Humildad y Paciencia

  • El rezo del Padrenuestro, la Salve y el Gloria precedieron a las palabras del hermano mayor, que coincidió con la apertura de las puertas del templo, saliendo a la calle las cuatro bocinas que preceden a la cruz de guía

HUMILDAD

El patio  del antiguo Instituto del Rosario acogió un año más a los penitentes de la hermandad de la Humildad y Paciencia,  en tanto en el interior de la iglesia de San Agustín todo estaba a punto para la salida de la hermandad, cuando el reloj marcaba las seis menos cuarto de la tarde.

Poco después, desde el altar mayor, el director espiritual de la hermandad, Julián Fernández López-Terrada, acompañado por el hermano mayor de la corporación, José Luis Cañizar, instaba a los hermanos que iban a procesionar a orar antes de manifestar su fe en las calles y a llevar con dignidad la túnica de la hermandad, con sacrificio, oración y silencio.

El rezo del Padrenuestro, la Salve y el Gloria precedieron a las palabras del hermano mayor, que reiteró el compromiso a dar testimonio de fe durante la estación penitencial, coincidió con la apertura de las puertas del templo, saliendo a la calle las cuatro bocinas que preceden a la cruz de guía seguidas de la misma con sus correspondientes faroles de acompañamiento.

Una representación de la hermandad de penitencia de la Virgen de Begoña, de Bilbao, acompañaba al director espiritual en la presidencia que precedía al paso de misterio, con Francisco Alvarez Márquez como capataz de su cuadrilla de cargadores, al que seguía la banda de cornetas y tambores del Cristo de las Tres Caídas, de Arcos.

Las secciones de penitentes de la Virgen de la Amargura, formadas mayoritariamente por mujeres, se unían luego al cortejo procesional, ante el paso de palio que dirigía Juan Manzano Barrios, formando parte de la presidencia del mismo el sacerdote Juan Ortuño, hermano de la cofradía.

En el interior del templo, la joven Rocío Armida Cortés, contemplaba como el paso de palio, a los sones de la marcha "Amargura: Reina de San Agustín", interpretada por la banda de música del Nazareno de Rota,  enfilaba la calle Nueva, y lloraba por no poder acompañarla este año, como vienen haciendo desde que tenía tres, debido a que una dolencia de la que se recupera la mantiene temporalmente en silla de ruedas.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios