Sevilla | barcelona · el otro partido

Riki, el inesperado tercer delantero

  • Su gol al Mallorca enardeció primero Nervión, pero templó sus ánimos en plena descomposición azulgrana · El equipo de Álvarez depende de sí mismo y no le regaló la Liga al Madrid, justo lo que quería la mayoría

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Antonio Álvarez no quería que su equipo fuese etiquetado como juez de la Liga y su equipo no lo fue. O sí. En la primera parte, desde luego, no fue nada de nada, un pelele en manos de un Barcelona descocado que, entre las facilidades de su contrario y su hambre por el título liguero, fue un huracán que barrió a un equipo sin las piezas necesarias para frenar tal vendaval de fútbol. Pero este deporte que encandila a las masas sigue siendo lo que es gracias a partidos como el de ayer, en el que la emoción condicionó todos los factores e incluso hizo temblar al mejor equipo del mundo, que lo sigue siendo. Ayer el Barcelona se descompuso pese a que tenía un 0-3 a favor y un jugador más por la expulsión de Konko. Cosas del fútbol. El Sevilla, y los propios nervios azulgrana, lo hicieron temblar, pero al final perdió el equipo local y su afición abandonó el Sánchez-Pizjuán con una maliciosa sonrisa. Volver a jugar la Champions sigue en su mano y además...

Corría el minuto 68 cuando por la grada de Nervión empezó a correr como la pólvora la gran noticia en pleno decaimiento colectivo: gol del Deportivo. En una jornada de confusiones por la propia emoción de los pitidos del carrusel, la afición sevillista casi ni se atrevía a cantar el tanto que podía cambiarlo todo. Pero sí, estaba confirmado que Riki había marcado el 1-0 en Riazor y en esos precisos instantes Kanoute hacía un soberbio gol. Minuto 69: 1-3. El viento terminó de virar definitivamente para los intereses sevillistas en plena locura nervionense. Minuto 71, gol de Luis Fabiano: 2-3. El milagro era posible pese a que Konko se había autoexpulsado en una jugada pueril hacía un buen rato.

Desde ese momento, el Barcelona de Guardiola, ese mismo equipo que antes del 1-3 había fallado goles cantados y había abierto mil vías de agua en el pésimo sistema táctico de un Sevilla que ya no tiene las piezas necesarias para jugarle de tú a tú al Barcelona bajo el sistema de 4-4-2, estaba empezando a dudar. Le temblaban las piernas al tiempo que Nervión enloquecía y que el Sevilla creía en sí mismo. La pegada de sus dos formidables delanteros, esos mismos que hipotecan el juego sevillista hasta el punto de entregar el centro del campo al contrario pese a que éste tenga la mejor medular del mundo, había bastado para meterle miedo al Barcelona en su dura pugna con el Real Madrid. Monchi ficha a Riki, pedirán los que gustan de jugar con tantos delanteros. Otro más.

La mayoría de los aficionados sevillistas, no todos, no querían que se repitiera lo de 1980, cuando Bertoni, con un Sevilla también mermado por dos expulsiones, derrotaba a la invicta Real Sociedad y le regalaba el título liguero al Real Madrid. Por eso, el gol de Riki que tanto celebró el sevillismo provocaba que el Sevilla se templase. No era imprescindible buscar la heroica de la remontada imposible. Sólo le queda al equipo de Álvarez ganar en los Juegos del Mediterráneo en la última jornada, que no es poco, por mucho que el Almería no se juegue nada. Riki templó los ánimos de la grada sevillista, en cuyo subconsciente estaba ese favor no querido al Madrid. Sin ese gol de Riki, hubiese habido otro final de partido. Otro partido distinto. Otra jornada. Y hubiesen reído otros. Hay vida: la Champions espera.

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