La Misericordia, corona de Penas

  • La archicofradía viñera lució ayer el dorado del frontal del paso de misterio que estrenóhace cuatro años

El Lunes Santo es sin duda uno de los días más importantes del año para el barrio de la Viña, cuyos vecinos viven con toda intensidad desde que comienza la jornada.

La de ayer contó además con un acontecimiento especial, ya que a la hora del Angelus se bendijo e inauguró en un lateral de la iglesia de la Palma una lápida en recuerdo del sacerdote Sebastián Araujo Ruiz de Conejo, que fuera párroco en la década de los años 60 a 70, al que el barrio le otorgó el cariñoso apelativo de "El cura de la Palma", que se ha mantenido también en la placa que bendijo el actual párroco, Rafael Fernández Aguilar.

El acto congregó en el templo a numerosos hermanos veterano, como Jesús Díaz, Francisco Pérez, Manuel Núñez, Rafael Corbacho, Manuel Cerezo y Antonio Lucero, junto al hermano mayor, Francisco Lucero.

El ambiente cofrade se respiraba también desde primeras horas de la tarde en el templo viñero, al que acudió un año más la alcaldesa Teófila Martínez para presenciar la salida de los titulares de la archicofradía.

Manuel Rodríguez volvió a organizar la salida del cortejo, que se inició con la del paso del Cristo de la Misericordia, que estrenaba el dorado de su frontal, y de cuya cuadrilla, dirigida por los hermanos Martín, forma parte Emilio Bautista, que acaba de hacer abuelo a su padre con un niño, que se llamará como ambos y que seguirá sin duda la devoción familiar a los titulares de la hermandad.

A todos los cargadores se dirigió el director espiritual de la hermandad para recordarles que iban a llevar sobre sus hombros "a la devoción más grande de la Viña", pidiéndoles que lo portaran sobre sus hombros con valentía para dar testimonio público de su fe "al que entregó su vida por nosotros".

A las cuatro y veinte minutos de la tarde el paso de misterio, una vez alzada la cruz, iniciaba su periplo por la calle de la Palma, abarrotada de personas, seguido por una nutrida penitencia y de la banda de cornetas y tambores del Santísimo Cristo del Amor de El Puerto de Santa María.

En la presidencia se situaban el director espiritual y el hermano mayor de la cofradía, a los que José Valero llevó sus correspondientes varas desde el altar de insignias hasta las mismas puertas del templo.

Dentro del templo, procedente del colegio La Salle-Viña, comenzó a prepararse la cuadrilla de cargadores del paso de palio de la Virgen de las Penas, dirigida por el polifacético Ramón Velázquez, general de la Milicia Nacional y Voluntarios Distinguidos, el batallón conmemorativo del Cádiz de las Cortes de 1812.

Al igual que con el primero de los pasos, los cargadores tuvieron que realizar la correspondiente maniobra para hacer compatibles la dimensiones de ambos con las de la puerta de la parroquia, que obliga a tener que concluir el montaje de los mismos ya en la calle y sobre la rampa.

Con el padre Marco Antonio Huelga y la concejal Carmen Obregón en la presidencia, cinco minuto antes de la cinco de la tarde, Velázquez ordenaba la primera levantá a su cargadores y la banda de música Enrique Galán de Rota interpretaba la marcha 'Virgen de los negritos', de Pedro Morales, rumbo al Campo del Sur.

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