido y técnicamente se defendía... Llegó en una época en la que la economía no era muy boyante por el cambio del estadio y en la que no siempre los refuerzos que se traían daban la talla... Pero él, personalmente, tuvo tardes muy importantes, siendo una persona muy querida tanto dentro como fuera del campo", señaló el ex guardameta.

Juan Arza, entrenador entonces y símbolo de símbolos ahora, es la voz más acreditada para agradecer el gesto al club: "Es primordial para un club que perdure el recuerdo de los que ya no están, se tiene que hacer porque el ex jugador lo espera, y se agradece".

Pablo Blanco era en 1973 un prometedor chaval que ya despuntaba. Marcaba a Suco en Pasarón. "Este club tiene memoria histórica, detalles emotivos con los jugadores veteranos que nos hacen sentir orgullosos", declara el coordinador de la cantera sevillista mientras no pierde detalle de la obra, inspirada en esa fotografía tan habitual en cualquier peña de cualquier pueblo: Berruezo posa cruzado de brazos, con un desmañado escudo cosido en el pecho de una camiseta blanca tan modesta como el club de entonces.

Junto a Blanco estuvo ayer todo el tiempo Isabelo, el mismo que no se despegó de Berruezo cuando se desplomó con el brazo derecho levantado pidiendo ayuda: "Eso no se olvida. Fue a recibir un balón en un saque de banda, pero no se sentía bien, hizo una flexión y gritó al banquillo".

Ése fue el único viaje que esa temporada no hizo el médico del Sevilla, Antonio Leal Graciani, que acudió a un homenaje que la Maestranza daba a su padre, el doctor Leal Castaño. El doctor Pérez Lema, del Pontevedra, dejó a Berruezo en el vestuario y volvió a la banda del terreno de juego. Lo recuerdan con malestar algunos jugadores.

Y en la caseta se encontraba en ese momento Curro Sanjosé, que acababa de ser sustituido. "Lo de Pedro ocurrió más o menos en el minuto 5 de la segunda parte y yo fui sustituido en el descanso, así que me acababa de duchar, me estaba secando cuando lo trajeron. Junto a él estaba el fisioterapeuta nuestro, Antonio Gómez, que viajó en lugar de Graciani. El médico del Pontevedra ya se había ido a ver el partido". Y lo que sucedió fue estremecedor: "Me acerqué y Pedro dio un ronquido muy profundo. Se había ido. En la ambulancia, ya estaba muerto".

Esa ambulancia tardó. "Yo también estuve una media hora con Berruezo en el vestuario esperándola", recuerda Isabelo. Coincide con Sanjosé: "Cuando nos subimos a aquella ambulancia, ya había fallecido. Su mujer estaba embarazada y no le quise decir nada", añade.

Lógicamente, el debate sobre la prevención de las patologías cardiacas está ahí, en la calle, ante la profusión de casos que acaban en tragedia o que, afortunadamente, se quedan en avisos como los que recibieron De la Red o Sergio Sánchez. "Si se tiene que dar, se da. Son temas muy delicados, no hay más que mirar la de reconocimientos que habrá pasado Sergio Sánchez antes de fichar por el club y, sin embargo... Con más razón hace 37 años, en que apenas nos miraban. A veces, nos hacían un pequeño chequeo, pero a mitad de temporada", reflexiona Paco Gallego, quien entonces llevaba ocho años en el Barcelona. "Yo lo viví en la distancia, pero el fútbol español se paralizó con la noticia", añade.

Berruezo recibió también avisos, pero entonces nadie alcanzó a advertir que peligraba su vida. "En Alicante y Sabadell ya le dieron mareos", recuerda Isabelo. Y unas semanas antes de la tragedia, ya se desplomó en el Sánchez-Pizjuán, ante el Baracaldo. Fue cerca del área de gol norte, en la banda izquierda. Lo llevaron a la Clínica Santa Isabel, y desde entonces, recibió tratamiento, pero nada hacía sospechar lo que pasó. Como a Puerta, 34 años después. "A Antonio ya le había dado un mareo en Badajoz, otro en un entrenamiento y ya pasó lo que pasó ante el Getafe", recuerda Pablo Blanco.

Unos minutos antes, Del Nido había abierto el homenaje, como siempre, con una cita, esta vez de Antonio Machado: "Los pueblos que no tienen historia, no tienen futuro"...

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