Nacido de mujer

La mantilla, una tradición

LOS seres humanos creamos nuestra sociedad con la forma de pensar, de sentir y de actuar; nuestras creencias, el arte, son algunas expresiones de nuestra cultura. Mediante la transmisión de costumbres y tradiciones, se intenta asegurar que las nuevas generaciones les den continuidad.

Una tradición que se remonta a la cultura ibérica es el uso de la mantilla. Las mujeres de la época usaban velos y mantos para cubrirse y adornarse la cabeza. En Semana Santa, era tradicional que las mujeres se vistieran de negro luciendo sus mejores galas, en la cabeza peineta de carey sobre la cual se ponían la mantilla negra de encaje, luciéndolas acompañando en las procesiones y visitando las iglesias de la ciudad, especialmente el Jueves y Viernes Santo.

Hemos sufrido una época de declive aunque ahora parece que la situación se está superando gracias al grupo de la mujer de mantilla y a todas las mujeres que apoyan esta tradición puramente española. Cada vez es más numeroso, y pienso que debe serlo aún más, el grupo de mujeres que se reúne el Jueves Santo para visitar los templos gaditanos acudiendo luego a los Santos Oficios.

Y como no, mencionar al auge en las salidas procesionales; da alegría ver a Nuestra Señora de la Esperanza acompañada como antaño lo hacía de las antiguas cigarreras, Nuestra Señora del Buen Fin y, cómo no, mi querida María Santísima de la Victoria. Dejando claro que se acompaña en el sufrimiento y en el dolor, como promesa o como ofrecimiento, pero no por lucimiento. Quiero dar las gracias a las cofradías que ante las críticas y las nuevas corrientes se mantienen fuertes a la tradición y abogan por este acompañamiento a sus titulares, pidiéndoles que se mantengan fuertes y perpetúen esta estampa.

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