"Los Martes Santo los paso mal"

  • Salvador Ramallo recuerda sus 50 años como cofrade, siempre junto a Miguel Ángel Maján, con el que formó parte de la primera cuadrilla de hermanos de la cofradía de Jesús Caído

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Uno no se imagina  a Salvador Ramallo sin Miguel Ángel Maján, ni al revés, pero en esta ocasión motivos laborales impiden contar con  los dos al alimón y el primero asume la representación de ambos para hablar de sus recuerdos cofrades, que han compartido durante cincuenta años.

Tenían  8 años cuando se conocieron en la parada del Coco, el autobús que los llevaba al colegio San Felipe Neri, y mantienen esa amistad a punto de cumplir 63. Su primera túnica fue la blanca del Resucitado, cortejo en el que salieron en 1958, ya que el padre de Poleo, Luis Maján Guilloto, pertenecía a la cofradía de Columna.

A mediados de los 60, durante su cotidiana estancia en la plaza de Mina,  supieron que la cofradía de Jesús Caído buscaba cargadores para portar a la Virgen de los Desamparados. Primero se apuntó Poleo y al año siguiente él, ocupando del mismo palo Mayeto la manigueta delantera y la trasera su amigo, y así formaron parte de la primera cuadrilla de hermanos de la Semana Santa andaluza.

Tres años después, por dificultades económicas, deciden que sean hermanos los cargadores de ambos pasos, por lo que los de la Virgen  pasan al del Cristo y crean otra nueva,  con  Miguel Ángel Maján como capataz, en tanto que Salvador Ramallo dirige la segunda.

Cuando habla de la cofradía de Jesús Caído Salvador Ramallo se remonta a sus años como monaguillo en la iglesia del Carmen, próxima al domicilio de su familia, en la calle Calderón de la Barca.

 Recuerda que en una de las naves había una imagen de Jesús Caído, titular de la cofradía que en 1942 fundaron, entre otros,  su abuelo y su padre, los dos de nombre Manuel. Nunca llegó a procesionar, hasta que los carmelitas cedieron la imagen al grupo que en 1959 asumió refundar la actual hermandad, lo que supo años después y le vincula aún más con la citada hermandad,

De la hermandad del Martes Santo  se desligó en 1992 por una serie de malentendidos con la junta de gobierno de entonces, que le retiró el martillo y al año siguiente a Miguel Ángel Maján, aunque afirma que los buenos recuerdos superan en más del 90 % a los malos, además de su devoción a los titulares.

Pese a que reconoce que los Martes Santo lo pasa mal, mantiene entre sus mejores momentos las recogidas por el interior del parque Genovés, los claveles que Adela Medina Gitanilla del Carmelo tiraba a los pasos desde su balcón del Mentidero, la respuesta de los cargadores y la placa de los 25 años, que conserva. Recuerda que también su esposa donó a la cofradía su taje de novia con el que Manuel Delgado de Mendoza elaboró una saya para la Virgen de los Desamparados.

Aunque comprende que todo avanza, no coincide con algunos de los cambios producidos en la cofradía de Jesús Caído, ya que entiende que ha perdido su identidad,  la imagen del Cristo con su túnico blanco o los capataces cubiertos con gatos,  lo que a su juicio deberían de asumir todas. 

Por otra parte cita que antaño llegaba a  salir en procesiones desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo, tanto como hermanos como en representación, ya que pertenece a las cofradía de Afligidos, Medinaceli y Buena Muerte.   Tampoco olvida la magna de 1982.

Conserva también un grato recuerdo de los tres años que fue teniente de alcalde durante el gobierno municipal de Carlos Díaz, y Manuel Cerezo al frente de las hermandades, lo que le permitió colaborar con las cofradías desde otra perspectiva.

Entre las anécdota cita que el primer año que debutó como capataz de Jesús Caído un  veterano capataz le aconsejó que se separase del paso para verlo mejor en su totalidad, un consejo que desde entonces siempre ha procurado llevar a la práctica.

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