La memoria de los jesuitas sigue intacta en Santiago

  • La cofradía dedica gestos simbólicos a la orden religiosa que se fue de Cádiz y a la Virgen de las Lágrimas por sus 50 años

Un repostero de la cofradía de la Piedad colocado ayer en el balcón de la antigua casa de los jesuitas recordó a esta comunidad religiosa que este año no iba a estar presente, por vez primera, en la procesión del Martes Santo que salió de la iglesia de Santiago.

Los responsables de la hermandad de la Piedad y María Santísima de las Lágrimas dedicaron este gesto simbólico a la comunidad jesuita, que el año pasado se marchó de la ciudad después de varios siglos de activa presencia.

La de ayer fue una jornada especialmente emotiva para una cofradía que protagonizó un sobrio desfile que empezó a entrar en el interior de la Catedral poco antes de las seis y media de la tarde mientras aún  no había terminado de salir en su totalidad del templo de Santiago.

Una escuadra de soldados gastadores flanqueó la salida del cortejo, formado en su primera parte por penitentes vestidos con túnicas moradas y antifaces negros. La estrecha vinculación de la cofradía de la Piedad con el mundo militar quedó de manifiesto en la presidencia que marchaba delante del paso de misterio. Entre otras autoridades figuraban el comandante militar de Cádiz, general de brigada Antonio León; el jefe del Regimiento de Artillería de Costa número 4, coronel Gabriel Juan Martínez; el director del centro de ensayo de Torregorda, coronel Santiago Fajardo; y el teniente coronel Rafael Ortiz en representación de la Delegación de Defensa en Cádiz. Por el Ayuntamiento iba el teniente de Hacienda, José Blas Fernández, que además es hermano de la cofradía; y por el Consejo Local de Hermandades y Cofradías, la delegada de hermandades de gloria, Ana Guerrero.

Con el apoyo de sus ayudantes y la inestimable aportación de la cuadrilla de cargadores, Manuel Ruiz Gené, capataz del paso de misterio, dirigió con eficacia la maniobra de salida recibida con aplausos del numeroso público que esperaba en la plaza de la Catedral y con el  sonido de la banda de cornetas y tambores Santísimo Cristo de la Victoria, de León.

El paso de misterio llevaba como estreno no oficial  las caídas de la trasera a pesar de que no está terminada al completo.

El palio de la Virgen de las Lágrimas salía minutos más tarde  al encuentro del Cristo, que ya estaba en Catedral. Un grupo formado por los hermanos más antiguos de la cofradía integraba la presidencia honorífica que precedía al paso para conmemorar el cincuentenario de Nuestra Señora de Lágrimas. Con ellos caminaba Antonio Gallardo, en representación de la Buena Muerte, cofradía con la que Piedad mantiene un fuerte vínculo.

La banda música Pedro Álvarez Hidalgo, de Puerto Real, anunció con el himno de España la salida del palio morado de la Virgen entre los aplausos del personal congregado en el epicentro de la Semana Santa de Cádiz. La marcha ‘Virgen del Valle’ marcó el primer esfuerzo de los cargadores dirigidos por los martillos de los expertos capataces Francisco y Tomás Martín.

Los dos  pasos  de la Piedad llevaban, por primera vez, un crespón negro en señal de duelo por el fallecimiento, el pasado verano, del hermano Lorenzo García Molina, muy apreciado en una hermandad que ayer sacó como novedad una linnum crucis cedido por un cofrade gaditano.

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