La sobriedad de Cristo moribundo deja huella

  • La segunda cofradía que sale de San Francisco exhibe la valiosa talla de Jesús en la cruz en un recorrido serio

Si al principio de la tarde salía de la iglesia de San Francisco la imagen de Cristo portando la cruz sobre uno de sus hombros, tres horas y media después hacía lo propio del mismo templo la talla de Jesús crucificado. La cofradía de la Vera-Cruz y Nuestra Señora de la Soledad, la más antigua de Cádiz (se desconoce la fecha exacta, aunque hay indicios de su existencia en 1566), fue la última de las cuatro cofradías del Lunes Santo en desfilar por el centro de la ciudad en presencia de miles de personas. Y lo hizo como siempre, con orden y sobriedad.

Vera-Cruz ha sido la primera hermandad de esta Semana Santa en iniciar su penitencia con el cielo presidido por la luna, testigo silencioso de todo el recorrido de la cofradía asentada en el templo franciscano.

La jornada fue intensa para los cofrades del Cristo crucificado. Por la mañana, además de ultimar los detalles de la procesión, estrenaron el libro de firmas de la hermandad que estrenaron con la rúbrica de la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, el teniente de alcalde del Ayuntamiento gaditano, Evelio Ingunza (su padre fue uno de los impulsores de la reorganización de la cofradía a principios de los años 70), y el alcalde de Los Barrios, Alonso Rojas, quien mantiene vínculos con la Vera-Cruz desde que fue vicepresidente de la Diputación y visitaba las imágenes titulares cada Lunes Santo.

Entrada ya la tarde, a las ocho menos cuarto, una capilla musical formada por tres personas abría el desfile que salía de San Francisco ante la atenta mirada de centenares de personas que llenaban la plaza. Nazarenos ataviados con túnicas y antifaces negros y cinturones de esparto anunciaban la inminente salida del paso de misterio.

Un silencio imponente se apoderó de la plaza de San Francisco cuando el Cristo de la Vera-Cruz cruzó la puerta del templo unos minutos después de que la cuadrilla dirigida por Benito Jodar rezara una oración, ya dentro de un paso acompañado por una capilla musical de la banda de Enrique Montero, de Chiclana, formación que siguió al paso de palio.

Las campanas de San Francisco repicaron a las ocho en punto de la tarde noche, cuando el sonido de las horquillas y la música de capilla cobraron protagonismo en el momento en que la valiosa imagen de Cristo crucificado iniciaba su recorrido por la calle San Francisco mientras las secciones de la Virgen comenzaban la procesión. Una de las imágenes más peculiares de la jornada, y de la Semana Santa, fue la salida de la Virgen de la Soledad, una complicada maniobra con la que se saca el paso tirando de cuerdas amarradas previamente en el frontal. El silencio con que el público recibió el paso de misterio se transformó en aplausos cuando concluyó la operación para sacar el paso de palio, bajo la dirección de Manuel Cortés, y sonaron los acordes del himno español.

El paso de la Virgen de la Soledad, exornado con rosas blancas, paseó su dolor por las calles de Cádiz por la muerte de su Hijo. Un cortejo sobrio en el que no faltaron los estrenos, como un simpecado bordado en oro y seda en los talleres gaditanos de San José, cuatro ánforas pequeñas y la penúltima tanda de la candelería del palio.

Destacó también la participación de jóvenes de la Academia de Policía Nacional.

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