Esplendorosa noche para la historia

  • La Trinidad salió por primera vez en el día que el Nazareno recuperó la banda

El Jueves Santo en Puerto Real fue de novedades y grandes contrastes en las hermandades que salieron a la calle.

La primera en hacerlo fue la Hermandad de Jesús Cautivo y Rescatado (Medinaceli) y María Santísima de la Trinidad. A las siete de la tarde se abrieron las puertas de la parroquia María Auxiliadora para que el Medinaceli comenzase su estación de penitencia, en un silencio sólo roto por el sonido de un tambor que marcó el paso de los costaleros. Se iniciaba también el rezo del Santo Rosario que los feligreses, bajo la dirección del sacristán de la parroquia, rezaron durante todo el recorrido.

El cortejo era este año más largo de lo habitual porque por primera vez en un Jueves Santo procesionó la Virgen de la Trinidad. En un sencillo y austero paso que estrenaron ayer, la Virgen realizó su primera estación de penitencia con la particularidad de que era portada por una cuadrilla de mujeres costaleras, la primera en la historia de la Semana Santa local.

El Cristo Medinaceli impresionaba sobre un monte de casi 4.000 claveles rojos, elaborado a la perfección por la joven cofrade Verónica Paz, junto con otros miembros de la hermandad. Una de las novedades del paso de misterio es que el Cristo llevaba a sus pies una urna con las peticiones que los feligreses han ido dejando en la parroquia a lo largo del año. "Las plegarias al Señor siempre van con el Señor", dicen en la Hermandad.

Con un ritmo muy marcado para completar el recorrido más largo de la semana de pasión de la localidad, el Medinaceli y la Trinidad abandonaban su barrio para adentrarse en el centro. Justo cuando hacían estación de penitencia en la Victoria, el silencio se rompía con los ecos lejanos del himno de España que anunciaban la salida del Señor de Puerto Real: el Nazareno.

Pasadas las nueve de la noche el Cristo partía de la Prioral de San Sebastián con la importante novedad de que este año no procesionó en silencio cono venía haciendo desde hace varias décadas. La banda de Cornetas y tambores de Humildad y Paciencia, de Chiclana acompañó al Cristo en su desfile procesional adelantado una hora, lo que también permitió ver la insólita imagen de la hermandad saliendo al ocaso.

Y tras el Señor, su madre. La Virgen del Mayor Dolor llenó una vez más con esplendor el atrio de la Iglesia Mayor tras atravesar la puerta de la epístola con extrema precisión. La Banda de Música Enrique Montero le acompañó durante el desfile, en el que el recién creado grupo joven de la hermandad se hizo patente con la creación del cuerpo de acólitos propio que también recupera la cofradía tras varias décadas de ausencia.

La del Jueves Santo es la única noche con dos hermandades en la calle y, aunque los cambios horarios han hecho que desaparezca la madrugá en la Villa, se volvió a notar en las calles del centro que se abarrotaron para disfrutar de una jornada con el cielo algo encapotado que, al cierre de esta información respetaba a las hermandades. Especialmente repleta estuvo la carrera oficial donde casi se enlazaron los dos desfiles procesionales.

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