Tribuna Libre

Enrique Broca y Rodríguez

ALGUNOS de los más brillantes músicos españoles del último tercio del XIX ejercían su profesión en la extinta Academia de Música Santa Cecilia de Cádiz. En los salones de la misma se fomentaban audiciones revestidas de gran brillantez, patrimonio exclusivo de privilegiados ejecutantes y oyentes. Un momento inmejorable para el derroche del arte venía dado por la llegada del periodo cuaresmal, en el cual se podían oír lamentaciones y misereres unidos en un mismo concierto a marchas fúnebres de los más grandes autores de la música clásica del momento. Algunos de estos músicos compaginaban su carrera en banda militar o civil con la citada de profesores de la Academia en alguna disciplina musical, siendo habitual que intervinieran en estos programas y obteniendo grandes elogios por parte del público. Así lo reflejaba la prensa local de la época, que prestaba a estos acontecimientos culturales un interés muy especial en sus crónicas. Con el trágico fallecimiento de uno de estos músicos militares en agosto de 1884, Ramón Rovira y Delgado, no sólo la música del Segundo Regimiento de Artillería quedaba huérfana, sino y por ende, parte de estos programas musicales referidos y algunos de los populares conciertos bandísticos que normalmente se celebraban en Mina y Alameda. Meses más tarde, concretamente el 1 de abril de 1885, llegaba a la ciudad como Músico Mayor a suplir el hueco dejado en la parcela musical de este Regimiento Enrique Broca y Rodríguez; acreditado violinista, profesor de la Sociedad de Conciertos y primer premio del Conservatorio de Madrid en armonía y composición, dicho músico ganaba plaza años atrás en un reñido concurso de oposición al mismísimo Ramón Roig Torné. El apellido Broca era sinónimo de toda una afamada saga familiar dedicada a la música. En 1888, y por haberse disuelto la Música de este regimiento, parte hacia Ceuta en situación de reemplazo, volviendo nuevamente a la ciudad un año después como Músico Mayor del Regimiento de Infantería Pavía nº50, que luego pasara a denominarse nº48. Podemos ver reflejado parte de su trabajo para bandas con tan sólo consultar la hemeroteca de este mismo periódico en los años de guarnición del músico en la ciudad. En los mismos, se nos muestran con detalle decenas de programas de conciertos ejecutados en las plazas de nuestra ciudad dirigiendo a su Música. Entre las composiciones de su cosecha que eran interpretadas, destacamos la fantasía militar Los Tercios de Flandes, su Homenaje a Pamplona (ciudad de destino antes de la llegada a Cádiz), su Colección de Sevillanas o los pasodobles que tenía dedicados a cada uno de los meses del año. Pero existe una importantísima etapa, que compartiría con su vida como militar, muy poco divulgada y que sin duda nos da clara muestra de su valía incuestionable como profesor músico. Entre los años 1893 y hasta su muerte el 18 de junio de 1900, ocupa el puesto de director de la prestigiosa Academia de Santa Cecilia, sustituyendo en el cargo a Alejandro Odero y Menéndez. En este periodo formaría en las técnicas de armonía y contrapunto al que años más tarde se consideraría uno de los más grandes maestros de la música, Manuel de Falla y Matheu. También dejó patente de especial manera con su banda su motivación e inspiración religiosa. Así, Diario de Cádiz se hace eco en la Semana Santa de 1898 de la que sería primera interpretación de la marcha ¡Piedad! en Cádiz tras el crucificado de Santiago, un año después de la muerte de su autor, Eduardo López Juarranz. El director mandó repetir en su honor la composición hasta en cinco ocasiones durante el tránsito procesional. Al año siguiente realizó la instrumentación para banda de la marcha ¡Una Lágrima!, también de Juarranz, que sonó de igual forma en el referido cortejo. Y sobre la pieza para orquesta que localizamos en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz y que mañana podremos escuchar en el concierto organizado por la cofradía de Sanidad e instrumentada para banda por el maestro Pulido, pocos datos podemos añadir. Esta Marcha Fúnebre bien podría tratarse de su composición póstuma, aunque no hay datos que lo certifiquen. La única fuente hallada, y que es síntoma inequívoco de la calidad de la marcha, nos remonta a un 19 de septiembre del 1907. En el Teatro Principal gaditano, se celebraba una Velada Literaria en memoria de Eduardo Benot. Durante la misma y en el apartado musical, se interpretaban dos únicas piezas por la orquesta de la Sociedad de Conciertos: ¡Piedad! de Juarranz y la Marcha Fúnebre del maestro Broca. De ese solemne e importante acontecimiento ya se cumplen más de cien años

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios