TRIBUNA LIBRE

Manifiesto sobre nuestras hermandades y cofradías (y II)

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LA idea de que no hace falta ser creyente ni permanecer en el seno de la Iglesia para participar en estas celebraciones, no solo empobrece la magnitud del Mensaje, sino, incluso, colaboran al éxito de aquella indiferencia religiosa.

En segundo lugar, la opinión muy extendida de una dinámica de revisión de su naturaleza que, alentada por criterios laicistas, desconcierta y desanima, dando lugar a discrepancias y pleitos, que tanto daño está causando a las propias hermandades. Esta situación es verdadero motivo de escándalo en propios y ajenos.

Y, por último, si examinamos detenidamente cuánto debe significar las hermandades y cofradías en la conmemoración de los sagrados misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, llegamos a la conclusión de que la estamos reduciendo, en algunos casos, entre todos, a una manifestación artística, cultural, folclórica, despojada de todo su profundo mensaje evangélico; es decir, a una religiosidad sin su propia identidad, que es la de su eclesialidad.

Considero que para que las hermandades den la respuesta necesaria, tendría que producirse, entre otras medidas, en primer lugar, una conversión por parte de no pocos cofrades, incluso de dirigentes y, en segundo lugar, una revisión, con rigor, de cuantos cultos se celebran, de tal manera que se cuide la predicación de la Palabra de Dios por su indudable importancia y la celebración litúrgica, para que alcance su belleza, que es oración de alabanza y de acción de gracias a la Santísima Trinidad.

Así pues, nuestras corporaciones nazarenas tienen que tener necesariamente un nuevo florecimiento religioso hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro, porque el fin de la hermandad es servir a los hermanos. Y hacia fuera, porque al ser una asociación de la Iglesia, no puede ni debe vivir al margen de la dinámica apostólica, de acuerdo con su Magisterio.

Durante la predicación pública de Jesús, hubo un momento que se dirigió a los que le seguían y les dijo: "El reino de los cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña." (Mt. 20, 1-2)

Esta parábola despliega, ante nuestra mirada, la necesidad de la viña del Señor y la multitud de personas, hombres y mujeres, que son llamados por Él y enviados para que tengan trabajo

El actual Pontífice Benedicto XVI recoge el legado del pontificado de Juan Pablo II, quien acuñó el concepto de nueva evangelización. A tal fin, ha fundado el Consejo Pontificio para promover esta tarea y este nuevo organismo busca responder al "eclipse del sentido de Dios".

El presidente del Consejo Pontificio para esta tarea, el arzobispo italiano Rine Fisichella, ha manifestado que España es uno de los países necesitados, pues da señales de alarma en los índices de descristianización: caída del porcentaje de católicos que asisten a misa y pérdida del protagonismo de la religión en la cultura.

No sería fiel a mi vocación de cofrade y a la gran pasión que siento por las hermandades, desde el convencimiento de su validez y de su importante misión apostólica, si después de todo lo expuesto no llegara a una conclusión de acción práctica, que debiera significar un revulsivo que marcara un antes y un después para nuestras queridas corporaciones nazarenas.

Los cofrades tenemos que plantearnos la necesidad de tomar el pulso a un movimiento eclesial con el arraigo social y familiar que tienen las cofradías y que constituyen una de las primeras fuerzas eclesiales de nuestra diócesis.

De mis conversaciones con no pocos cofrades he sacado en conclusión que existe en ellos una seria preocupación, en el sentido de que no debemos permanecer pasivos y que hay que pasar a la acción cuanto antes, porque en el alejamiento o pérdida de lo esencial, de lo verdadero, nos jugamos el futuro de nuestras asociaciones.

Por todo ello, me permito hacer un ruego, una súplica, dicho sea con el mayor respeto y consideración, a nuestro querido Pastor, para que, de acuerdo con el Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías tenga a bien convocar una Asamblea Diocesana de las Hermandades y Cofradías.

Si me he decidido a dar este paso, no es solamente por las necesidades ya señaladas, sino también para corresponder a la llamada que se nos hace a todos los diocesanos en el punto 46 de la Instrucción Pastoral ya citada y que dice : "Es una necesidad urgente que los católicos hagamos valer los bienes que nacen de la revelación y de la vida crsitiana para la convivencia social".

Esta Asamblea tendría que ser concebida y realizada como una gran celebración, a la que deberían sentirse llamados todos los directores espirituales y todos los cofrades, formando una verdadera hermandad en la fe de Jesucristo, el Señor de la Vida, para prestar, con la mayor ilusión y generosidad, todo el apoyo y colaboración en lo que es nuestro, que tanto nos debe de unir, entre otros los valores esenciales del Evangelio. La asamblea debería dar lugar a un documento que sirviera como herramienta de trabajo para cada una de las Hermandades y que, a título orientativo, podría contener: la necesidad de una adecuada formación cristiana; mayor autenticidad y participación en los cultos; coherencia entre fe y vida; una actividad apostólica, especialmente cerca de los jóvenes, una acción caritativa a tenor de las posibilidades y acorde con los tiempos, de tal manera que impregne y perfeccione el orden temporal del mensaje evangélico, como nos demanda el magisterio de la Iglesia.

Consciente de que en este momento los cofrades que tienen responsabilidades de gobierno en las hermandades y en los organismos cofrades no podrían distraer tiempo para trabajar, desde el principio, en este evento, por tener que atender a sus obligaciones, propias de la Cuaresma y Semana Santa, me permito sugerir que se podría constituir una comisión que podría estar compuesta por un sacerdote, que tendría la representación de la jerarquía, uno o dos cofrades del Secretariado y cuatro o cinco cofrades que no tuviesen responsabilidades de gobierno.

La comisión podría tener la misión de iniciar el estudio y organización preliminares de la Asamblea y a medida que fuese avanzando se irían incorporando, de pleno derecho, los cofrades de los organismos que se estimaran necesarios. De esta manera, no podría alegarse que este momento no es el adecuado para hacer la convocatoria de la asamblea. No debemos de olvidar que un día tendremos que dar cuenta a Dios de lo que hemos hecho o dejado de hacer.

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