Morgado 'pinta' con sus palabras la Semana Santa de Cádiz

  • El pregonero hace una defensa de las hermandades y sus costumbres a lo largo de un texto intimista y profundo

Morgado en estado puro. Los que le conocían, o los que han leído sus artículos cuaresmales de este periódico, sabían que el pregón de la Semana Santa de este año iba a ir por esos derroteros. El resto se encontró ayer en el Gran Teatro Falla con un pregón que a base de pinceladas fue creando el mejor cuadro de la Semana Santa. La Semana Santa de un nazareno de ruán negro, huyendo de tipismos, hipérboles o versos efectistas. Pura Vera-Cruz. Miguel Ángel Morgado describió sobre el escenario del Falla durante una hora y media multitud de instantáneas que se verán en la calle a partir del Domingo de Ramos. Y en un texto profundo e intimista, hizo una férrea defensa de las cofradías, su valía y sus costumbres desde el preámbulo de su pregón. "No hay, desde la Cruz de Guía al paso de palio, una declaración de amor más hermosa al Cristo y a María que una procesión de la Semana Santa en Cádiz", exclamó.

Una hora prácticamente tardó el pregonero en iniciar su cántico, después del rezo del Ángelus, de la interpretación de cuatro marchas procesionales y de la presentación que hizo su antecesor en el Falla, José Manuel Romo, quien en una intervención destacada por su sencillez y concreción, dijo del pregonero que era "cercano y diáfano, amigo de sus amigos, fraterno y solidario, cristiano por la gracia de Dios".

A lo largo de su pregón, Miguel Morgado entrelazó referencias a todas y cada una de las cofradías de penitencia -siempre apoyándose en momentos determinados de las salidas procesionales- con mensajes de un cofrade convencido. De un hermano mayor. De un nazareno de ruán negro con cuarenta años de militancia en la Vera-Cruz. Así, el pregonero hizo una magistral defensa de las salidas procesionales -"Las cofradías sin la calle no son nada (...). Y no nos engañemos, en puro cofradismo, no ver la calle es un fracaso (...). La calle es lo más grande de las hermandades (...). Lo nuestro es una teología en movimiento (...). No nos engañemos, que no nos engañen", afirmó.

También defendió la vigencia del nazareno que viste el hábito de su hermandad, siempre con su Vera-Cruz como prisma desde el que Morgado entiende y ve la Semana Santa. "El nazareno se ha puesto el antifaz en la casapuerta. Hoy es un día grande, sale su hermandad, una cofradía de negro. Él lo hace hoy, igual que en otro tiempo lo hizo su abuelo, y después su padre. Con el puño aprieta el rosario y sin hablar con nadie, por el camino más corto se dirige a la iglesia", afirmó describiendo todas las vivencias de aquellas personas que acompañan a sus titulares vistiendo la túnica y el antifaz de su cofradía.

Otra defensa de las cofradías la centró en todas aquellas personas que colaboran en sus hermandades y en los trabajos que requiere la actividad de cualquier corporación. "Hay muchas maneras de rezar y el que monta los pasos, reza. El que limpia la plata, reza. El que busca dinero para los necesitados, reza. El que reparte las túnicas, reza. ¡Cuántas oraciones habéis dejado sin saberlo a los pies de vuestros titulares!".

Y se refirió a los problemas que surgen en el seno de las hermandades. "La palabra hermandad tiene que escribirse con letras de oro. No tiene cabida dentro de nuestras hermandades el alejamiento del hermano, la menor fisura en el amor. Todos debemos trabajar en este sentido, y solamente así haremos cada día más grande a nuestras cofradías, más grande a nuestra Iglesia. A una Semana Santa sin mácula tenemos que añadir unos interiores mejor cuidados y más ejemplarizantes". Sabias palabras en boca de un hermano mayor.

También tuvo tiempo el pregonero de citar a diversos personajes relacionados con el mundo de las hermandades. Rindió un pequeño homenaje al recientemente fallecido Pablo Chaves ("Fuiste un ejemplo de cristiandad", le dijo) y al que fuera hermano mayor de Vera-Cruz, Melquiades Brizuela, que recibió el caluroso aplauso del público del Falla. También reconoció la trayectoria de los directores espirituales que ha tenido su hermandad (Bernardino Tajadura, José Luis Salido y Ramón Estíbaliz). O al obispo diocesano, Antonio Ceballos, "porque es y ha sido nuestro ejemplo".

La voz cálida y pausada de Miguel Morgado fue sucediéndose entre prosa encadenada con algunos versos, que dedicó a las imágenes titulares de la Vera-Cruz, a la Virgen de las Penas, al Caminito, Columna, Nazareno, Medinaceli, a la Virgen de la Concepción del Despojado, a Caridad y a la Virgen de la Luz.

Y, cómo no, la cofradía de la Vera-Cruz, su Vera-Cruz, estuvo presente de principio a fin en el pregón de la Semana Santa de este año. A la izquierda de Morgado, el antiguo paso de Cristo flanqueado por cuatro faroles de la cofradía de Piedad y la cruz de guía de la corporación del Lunes Santo sobre un monte de claveles rojos, componían -junto a dos estandartes de la tertulia Al Palo- el único exorno del escenario.

Con el Cristo de la Vera-Cruz -"donde está mi vida, donde está mi gente, donde está la Luz"- inició el pregón su hermano mayor. Y con la Virgen de la Soledad lo terminó, dedicándole también unos versos sentidos tras afirmar que "vosotros mis hermanos los cofrades entendéis como nadie la emoción del pregonero al dedicar ahora sus palabras a su patria de la Vera-Cruz".

Y como si su túnica llevara puesta; desde su visión de hermano mayor, de militante de las cofradías, Morgado finalizó un exitoso pregón cargado de mensajes de reconocimiento al mundo cofrade y de estampas de la Semana Santa gaditana. La Semana Santa que él pinto ayer, como si de un cuadro se tratara, con sus palabras en el atril del Gran Teatro Falla, desde la mirada de un nazareno a través de su antifaz de ruán negro.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios