Francisco Carnota Acera. Expresidente de la Junta Oficial de Cofradías

"Cuando recogimos la Magna, esa misma noche bauticé a mi hija Anabel"

  • La iniciativa que impulsó con su equipo surgió al cumplirse las bodas de plata de la celebrada en 1957 · Quince pasos de misterio participaron en el cortejo al que sorprendió una débil lluvia en la carrera oficial

 El sábado 10  de abril de 1982 se celebraba la última Magna, un Santo Entierro Magno en el que participaron 15 pasos de misterio la tarde de aquel Sábado Santo, cuando se cumplían 25 años de la última y a la que una debil  lluvia sorprendió por la carrera oficial. Era obispo de la diócesis monseñor Antonio Dorado Santo, delegado episcopal para las Hermandades el sacerdote Francisco Vallejo Acosta y presidente de la entonces Junta Oficial de Cofradías Francisco Carnota Acera, que nos  recuerda aquel acontecimiento cofrade.

-¿Cuál es su mejor recuerdo de aquella jornada singular?

- La verdad es que guardo dos recuerdos ambos muy importantes para mi. Como cofrade fue una gran satisfacción comprobar que aquella iniciativa se convertía en una realidad, pero también recuerdo con mucho cariño que esa misma noche, terminada la procesión, en la vigilia pascual presidida en la parroquia de Santa Cruz por don Antonio Dorado, el padre Marcelino Martín bautizó a mi hija Anabel, que es también su sobrina. 

-¿Cómo surge esa iniciativa de organizar una procesión magna?

- Yo fui nombrado presidente por monseñor Dorado en 1981, en sustitución del recordado Emilio Luis Bartús, y con mi equipo formado por Juan Manuel Alcedo como secretario, Domingo Enrique Tejada, tesorero,  y Alfonso Caravaca, contador, además de varios vocales, nos planteamos impulsar la Semana Santa, que no atravesaba entonces por sus mejores momentos por diferentes motivos. Se organizaron conciertos en las iglesias de San Francisco y en Santo Domingo, entre ellos el Miserere,  se amplió la carrera oficial  iniciándola en la plaza de Candelaria, se celebraba una misa todos los sábados en la capilla del Pópulo, donde teníamos la sede, y se pensó también en la Magna, ya que se cumplían 25 años de la última y para evitar que muchos gaditanos se fueran ese día fuera de la capital como venía sucediendo. Además, también se pretendía atraer a gente de fuera para que se desplazaran ese día a Cádiz.

-¿Cual fue el camino que siguieron hasta lograr llevar aquella iniciativa a al práctica?

- Lo primero fue plantear la idea al pleno de hermanos mayores, que la aprobaron, y luego intentar que en el cortejo la Pasión quedara representada de la mejor manera posible.

-¿Tuvieron que sortear antes muchas dificultades?

- La primera fue que algunos párrocos pusieron dificultades porque decían que afectaba al horario de los oficios de ese día. En plena Semana Santa nos reunimos con el obispo y el padre Vallejo, nos comprometimos a que todos los pasos estarían recogidos a las diez de la noche y seguimos adelante.   El Ayuntamiento, que presidía Carlos Díaz, nos concedió una subvención de 200.000 pesetas, además de colaborar en la organización las delegaciones municipales de Cultura y Fiestas,  de las que estaban al frente Manuel González Piñero y José Mena, respectivamente.

 -¿Cuál fue definitivamente el cortejo del Santo Entierro Magno?

- Lo abría la banda de cornetas y tambores de la Virgen de la Luz, a la que seguía la cruz de guía y los faroles del Santo Entierro y  los pasos de misterio fueron los de Borriquita, Santa Cena, Oración en el Huerto, Columna, Ecce-Homo, Sentencia, Jesús Caído, Nazareno del Amor, Afligidos, Humildad y Paciencia, Perdón, Descendimiento y Angustias. Luego figuraba la Urna del Santo Entierro, con la banda de la Cruz Roja de San Fernando, y la Virgen de la Soledad, cerrando el cortejo la banda de música municipal de Rota. Cada cofradía aportaba una sección de penitentes y cada paso era seguido por tres tambores. Como singularidades recuerdo que el Nazareno del Amor llevaba un túnico morado y que al Perdón lo portó la cuadrilla del Humildad con Paco Pizano como capataz. En la tribuna oficial estuvieron el obispo junto al vicario general, don Félix González del Moral, y los sacerdotes José Carlos Muñoz, Ignacio Egurza y Francisco Vallejo, y yo como presidente.

-Con su experiencia como cofrade, ¿cuál es su opinión de la Semana Santa actual?

Me parece que ha evolucionado mucho y de manera positiva, desde la carga al exorno floral, pasando por los vestidores de las imágenes y hasta los propios pasos, por eso creo que la celebración del Bicentenario es una buena excusa para repetir aquella experiencia.Ojalá el tiempo acompañe el sábado.

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