Pedro Ramos, un capataz veterano

  • Formó un conocido trío de capataces junto con Francisco Sanz y José Carreras 'El Cristalero' · Se inició en el mundo de la carga en la cuadrilla de Raimundo y Serafín Duarte

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Pedro Ramos González, que el 14 de mayo cumplirá 83 años, es quizás el capataz más veterano de la Semana Santa gaditana, a la que llegó como cargador en  1953, si bien tres años, cuando se encontraba haciendo el servicio militar en la Armada, recuerda que se metió debajo del paso de la Sentencia durante la recogida.

Oficialmente debutó como cargador en la Semana Santa de 1953 con el paso de palio de la Virgen del Amparo, de la cofradía de la Borriquita, bajo la dirección de Raimundo y Serafín Duarte, cuando salía y regresaba a la iglesia de San José, un recorrido en el que empleaba doce horas. "Los palios entonces llevaban entre 50 y 52 cargadores, que era el número que pagaba la cofradía, y los de misterio, unos 60, y pagaban 35 pesetas de las de entonces", dice.

Ocho años  perteneció a esa cuadrilla, que cargaba todos los días y llegaba a hacer doblete, "el Jueves Santo, después de recorrer Afligidos sacábamos el Perdón".

La cuadrilla la formaban en el bar Los Pabellones, donde los interesados se presentaban al capataz, que realizaba  una selección. "Era gente que en su propio trabajo cargaba al hombro, pero  a la que también tenía que gustarle la Semana Santa y poner algo más para soportar el esfuerzo, no se trata sólo de fuerza", matiza.

Afirma que aprendió mucho de Raimundo, del que fue manigueta y mano derecha,  como dominar el paso a distancia, a unos dos metros, para verlo en su totalidad, y aún ahora dice que cuando ve un paso no se olvida de que ha sido capataz y comprueba si lo llevan bien  o podrían hacerlo mejor.

Con Francisco Sanz y José Carrera 'El Cristalero' formó un trío de capataces, que se prolongó hasta los años 80, cuando se independizó y tuvo como ayudante a Miguel Orozco, retirándose hace ahora unos 15 años. Entre otros, formaron parte de su cuadrilla Juan Manuel Manzano y Ramón Velázquez.

Destaca que ha disfrutado mucho, sobre todo con los palios, entre los que cita los de Cigarreras y Perdón, y tampoco se le olvida un año que la lluvia sorprendió al palio de la Virgen de la Victoria de Expiración. "En la esquina de Benjumeda con Sagasta, me llegaba el agua a la rodilla", dice.

Afirma que ahora los pasos pesan menos, ya que muchas mesas son de aluminio, y también las candelerías son huecas y no macizas como antes, aparte de que ha aumentado el número de cargadores, lo que favorece ese trabajo.

A su juicio el estilo de Cádiz se está perdiendo, y pone como ejemplo que los maniguetas tienen que sentir el palo, para poder ayudar cuando sea necesario, "algunos ahora tienen que ponerse de puntillas para que les llegue el palo la hombro".   También apunta que "ahora se anda más despacio y el estilo de Cádiz es más ligero".

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