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Oscuro oboe de bruma

EN Semana Santa se ponen al descubierto los diversos estratos de historia de las mentalidades que habitan entre nosotros. Para los católicos se trata de la repetición anual del acto fundacional de su fe: la pasión, muerte y resurrección de Cristo, el hijo de Dios que se hizo hombre para redimir al género humano. Espíritus más paganos o naturalistas reconocen en esta epopeya (similar a la de Dionisos, Osiris, etc.) el ciclo natural de la vegetación, que muere en invierno y resucita en primavera. Junto a las religiones del amor y la naturaleza, están las cofradías con su totemismo primordial: los cofrades veneran a su Cristo y su Virgen, los suyos, de su gremio, su barrio, su etnia incluso: la cara sagrada de su territorialidad, su "genius loci" que, un día al año, sale de su parroquia para exhibirse y apropiarse quizá de la ciudad y el mundo. Es en el terreno de la Semana Santa totémica donde se verifican simbiosis peregrinas en el fondo muy lógicas: así, la defensa que gentes pragmáticas de todo tipo (creyentes, ateos o agnósticos) hacen desde instancias que se pretenden culturalmente "superiores" de estas "señas de identidad", tan útiles en tiempos de vicisitud identitaria (la crisis de valores, la inmigración masiva de musulmanes) y de crisis económica (los despliegues folclóricos venden en hostelería). En estos días de procesiones verificadas y procesiones suspendidas, de turistas y cofrades, de olor a incienso y lluvia, el azar de la docencia me ha llevado a la poesía de Antonio Colinas y, con él y con la música de J. S. Bach, a un intenso sentimiento no sé si trans- o surreal: "Oscuro oboe de bruma: cómo sepulta el mar/ tu solemne sonido que despierta a los muertos"… "Drama total: el hijo del hombre se hace Dios/ con su pasión y sueños, y son los mismos hombres,/ otra vez, quienes matan en su carne a los dioses./ El Coro, lentamente…/ penetra con sus voces/ en la noche, es también calamidad él mismo;/ se introduce en el útero de la fraterna sombra/ tal como negro esperma que, infinito, fecunda/ otro dolor más hondo, del que habrá de brotar/ la música celeste, la esperanza del mundo". Este sentimiento de yuxtaposición de estratos culturales no debe ser muy diferente de eso que llamaban realismo mágico

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